Las posibilidades del odio

"Zig-Zag", las lecturas para fumar de Rogelio Garza

Nadie puede escamotear el lugar que alcanzó “La Mosca en la pared” dentro del panorama de revistas musicales y enfocadas al rock (durante alrededor de dos décadas); aunque habría que decir que más bien se trataba de una revista cultural en un amplio sentido debido la amplia temática que abarcaba. Se trató de una publicación incómoda para muchos, comprometida con el ejercicio de la crítica y en muchos sentidos reflejaba la radicalidad de su director, el periodista Hugo García Michel (columnista de Milenio).

En las páginas de “La Mosca” (que se fue y regresó varias veces) coincidí durante años con Rogelio Garza, una de las plumas más afiladas y analíticas del medio nacional. Apostaba con todo por el underground y lo revisaba minuciosamente para exhibir sus fortalezas y debilidades. A través de los años ha mantenido independencia total de pensamiento y acción; no ha pactado con la industria y en cada uno de sus textos está dispuesto a librar una férrea batalla desde la trinchera del inconformismo más lúcido.

El autor de “Las bicicletas y sus dueños” es también un viajero consumado, un explorador de geografías exteriores e interiores y un documentalista de la experiencia de la sensibilidad expandida, entre otras muchas facetas. Su siguiente libro, “Zig-Zag (lecturas para fumar)”, que editó bajo su propio sello (Rueda Libre) es todo un manual para asomarse a esa parte indomesticada del rock y la cultura; se trata de una compilación de sus crónicas aparecidas en aquella mítica revista (con el mismo título) y otras posteriores que aparecieron en Replicante, Marvin y “Milenio Diario” (vaya que hemos compartido espacios y visiones).

Rogelio ha escrito con toda intensidad su manera de entender el mundo, la veneración hacia sus héroes personales y los descubrimientos que trae consigo cada atenta e intensa incursión. Es por ello que la obra reboza de vitalidad e ideas. Nos vimos en la presentación de “Encore, cuentos inspirados en el rock mexicano”. Al fin me hice de un ejemplar; conocía muchos de los textos, pero ahora los leo con una nueva óptica y siguen develando aristas desconocidas, poniendo el dedo en la llaga. Posee un don instintivo para la crónica y pocos como él revitalizan los mejores hallazgos de la literatura de la onda y aquel llamado Nuevo Periodismo.

“Zig-Zag” trajó consigo una larga entrevista; Garza tiene mucho que decir y no queda más que compartirles un fragmento de todo aquello. Les recomiendo dejar correr discos de Ramones y Social Distorsion mientras completan esta lectura.

En México sigue existiendo necesidad de documentar muchas cosas y al respecto del rock y sus derivados todavía más; ¿en algún momento pensaste que la crónica se convertiría en un género que hoy reviste una importancia principalísima en el continente?

Para mí la crónica es el gran viaje del periodismo. Me parece el género más libre y por eso es rockera. Lo que escribo es un zig-zag entre el periodismo y la ficción a partir de hechos. Fui al concierto de Iggy Pop en el Azteca y lo narro tal cual, pero invento la crónica de su estancia con detalles de su personalidad porque hace años leí su biografía, y al final sucede algo fantástico. Digamos que le meto mano a la realidad, la altero, no puedo dejarla pasar así nomás. El cuento de Grateful Dead es una crónica marciana inventada y hay personas que me han preguntado si realmente fui a ese concierto. Luego está la crónica de viaje, que en el libro hay bastantes, algo que le robé a los beats (otro ejemplo de ese under que hoy es moda). Y en Zig-Zag los viajes son físicos y netafísicos. No soy Gonzo, porque hoy está de moda (otro ejemplo de…) y eso lo hizo Thompson en los 60. En todo caso hago periodismo zig-zag.

A través del contacto con tus lectores vía internet y durante las presentaciones, ¿encuentras que todavía subsiste ese apetito por emprender viajes iniciáticos que lleven al paseante a las entrañas de las ciudades y su gente y cultura? ¿La idea del viaje de descubrimiento no se habrá aburguesado un poco?

No estoy muy seguro si esa bonita costumbre de viajar haya perdido las características que mencionas, lo que sí creo es que el turismo ha cambiado por la era digital y por esta tendencia del “turismo de aventura”, que te vas a descubrir un sitio natural con gran comodidad. O de “safari” con tu amex gold en el morral. La inseguridad, la carestía y los medios de transporte también han cambiado la forma de viajar.  Como sea, es de las mejores cosas en la vida, que cada quien viaje como quiera.

Siempre me ha fascinado la manera en qué cuentas tus experiencias con el LSD; ¿Cómo se encuentra su consumo entre las nuevas generaciones? ¿Le atribuyen algún sentido ideológico o se trata de mero hedonismo? Recordemos que también existen los malos viajes.

Reconozco que cada día me cuesta más  entender las modas y los modos de hoy entre los veinte y los treintañeros. Su música, su ropa, su vocabulario, sus costumbres y códigos. Es decir, ya estoy ruco. No tengo hijos ni contacto con adolescentes, salvo cuando visito a mi ahijado de 15. Me gustan las substancias y siempre leo e investigo lo que puedo sobre cada una antes de probar algo. Es un tema que me apasiona y trato de leer todo lo que encuentro al respecto. Con la teoría en la mano izquierda y la práctica en la derecha. No sé si hoy se informen al respecto de lo que se meten, hay muy buenas fuentes e información disponible. Los que dices sobre los malos viajes es cierto, las substancias son para disfrutarlas, no para padecerlas.

 

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