Las posibilidades del odio

"Las chicas": el perverso clan Manson visto desde la inocencia

En fotografía más famosa del fracasado gurú y psicópata norteamericano se aprecia a un tipo de cabello largo y desaliñado, barba crespa. Podría ser que pasará por un delincuente común, pero la mirada lo negaba rotundamente. Se le nota la paranoia, el instinto criminal y sanguinario y la falta de escrúpulos. Hasta el momento permanece encarcelado y purgando cadena perpetua; estudió derecho para llevar su autodefensa.

Ahora su página de Wikipedia lo muestra a los 81 años convertido en un auténtico neonazi; cabello rapado de los lados, barba de candado larguísima y canosa y un tatuaje de un pequeña esvástica en medio de los ojos –hecha torpemente-. Nadie en su sano juicio debería sopesar siquiera la posibilidad de dejarlo libre. Lo más lógico es pensar que saldría de nuevo a tramar asesinatos; el fuego al interior de los ojos permanece intacto o tal vez sublimado por los años de encierro.

Ni antes ni durante su sentencia consiguió que sus canciones cobraran relevancia. Ya en cárcel ha logrado seducir a unos cuántos incautos, pero mientras estuvo libre su encanto se concentró en un personalidad New Age apoyada en los desplantes de un supuesto iluminado. Los adolescentes que vivieron el estallido hippie ansiaban encontrar algo en qué creer antes la debilidad de sus valores existenciales, éticos y religiosos. Nunca faltarán náufragos ansiosos de encontrar un trozo de madera podrida al cual asirse.

Este preámbulo es importante para contextualizar a un tipo que fue el autor intelectual del asesinato de un puñado de personas, entre la que se encontraba la hermosa y célebre actriz Sharon Tate y su pequeño hijo.  Charles Manson envió a un puñado de sus seguidores en busca de venganza en contra de un músico famoso que había prometido ayudarle a concretar un contrato discográfico. Entre los miembros de La familia destacaban mujeres encantadoras cuyo semblante hacía pensar que no eran capaces de matar a una mosca. Pero el fanatismo extremo y el consumo prolongado de drogas duras pueden torcer a cualquiera.

Las cosas no suelen ser tal como las magnifican los medios de comunicación amarillistas. Y en los Estados Unidos existe un enorme aparato sensacionalista que se alimenta de todo tipo de magnicidios y atrocidades –aquella masacre les vino de perlas-.  A la mezcla le agregaron satanismo, brujería, orgías y otros excesos suculentos. Todo parecía un culto complejísimo atascado de maldad y perversión. Y aunque algo de ello había, también existieron personajes que lo vivieron de una manera muy distinta.

Precisamente ello es lo que oferta la magnífica primera novela de una escritora norteamericana nacida apenas en 1989. Emma Cline se propuso reconstruir la personalidad de una adolescente que dentro del clan no llevaba un papel protagónico sino que cayó seducida por el encanto romántico de una vida en comuna y la supuesta armonía, fraternidad y amor universal. Evie Boyd es un personaje secundario en el entramado del clan Manson; apenas una víctima de las circunstancias que la libró por un arranque incomprensible de parte de una de las emisarias principales.

Donde la mayoría habría supuesto que rebozaría de sensacionalismo y aspectos tremendistas de una tribu a la que se le atribuían comportamientos excéntricos, la autora –muy bien preparada por el enorme Richard Ford- se concentra en un vasto costumbrismo de la clase media californiana. La historia se mueve en torno a Evie y su entorno familiar disuelto. Sus progenitores se divorcian; su padre se va a vivir con su joven secretaria; su madre se la pasa tratando de rehacer su vida y encontrar un nuevo amor. La adolescente se encuentra extraviada y a punto de entrar en un internado.

Apenas tiene una seudo amiga, su vida sexual es nula y como no es muy agraciada físicamente ni siquiera puede ligar. La parte social de su persona es casi nula, así que cuando, por casualidad, se topa con una de las guapas mujeres que viajan en el autobús del Clan pues queda enganchada muy fácilmente. Aquel exabrupto hippie prometía muchísimas emociones y momentos de ilusión y libertad a partes iguales.

Evie se desenvolvía en el sopor de la burguesía, entre una madre que jamás trabajó y gastaba una herencia venida de Hollywood. Un padre que se mantenía soñando con hacer grandes negocios que nunca cuajaban. Ni duda cabe que el aburrimiento conduce a la desesperación y al deseo de escapar a la primera ocasión. No olvidemos que California en el verano de 1969 seguía siendo un hervidero cultural, que lamentablemente tuvo al menos un par de acontecimientos terribles que aplastaron la utopía. Por un lado, el mediático crimen mansoniano y por otro el funesto Festival de Altamont y su muchedumbre descontrolada. La muerte suele aparecer para marcar la conclusión brutal de las cosas.

Cline logró concebir a un personaje congruente y verosímil lleno de una inocencia juvenil y enormes ansias de despertar al mundo. Determinó contar la historia desde muchísimos años después de los hechos y ya con la perspectiva de una mujer madura a la que se le terminó agriando la existencia pese a su papel casi circunstancial. En un instante todo se puede torcer irremisiblemente.

Es así como Las chicas” se ha convertido en uno de los sucesos editoriales más importantes de lo que va del año. No cabe duda que ese negro cerrojazo de la Neblina morada psicodélica sigue atrayendo poderosamente a la comunidad internacional de lectores. No parece un dato menor que los derechos de traducción de la obra fueron llevados a la Feria de Frankfurt en 2014 y vendidos a 35 países; ahora leemos la versión en español a cargo de Anagrama y se dice que un productor prepara el proyecto cinematográfico.

Por si todavía hiciera falta alguna recomendación adicional, resulta muy apropiado el apunte de la revista “Woman”: “Con apenas 27 años, Emma Cline ha logrado que todos hablen de su novela, inspirada en Charles Manson y la contracultura hippy de los 60. Tú también le rendirás culto. El famoso psicópata inspiró su novela, pero lo genial es que no se centró en él sino en sus devotas… ¿cómo esas jóvenes, aparentemente “normales” fueron capaces de seguirle ciegamente y cometer semejantes atrocidades por él?”.

“Las chicas” es pues un libro que da una vuelta de tuerca a la historia oficial de un episodio sórdido de la contracultura norteamericana. Cierto, existieron seres delirantes, pero también había toda una generación de jóvenes llenos de buena fe y que al final salieron raspados y con grandes heridas en el alma.

circozonico@hotmail.com