Las posibilidades del odio

Un candente Enero musical

Se trataba de un secreto a voces; ya se venía especulando desde los primeros días de diciembre cuando a muchos les entran las ansias y las apuraciones por conformar los recuentos a propósito de los mejores discos del año que se va –aun cuando todavía falte un mes-. Así las cosas, la nostalgia y la memoria de corto plazo suelen ser traicioneras y atribuirles valores que no tienen a ciertas obras discográficas. Todos en general tendemos a sobrevalorar aquello que nos han mantenido emocionados y excitados durante los últimos meses –así también ocurre con los asuntos amorosos-.

Es difícil aquilatar algo en su justa medida cuando todavía no existe la distancia cronológica suficiente. A la larga, las obras artistícas van colocándose en su sitio correspondiente. Valga lo anterior para apuntar que el 2014 no fue un año especialmente virtuoso en cuanto a música se refiere. Hoy más que nunca se editan discos –físicos y digitales-, la cantidad es abrumadora y por ello cuesta más ponderar los hallazgos, además de lo abrumadores que resultan los grandes nombres que emanan del mainstream.

Cierto, no faltaron los discos memorables; no escaseó el material de donde cortar, pero tampoco es que 2014 sea un año al que recordaremos por álbumes que sean entendidos y apreciados como obras maestras en estado puro. A la postre, no queda sino esperar, pero si es posible señalar que comparativamente hablando este lustroso 2015 comenzó a todo tren y entregándonos un conjunto de discos que de inmediato serán contendientes para las listas de gala del porvenir.

En primer lugar, y habiéndose filtrado desde mucho tiempo antes en la internet, tenemos que mencionar al “Panda Bear Meets The Grim Reaper”, en el que Noah Lennox  se muestra como el más prolífico de los miembros de Animal Collective  y un músico de enorme capacidad para imaginar al pop del futuro desde el presente. Sus canciones acumulan capas, son sinuosas y brumosas, aun en sus momentos más asequibles. Siempre consigue ser enigmático –eso es lo que hace que nos interesemos en él- y en su tercer disco solista tampoco hay excepción.

Aquí cierra una trilogía que incluye su traslado a Lisboa y, más notoriamente, el proceso de asimilación de la muerte de su padre. Conserva esa vocación por tornar psicodélico todo lo que toca y cambiar de estado de ánimo abruptamente en un mismo disco. De hecho, aquí comienza con su parte más luminosa y se va enrareciendo conforme transcurren los minutos. “Mr. Noah” tal vez sea lo más parecido a un éxito radiofónico que haya concebido.

El otro golpe contundente lo han dado los británicos de Belle and Sebastian con “Girls In Peacetime Want To Dance”. Más de 4 años tardaron en regresar con material nuevo y han dado en el clavo con un disco mucho más tendiente al baile y al lado feliz de la existencia. “Enter Sylvia Plath” es una canción maravillosa y plena; acerca de ella si podemos adelantar –sin temor a equivocarnos- que está destinada a ser una pieza que brille a lo largo de estos 12 meses. Quizá quieran colgarme, pero hay que apuntar que B&S han escuchado bien a Arcade Fire durante los meses pasados.

Stuart Murdoch y compañía se soltaron el pelo en su noveno trabajo de estudio y demostraron que los nerds también fiestean –incluso si los acompaña una orquesta-. Han ampliado sus registros estilísticos y ello es motivo de elogio viniendo de una banda con tan ilustre e influyente trayectoria.

Pero luego vendría otro nodo fuerte para polemizar. La voracidad de la web es inmensa. “Vulnicura” de Bjork se filtró dos meses antes de lo programado para su edición física, y a la islandesa no le quedó de otra que adelantar su lanzamiento digital. Esta bella mujer tiene seguidores apasionados al igual que detractores feroces. La sensación general es que se ha estancado y aquí suena demasiado conservadora. La dimensión de la artista merece que en su momento se revise a detalle su más reciente hechura –siempre trascendente-.

Pero la verdadera sorpresa vino con el “No cities to love”, que representa el casi inesperado regreso de Sleater-Kinney, uno de los estandartes del punk devenido en su momento un poco al indie. De un guitarrazo borran cualquier duda sobre el tema apestoso de los reencuentros. Ellas retornan arrasando con 10 canciones y 32 minutos de energía pura. Siempre lucidamente combativas y femeninas, a las de Corin Tucker se les da excelente rockear con fiereza y con muchísima lucidez intelectual.

Se trata de discos tan de hondo calado que en modo alguno resultan pocos; nos mantendrán alegando durante buen rato, pero no son los únicos. También tenemos que la industria pretende encumbrar a Mark Ronson –ese dandy funk- con su “Uptown Special”. En contraste, la psicodelia sucia y el space rock alucinado de parte de Moon Duo en “Shadow of the sun” (el underground grita). Aunado a ello, Caribou decide editar un Ep de 3 temas en directo que son suficientes para acaparar la atención en torno a un proyecto que comanda la electrónica más chispeante del momento. En “CVE live 2011” reúne a amigos músicos destacados entre los que se encuentra el brillante Four Tet.

 

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