Las posibilidades del odio

"Rock Doll", la primera novela de Jessy Bulbo

Pues vaya, que Jessy Bulbo nos sorprende con una novela; muy pocos lo habríamos esperado, estamos acostumbrados a verla sobre un escenario increpando a la gente y estableciendo ese vínculo afectivo de gran complicidad que la ha distinguido durante su carrera. Pero está mujer no se sabe estar quieta y se le ocurren bruscos movimientos que suelen desorientar, por decir lo menos, hasta a sus más fieles seguidores. Arrojo y valentía le sobran.

Apenas en Mayo pasado pude verla apenas a unos metros, ya sin instrumento de cuerdas y dándole con unas baquetas a unos pequeños tambores. ¿En dónde se ha quedado la rockera de garaje? ¿Sigue siendo la salvaje chiquilla punk de sus comienzos? Y resulta que en “Changemonium” –su nuevo disco- las referencias estilísticas nada tienen que ver con su pasado. Ahora hay ritmos latinos, ecos de cumbia sonidera, música de banda y sus metales estentóreos, alguna norteña y electrónica antrera (y hasta una cita a Botellita de Jerez).

El álbum es toda una provocación para los talibanes de la música; algo que les encanta hacer a Toy Selectah y Emilio Acevedo (de María Daniela y su sonido Lasser). ¿Qué está ocurriendo en el rock mexicano? ¿Una de sus divas jóvenes ha cometido alta traición? Pues nada que este brusco viraje es absolutamente Jessy Bulbo. Su amor por la música no conoce de fronteras ni pide pasaporte. Su ánimo transgresor es toda una fiesta y creo que hasta disfruta que los conservadores se arranquen las vestiduras.

Apenas hace unos días se anunció que los Sex Pistols tienen ya su propia tarjeta de crédito;  mientras unos venerados por la vanguardia indie como The Flaming Lips invitan a cantar a Miley Cyrus. ¿Acaso la provocación no implica también cierta intención de combatividad? ¿Sacudir las entrañas de nuestro rock haciendo una música hibrida que procede de lo popular no reviste también cierto aliento punketo?

Mientras leo “Rock Doll”, el debut literario de Jessy –publicado por ediciones B- tengo oportunidad de entrevistar a Rogelio Garza, uno de los periodistas más combativos del panorama nacional y a quien conozco desde antes de que pusiéramos un pie en la revista La mosca, donde compartimos durante años. El autor de “Zig-Zag –lecturas para fumar”- lo tiene bien claro: “Lo que me gusta del rock es que te dé un madrazo, si no te golpea no es rock”

Y es que en cada incursión La Bulbo es 100% sincera, desparpajada, libre y sin imposturas… por eso rockea… por eso su libro es literatura rock. Sin duda, habrá quien busque en la historia de Las juventudes apáticas fragmentos de la vida de la autora y puede que los halle, pero “Rock Doll” no pasa ni se debe entender como una biografía. Se trata de una obra de ficción que ciertamente se alimenta de las vivencias de Jessy, pero que han sido perfectamente transformadas y retocadas para que fluyan con vitalidad propia.

Cierto, Las juventudes apáticas tendrán algunas conexiones con Las ultrasónicas pero no son ellas. Porque al remontarnos a la escena defeña y recorrer los pasos de una banda formada por preparatorianas que buscan abrirse camino hubiera sido imposible y falso saltarse una tocada en El Alicia –ahora en medio de la polémica y la persecución-, no pasar por el legendario Tianguis del Chopo para terminar tomando alguna furtiva caguama o darse tiempo para asistir un domingo a La lagunilla a sus puestos de segunda mano y repartir de paso alguno flyers para la siguiente tocada.

Bien haríamos en considerar a “Rock Doll” como una novela de iniciación; cuando se es adolescente se requiere de lecturas que te sirvan de brújula para tus primeros escarceos con la vida pura y dura –es el momento de los primeros chingadazos-. Y María –la protagonista- va tirando con todo, pero a fin de cuentas tiene una mamá liberal que encuentra la manera de apoyarla, en algún momento un tío le suelta un rápido instructivo sobre sexo y drogas y cuenta con la guía de una experta en Tanatología con la que traba amistad. La chica sabe que tiene talento, que quiere componer y tiene que aprender a lidiar con las rupturas amorosas y fraternales. La muerte o la separación marcan para siempre la sensibilidad –eso ni duda cabe-.

En el sistema escolar te solían dar textos que más bien te vacunaban en contra de la literatura y el arte. ¿Quién podía soportar la recitación de El seminarista de los ojos negros? No era viable que alguna chiquilla ansiosa por vivir se tragara Mujercitas. Seamos realistas, a cierta edad si te dan a leer El Quijote entiendes menos de la mitad y no te emociona. ¿Cuántos chavales no habrán terminado horrorizados por algún bodrio como Juventud en éxtasis?

Por fortuna existe otra clase de literatura –una con menos moralina y pretensiones-; todavía recuerdo el shock que representó para mi hace muchos años toparme con una novela de José Agustín en la que aparecía la frase: “Fajé con Queta Johnson, vocalista del grupo Los suásticos”. Se abría ante mis ojos otra forma de arte. Aquel libro era De perfil y de ahí salte de inmediato a La tumba, cuyo título procede de una cita totalmente certera: “Si el aburrimiento matara… el mundo estaría lleno de tumbas”. Y los personajes de “Rock Doll” quieren evitarlo a toda costa; quieren tragarse la existencia entera a bocados grandes. María se sobrepone a la muerte de un chico del que estaba enamorada y al truene definitivo de su banda. Consigue otro galán y pone en marcha un nuevo proyecto, por lo que no tiene reparo en decir: “Me la estoy pasando padrísimo. Tocar, hacer el amor, vagar, salir de fiesta, ir a la escuela, echar novio, ver tele. La vida puede ser bella. Ya se me había olvidado”.

 

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