Las posibilidades del odio

La derrota de la música ante Donald Trump

El resultado ahí está –inesperado o no-. No puedo recordar sino con nostalgia que me parecía muy pertinente el video que colgó Neil Young en su página de Facebook en el que se le veía, a mitad de un concierto, hacer una pausa para soltar un merecidísimo: “Fuck You, Donald Trump”. El magnate  usaba  “Rockin’ in The Free World” en sus mitines y el canadiense no estaba de acuerdo y hubo pleito. Otros tantos músicos –como Bruce Springsteen- también retiraron sus canciones.

Luego vendrían temas de Eminen, protestas de Lady Gaga (plantada afuera de  la Trump Tower con un cartel que decía: “Quiero vivir en un país de amabilidad. El amor triunfa sobre el odio”) y múltiples expresiones en Twitter de muy diversos artistas de toda índole y estirpe. Con el sentido del humor que no le falta, Chuck D. de Public Enemy, publicó la página del servicio de inmigración canadiense (que a la postre colapsó por la saturación de tráfico). Por su parte, Rage Against the Machine, recordaban su tristemente célebre y profético tema “Sleep Now In the Fire” y competían con Los Simpsons a la hora de tan funestos vaticinios.

Pero el flujo de contenidos expresando molestia y pesar no sólo proviene del ámbito del rock más combativo y el hip hop con conciencia; resalta la cantidad de mensajes que una emperatriz del pop como Katy Perry ha colocado en sus redes y entre los que se cuentan: “Lucha por tus derechos. No seremos nunca silenciados, o No te quedes sentado. No llores. MUÉVETE. No somos una nación que se deje guiar por el odio”.

Y podríamos seguir… pasando incluso por la ironía de Mick Jagger, ante la posibilidad de que contraten a Los Rolling Stones para que toquen durante la toma de posesión “You Can’t Always Get What You Want”, tema que se usó hasta en el momento de celebrar el triunfo oficialmente. A fin de cuentas, el inglés deja entrever que “chamba es chamba”, pero es mucho más importante prestar atención a un proyecto como 30 Days, 30 Songs, que pintaba de maravilla, pero que no logró impactar al proceso electoral de una manera importante.

Tal iniciativa procedía mayormente del mundo del indie rock y contemplaba editar una canción diaria durante 30 días previos a la elección y cada composición manifestaría la oposición al arribo al poder del magnate. Así fue como aparecieron novedades de gente como Death Cab for Cutie, R.E.M., Aimee Mann, Thao Ngunyen, My Morning Jackets y su cantante, Jim James, entre otros.

Por ejemplo, Ben Gibbard, vocalista de Death Cab for Cutie, contó que su rola “Million Dollar Loan” –con la que arrancó la cruzada- es una burla ante lo que contó Donald, sobre que todo lo logró partiendo de un préstamo de un millón de dólares que le hizo su padre; existen muchos argumentos para señalar que es una flagrante mentira.

Con ello podemos concluir que gran parte de gente del arte y la música se alineaba en primera instancia en oposición al millonario y no tanto se pronunciaban como demócratas o seguidores de Hillary –muchos apoyaron a Bernie Sanders-. En diferentes momentos y frentes, los artistas externaron sus opiniones y plantaron batalla. Hoy día sabemos que sirvió de muy poco.

En el meollo de esta entrega semanal se encuentra el señalamiento de la manera en que los artistas han ido decayendo en su función de ser interlocutores entre la sociedad (sus seguidores en específico) y el ala progresista y libertaria de las ideas. El arte falló tratando de hacer contrapeso a los totalitarismos y los fanáticos radicales.

Si nos atuviéramos a los viejos esquemas tendríamos en claro que un grupo de death metal alcanzaría menos penetración que un ídolo juvenil de masas como Milley Cyrus (que hasta se retrató llorando por el resultado y amenaza con cambiarse de país), pero resulta que ni la chiquilla “llena estadios” ni un singer songwriter aclamado en el ámbito universitario logran trascender e influir en la intención de voto del electorado norteamericano. ¿Pues que escuchará esa gran cantidad de gente blanca, conservadora, racista, xenófoba e intolerante que votó a Trump? ¿La música perdió carga y función política? ¿Los electores deslindan los contenidos de entretenimiento con los mensajes estrictamente políticos? ¿Por qué estas figuras reverenciadas por millones no consiguen determinar el modo de sufragar? ¿Será que el arte ha perdido esa combatividad y se queda en un pasatiempo light y ya no influye en los modos de vida? ¿Ética y estética dejaron de ser inherentes a las expresiones artísticas? ¿En México funciona distinto con gente como Juan Gabriel, Julión, Andre Legarreta, “El temoc” y otros tantos haciendo proselitismo a sueldo?

Un acontecimiento de tal naturaleza, proporciones y consecuencias es normal que siembre interrogantes; en modo alguno se interpreta fácilmente. Las preguntas se me agolpaban, cuando encontré una entrevista con el eminente escritor italiano Claudio Magris, que el diario ABC de España cabeceó con una sentencia implacable: “La cultura también es responsable de la existencia del populismo”.

Inés Martín Rodrigo tuvo oportunidad de entrevistarlo tras las votaciones, la mañana en que recibía el premio Francisco Cerecedo de periodismo, con el que se reconoce “su defensa de las libertades democráticas”, por lo que preguntó: ¿Y no cree que este nuevo escenario mundial, con Donald Trump como protagonista, representa el fracaso de la intelectualidad, de la cultura, y el triunfo de las políticas populistas?

Mucho ayudó la respuesta para zanjar mis dudas: “Sí, sí, pero no deberíamos olvidar que cierta cultura también es responsable de esos populismos. Nosotros hemos descuidado mucho los agresivos miedos, en parte reales y en parte inventados, de mucha gente; y esa gente es fácilmente manipulable por estos nuevos líderes, absolutamente antidemocráticos. El éxito de Donald Trump se basa en haber tenido en cuenta a esas grandes masas que hemos abandonado. Las políticas del partido demócrata y de una gran parte del republicano han descuidado a una gran parte de los estadounidenses. Hay una frase brillante, maravillosa, de Karl Marx, que dice: “Los oprimidos piensan muy mal”. Es una de las razones principales que debería llevarnos a liberar a los oprimidos. Incluso los grupos progresistas y la clase política los han olvidado, de diferentes modos y en diferentes países, los han ignorado, manteniéndose firmes en la creencia de que nunca perderían el control”.

Así las cosas; hasta el actor de cine Chris Evans –que interpreta al Capitán América- cerró la fecha terrible sin esperanza alguna vía Twitter: “Esta es una noche vergonzosa para Estados Unidos. Hemos dejado que un difusor del odio conduzca a nuestra gran nación. Hemos dejado que un matón establezca nuestro curso. Estoy devastado”.

En el 2016 el arte y la cultura ya no pesan como antaño; la barbarie se adapta al Siglo XXI.

circozonico@hotmail.com