Las posibilidades del odio

A la defensa del peatón

Para conocer de verdad una ciudad hay que intentar caminarla lo más posible. Eso lo afirman los conocedores y me parece absolutamente cierto y valido. La  experiencia de recorrer calles y barrios sin una idea preconcebida es fascinante. Tiempo después de ponerla en práctica en lugares como la Ciudad de México y París, me di cuenta de que existían pensadores que ya habían exaltado tal práctica.

Me quedo con la idea de que el primero que lo expuso formalmente fue Walter Benjamín para posteriormente cederle la estafeta a Guy Debord y el resto de los situacionistas que impulsaron la idea de la deriva, un concepto  que parte del francés dérive, que significa tomar una caminata sin objetivo específico en un ámbito urbano.

Para Debord y Georges Perec la ciudad es un elemento esencial que modificó de modo radical las formas de ver y sentir la vida urbana. De tales prácticas llegaron también al concepto de Psicogeografía. La caminata como una fuente inagotable de conocimiento.

Es cierto la situaciones urbanas son múltiples y atractivas, pueden estimular nuestra sensibilidad, pero lamentablemente en los tiempos que corren se trata de una actividad muy riesgosa debido a la mentalidad colectiva imperante.

Vivimos en el equívoco de que lo más importante son los automovilistas; muchos de ellos tienen una actitud soberbia y se sienten seres superiores imponiendo su ley. Tristemente, las autoridades se lo solapan y hasta lo privilegian.

En un lado salvaje y desmesurado se colocan los conductores de autobuses urbanos, colectivos y taxis. Se sienten una tribu suelta por las ciudades que no debe ceñirse a reglas y normas. Muchos de ellos carecen de reglas básicas de educación y se dedican a fomentar el caos. Tienen la noción de ser una minoría que siempre puede salir inmune de los desastres que provocan. Nadie los frena y viven gozando de la complicidad y corrupción de las autoridades.

Como viene siendo usual, lo último es el peatón. A los encargados del desarrollo urbano lo que menos les interesa es la gente de a píe. Su limitada visión se concentra en propiciar más vías para la circulación automotriz. Su apuesta se basa en las masas y jamás en los individuos.

A las señoras de camioneta se les debe hacer algo horrible tener que caminar un breve trayecto; a los señores atrabancados e irascibles –siempre con prisa- les debe resultar nefasto dar algunos pasos. Ellos –o sus choferes- tienen que poder llegar hasta la puerta de su destino.

¿Y el peatón? En una indefensión total. Todo indica que lo quieren considerar un grupo inexistente. Cierto, ya empiezan a darse avances en cuanto al uso de la bicicleta y allí está la entelequia de un nuevo sistema de transporte público  del que muchos tienen enormes dudas (en su momento veremos cómo funciona; ya ampliaron el plazo para su habilitación).

Es por ello que debemos celebrar que en Pachuca se dé un primer Congreso Nacional de Peatones, entre los días 16, 17 y 18 de mayo. Lo que me interesa remarcar es que se trata de una iniciativa ciudadana y no una idea surgida de institución alguna.

Ellos plantean que surge de la inquietud de distintos colectivos interesados en generar un cambio en la manera en que nuestras ciudades se han desarrollado en los últimos años. La infraestructura urbana está centrada en el uso del automóvil como medio de transporte, dejando a un lado a otros usuarios del espacio: las personas.

Se trata de un importante esfuerzo de la Liga Peatonal (que tiene en Danna Corres a una de sus principales activistas) en pos de un debate propositivo alrededor de los derechos e infraestructura peatonales en distintas ciudades de México.

Será interesante analizar cómo funciona la emblemática calle de Guerrero como peatonal por una horas; un ejercicio visto con buenos ojos por los comerciantes de la zona. Esta acción sumada a las charlas y ponencias sobre movilidad serán en más de un sentido un primer paso importante.

Hagamos votos para que logren un pliego con propuestas puntuales para la ciudad y que sea posible en un futuro cercano imaginar ciudades más humanas. Ojalá y se entienda que el peatón es el  actor central del espacio público y tiene que garantizarse sus derechos. Más espacio para la gente y menos para las máquinas automotrices.

 

circozonico@hotmail.com