Las posibilidades del odio

Acid Arab: música, política e Islam

En la implacable y profunda novela Vernon Bubutex 1, aparece el personaje de una joven que es hija de un catedrático universitario, que a su vez es hijo de inmigrantes musulmanes que llegaron desde África del norte –el Magreb- para asentarse en Francia. El profesor ha educado a su heredera de un modo liberal pero fomentando y respetando sus orígenes.

En un momento dado de su formación universitaria, la joven decide comenzar a utilizar el velo que impone la religión. El padre tiene que recurrir al espionaje indirecto para saber si es que de verdad la estudiante se identifica con el extremismo terrorista que propugna el Estado Islámico. La chica entrará en una severa crisis existencial al enterarse que su madre, quien dejó a la familia muchos años atrás, terminó dedicándose a la industria profesional del porno. El conflicto religioso gira en torno a no encontrar una razón para que su padre no hubiera matado a su madre al enterarse, tal y como hubiera aplicado, según los principios más ortodoxos; lo que es más, lo considera un hombre cobarde.

La novela de Virginie Despentes es un mosaico perfecto y complejo que refleja la naturaleza de la Francia de hoy, en la que no sólo permea el fundamentalismo árabe sino que también está sacudida por la extrema derecha y la xenofobia. La galería de perfiles e ideologías es amplia y va de la practicidad del liberalismo a la subsistencia de un pensamiento monárquico y anacrónico.

No en vano otro provocador, Michel Houellebecq, en Sumisión narra el momento en que el país es gobernado por un presidente musulmán y militante religioso. Francia enfrentando lo que para muchos sería una distopía. A fin de cuentas, en el futuro podría existir tal posibilidad. Hoy más que nunca sabemos que cualquier pesadilla se puede cumplir.

Pero recordemos también que dicha potencia europea posee un pasado colonialista y su presencia en África todavía implica importantes resabios políticos y sociales; dejó una cicatriz que todavía no cierra. Francia tiene que asumir que resta mucho para que el problema de las llamadas minorías se resuelva. Es un hecho que los hijos de migrantes -y que ya nacieron en el país- tienen derechos constitucionales y no encuentran las mismas opciones para desarrollarse. Sigue existiendo una discriminación en el aspecto laboral y de integración social real; existen mucho rencor e ira acumulados en todos esos jóvenes que viven en la periferia tanto de la capital como de las otras grandes ciudades (Los terroristas de París vivían en St. Denis, donde se localiza el estadio nacional).

Es por ello que titular a un disco Musique de France, siendo que es una combinación de electrónica con música árabe, es una loable provocación que le inyecta un importante sentido político al disco debut de Guido Minsky y Hervé Carvalho, la pareja de músicos residente en París que han elegido el nombre de Acid Arab.

Para ello han trabajado en el estudio con Sex Schön, quien es su habitual colaborador; juntos fueron construyendo las bases a las que habrían de yuxtaponer las partes árabes que no sólo proceden del Magreb sino que fluyen de una búsqueda más amplia dentro de la tradición de países como Líbano, Turquía y la India. La cultura árabe se halla extendida más allá de un solo continente y posee diversos sesgos regionales que le aportan diversidad y distinción. Pudieron de esta manera elegir las partes que mejor se adaptaran a cada una de las composiciones, dado que van desde piezas con la energía y velocidad al estilo de The Chemical Brothers hasta pasajes más densos y crepitantes.

Hervé tiene muy en claro la naturaleza de su incursión: “El álbum es más una declaración de intenciones que un panfleto propagandístico. Existe una parte de nuestra cultura que aún suena exótica para muchos franceses, pero que también es nuestra y que  disfrutar y jugar con ella. La historia de nuestro país se escribe también a través de las historias de miles de inmigrantes argelinos, tunecinos, marroquíes… Es nuestra historia. La gente que ha participado en el álbum la hemos encontrado en París. También hemos contactado con gente de fuera a través de internet pero es un disco que también podríamos haber grabado hace veinte años porque París es punto de encuentro de muchas culturas”.

Para consolidar el disco se tomó la decisión de contar con un ilustre cuerpo de colaboradores, que también forman parte de la más exquisita y avanzada música árabe contemporánea; ello conseguiría inyectarle mayor fuerza al proyecto y darle penetración entre el público.

Y no son pocas las colaboraciones ilustres en la decena de tracks que conforman Musique de France; comenzando por la superestrella del rai-rock que es Rachid Taha, un espléndido cantante cuya presencia es todo menos minoritaria, tanto en Argelia como en Francia convoca multitudes. “Houria” es toda una andanada exuberante que no debería de requerir pasaporte a la hora de inyectar en el cuerpo una energía motriz incontenible.

Sobresale también la participación de Rizan Said, el orfebre sonoro que se encarga de los teclados de Omar Souleyman, el cantante sirio que se ha convertido en un personaje global; en “Le disco” aporta sus conocimiento del dakbe, un baile festivo y popular en Medio Oriente. Y  luego viene otro argelino; Sofiane Saidi, que es considerado el inventor del “oriental glam” y aquí lo pone al servicio de “La Hafla”.

Acid Arab han aprovechado la vasta experiencia de un sello discográfico, como el belga Crammed Discs, que se caracteriza por promover música poco clasificable procedente de muchas latitudes del planeta; ellos han ido ofreciendo contenidos muy distintos a los provienen de lo anglosajón. Así que Musique de France no ofrece tregua; ni siquiera al momento de cerrar, pues en “Tamuzica”, en la que interviene Jawad El Garrouge cierran en lo más alto.

Se trata pues de un disco destinado para la fiesta que sorprende por ese sesgo político; apenas crear un buen concepto para nombrarlo pudo provocar un alud de opiniones y darle mayor notoriedad. Con todo, esta mezcla de música árabe y electrónica es atractiva y exuberante (que en directo se presenta a través de un cuarteto).

Es así que el arte bien puede conservar lo que tiene de gozoso y a la vez contribuir a la búsqueda de la integración social y la convivencia interracial y religiosa. Mucho habremos de sorprendernos por lo que ocurrirá en Francia en el futuro cercano. La música ya lo está anticipando –aquí y ahora-.

circozonico@hotmail.com