Las posibilidades del odio

Villoro y Stavans: oponerse a la barbarie conversando

La lucidez y profundidad de la conversación entre dos excelentes escritores siempre puede ayudar para tener una mayor amplitud de visión a propósito de los acontecimientos que fustigan a la vida nacional. El ojo en la nuca fue escrito tiempo antes de que viéramos la paupérrima actuación de la Gaviota regañando a todos los mexicanos. Con muchos años viviendo fuera de México, Ilan Stavans apunta: “Me entretiene mucho encender la televisión en la tarde, cuando no tengo que hacer (que es infrecuente), y ver una telenovela mexicana. El argumento, sobre decirlo, no me interesa. Lo que me gusta estudiar es tanto el lenguaje verbal como el facial y el corporal. Somos una cultura que aplaude el melodrama; más que eso, preferimos los sentimientos cuando se desbordan, cuando son desmesurados, cuando están a flor de piel”.

Ya en estos días Denise Dresser nos ha explicado puntualmente la pésima manera en que se manejaron las cosas en el reciente video de “la primera dama”. No sólo las pifias son de ella sino que evidencian el pésimo cuerpo de asesores con el que cuentan.  Como parte de aquel diálogo, Villoro señala que: “la telenovela es el teatro de los sentimientos”. El equipo de la esposa del Presidente quiso partir de tal entendido. A estas alturas, ¿una vez más pretenden engañarnos? ¿De verdad quieren que les creamos?

Stavans y Villoro tocan muchísimos temas; no sólo son escritores muy capaces sino atentos observadores del mundo. Comparten con Borges la idea de que la cultura parte y se sustenta en la conversación; así que ponen por delante sus habilidades como ensayistas para dar una pasada generosa a temas variopintos.

Es así como en el primer apartado, México duele, Ilan escribe a propósito del país: “¿Por qué siento miedo en México? Porque vivo con la impresión de que la violencia está a flor de piel, a punto de estallar, que la impresión de que vivimos una vida civilizada es una alucinación. En un momento cualquiera, las cosas estallan y… ¡cabún!”. La fragilidad del actual estado de las cosas es más que evidente.

En su turno de respuesta, Villoro no vacila en anotar: “No conozco un mexicano que no tenga miedo de su país. Para empezar, la policía te da miedo. Si los que deben solucionar delitos te aterran, ¿cómo no te van aterrar los demás?”.

De entrada, estos pequeños fragmentos nos deberían emocionar tanto que buscáramos hacernos de este libro, editado por Anagrama, pero ya se sabe que en este país la lectura está por los suelos y los realmente interesados tan sólo somos un porcentaje minúsculo –por eso estamos como estamos-.  El ejercicio de la cultura ayuda a hacer frente a la barbarie, pero una y otra vez recabamos instantáneas que nos hacen ver que la suerte está echada y que esta nación no tiene remedio. Villoro resulta lapidario: “la corrupción es el atajo elemental al éxito”.

El autor de “El disparo de argón” y El huésped diserta acerca de las posibles estrategias de sobrevivencia: “Hay dos maneras de repudiar esta realidad, cambiarla por otra o vivir sabiendo que no puedes cambiarla por completo pero que puedes encontrar un nicho a salvo. Tu estrategia de vida ha sido la primera, y requiere de mucha valentía, pues implica un “borrón y cuenta nueva”. Yo trato de ejercer la segunda, en una lucha en la que todos los días me cuesta trabajo saber si avanzo o retrocedo”.

“El ojo en la nuca” me parece deslumbrante y conmovedor; se trata de una lectura aleccionadora. Sus editores presentan al libro con sólidos argumentos: “Quien dialoga se sirve de la inteligencia en forma libre y gratuita; aplaza las certezas, las opiniones definitivas, la voluntad de tener razón, y descubre con asombro ideas propias. A contrapelo de la celeridad contemporánea, Stavans y Villoro se han servido de internet para dialogar dilatadamente, como lo hubieran hecho en un café…”.

Stavans (1961) residente de Nueva Inglaterra en Estados Unidos y Villoro (1956) se ha terminado por asentar aquí; juntos han retomado una forma de arte casi en extinción para explayarse en una amplia gama de asuntos, que van de sus obsesiones y manías a recovecos del ámbito literario, señalando lo que les atrae y repele del entorno en que se mueven.

Cierro esta entrega con una cita de Juan Villoro, cuando en el prólogo conversa sobre el motivo de titular al libro “El ojo en la nuca”: “Escribir, en efecto, es mirar las cosas de otro modo, buscar un tercer ojo para obtener una perspectiva a contrapelo. Al situarlo en la nuca, ocupamos el lugar que suele estar inerme, indefenso. No veo, me parece, un gesto de superioridad sino, por el contrario, un intento de observar las cosas desde el sitio más frágil”.

 

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