Las posibilidades del odio

El escritor como lector –digresiones-

El pasado martes tuve oportunidad de participar en una charla con motivo del Día Nacional del Libro. Siempre será un placer compartir la mesa con escritores como Daniel Fragoso e Illallalí Hernández. Tampoco pude evitar exhibir la emoción de recibir a un músico de leyenda como lo es Francisco Barrios, “El mastuerzo”, quien se dio tiempo para tocar un par de rolas inspiradas en obras literarias (vaya manera de hacer humor a costa de Octavio Paz).

Casi siempre que participo en este tipo de eventos suelo pertrecharme en un texto preparado con antelación. Me disgustan las sesiones en las que no se dice nada y los participantes improvisan azarosamente, pero alguien tan irreverente como “El mastuerzo” nos movía a que el panel no fuera tan solemne. Era una ocasión propicia para la digresión, esa gozosa práctica de la deriva entre ideas.

Y pues se tiene que decir que el libro ciertamente no atraviesa por su mejor momento; sólo por eso se entiende que existan varios días para celebrarlo. La industria lo convierte en un objeto costoso al que no muchos pueden tener acceso. ¿Comer o leer, he aquí la cuestión? Coincido con Fragoso cuando dice que hoy día es cuando más se lee. Ante el predominio de computadoras y teléfonos inteligentes, por supuesto que así ocurre. Pero no se imponen los libros ni los periódicos, la cantidad de ejemplares de Tvynovelas y Telenotas es abrumadora. La mayoría de sus compradores buscan solazarse con este tipo de antídotos para la inteligencia. Pura carne de cañón ofertada por las televisoras.

Para nadie es un secreto que el gremio de escritores constituye una minoría. Es difícil precisar los diferentes motivos por los que una persona puede ser atraída primero por la lectura y posteriormente por el ejercicio escritural. De bote pronto, prefiero decantarme por el placer que las horas de lectura aportan a la vida personal. Además de que leer lanza diferentes interrogantes que nos permiten dudar de casi todo y tratar de especular con posibles respuestas.Ilallalí subrayó la importancia de que cada lector se plantee preguntas. Luego ya vendrá el momento íntimo en que cada persona se proponga escribir algo.

Han transcurrido algunos días y encuentro una frase de Enrique Vila Matas que alimenta la digresión en este sentido. El catalán está promocionando Fuera de aquí, un libro de conversaciones con su traductor al francés, y se da tiempo para apuntar: “No voy a excusarme ante nadie a estas alturas, pero literatura y vida van unidas, no están apartadas la una de la otra”.

El rumbo de la conversación de aquella tarde nos llevó a polemizar acerca de si los temas se encuentran agotados y subrayar que lo importante en realidad es la manera en que cada escritor cuenta las cosas y les da forma. Es decir, está por encima el “cómo” antes del “qué”. En ese sentido no está de más traer a colación otro de los apuntes de Vila Matas retomando a Nabokov: “la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo”.

Lo que no hicimos fue profundizar en el asunto del libro electrónico y si es que llegará a sustituir al formato físico. Pero ocurre que el jueves se da a conocer que el Premio Nacional de Letras en España se otorga al tremendo escritor Luis Goytisolo y no tarda una avalancha de medios sobre el autor de Antagonía. Ha tenido que opinar sobre diversos temas, incluida la revolución tecnológica por la que atravesamos: “El Internet y la tecnología marcan una época tan importante como lo fue el nacimiento de la imprenta… El futuro es muy difícil de imaginar, como fue difícil imaginar en el siglo XV lo que iba a significar la imprenta. El libro impreso se convertirá en un objeto de coleccionismo, algo así como un vino de reserva para sibaritas –pero-la literatura es como la energía, ni nace ni muere, solo se transforma”.

Así que tendremos tiempo para seguir solazándonos en el placer de la lectura. De otro modo no nos concentraríamos tanto en esta solitaria actividad. No cabe duda que aquellos que escribimos preferimos contradecir a García Márquez y no “vivir para contarla” sino “vivir para leerla”. La existencia como un gran texto que merece toda nuestra atención.

En estos días me alegra el Premio Herralde para Álvaro Enrigue, el nuevo libro de ensayos de Guillermo Fadanelli, la llegada de la novela de Sergio González Rodríguez, el reconocimiento a Goytisolo. Celebramos también los 100 años de la aparición de En busca del tiempo perdido de Proust (me da gusto saber que la autoeditó, pues fue rechazada por las editoriales). Quedando tanto por leer, dedicar un Día Nacional al libro queda sólo como una bonita anécdota. Leamos todos los días. Siempre.

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