Las posibilidades del odio

Réquiem por Trico

Si nos apegamos a los términos de la biología, una especie endémica es aquella que está restringida a una ubicación geográfica muy concreta y fuera de esta ubicación no se encuentra en otra parte.

Tal como ocurre con plantas y animales que son propios de una región o un sito específico, así también solía pasar con las ciudades y los pueblos; poseían elementos que contribuían a darles carácter e identidad. Lamentablemente, y ahora apegados a los principios elementales de la física, todo lo que comienza termina –todo principio tiene un final-, y le ha llegado la hora a la cadena de tiendas Trico, dedicadas a surtir de carnes frías, quesos, vinos y demás productos de alta calidad para la degustación exquisita.

No es de mi interés investigar cuál ha sido la causa para que el dueño haya decidido vender los establecimientos –sus razones tendrá- ni conformarme con la idea de que sobrevivirán dos pequeños locales; uno en un añejo centro comercial –Plaza Las américas- en Valle de San Javier –junto a la cantina El león de Pachuca- y otro en la calle de Jiménez; al final del día, la sensación es que algo se ha perdido de manera irremediable. Pachuca no será la misma sin estos expendios que destacaban por su amable trato y atención personalizada. Sus locales se encuentran ya en remodelación para que los ocupe una cadena de panaderías que incluyen venta de charcutería y vinos y licores. No es importante si resulta igual de buena o mejor que Trico; no se trata del concepto de antaño sino del crecimiento de una marca a la que le ha ido muy bien y que además no es de Pachuca.

Escribo este réquiem ciertamente golpeado por la nostalgia, pero me mueve la empatía con otras muchas personas -que como yo- echarán de menos a estos espacios comerciales que ya se habían incrustado en el imaginario urbano de nuestra ciudad. La suerte está echada y no queda más que una pequeña y sentida evocación a la distancia. Quiero entender –aunque duela- que este tipo de procesos son inevitables y terminan por arrollarlo todo. ¿Quién hubiera imaginado la venta de la leche Santa Clara a la Coca-cola?

Esto está ocurriendo en todo el mundo. Al momento de enterarme de que Trico cerraría –a través de la cajera del local del centro-, inmediatamente recordé un disco del músico vasco Kepa Junkera editado en el 2011. En Ultramarinos & coloniales se rendía un postrero homenaje a todas esas antiguas y memorables tiendas que sobreviven a ultranza en el Casco Viejo de Bilbao.

A través de la música y un texto del escritor Kirmen Uribe se reconoce el valor y sentido que esos tenderos al frente de aquellos tradicionales comercios de barrio le aportan a la identidad local. A lo largo de 12 temas se escuchan la txalaparta, la alboka y la trikitixa –instrumentos típicos vascos- que se mezclan con piano, bajo y batería; allí existe un equilibrio entre tradición y modernidad, algo que en Pachuca no hemos valorado en su justa medida. No imagino al centro sin el restaurante La blanca, Casa Tellería o el maravilloso Salón Pachuca –la mejor botana de la ciudad y con gran atención-.

Y es que allí se encuentra otro aspecto interesante; no es lo mismo que te atienda alguien que sólo es un empleado de una cadena nacional en lugar de una persona que se llegue a sentir parte de un proyecto local y que ponga en su trato algo de empeño personal. El aspecto humano es insustituible; ahí se encuentra la parte “artesanal” del asunto.

Pedro Liedo, el dueño del consorcio, había hecho público su interés por abrir otro expendio en el Centro e insistió en obtener permisos para abrir el local ubicado en las calle de Jiménez, y logró imponerse a la reticencia del personal de la actual administración municipal –la peor de la que se tenga memoria-, que negaban los permisos correspondientes alegando falta de cajones de estacionamiento.

¡De nada sirven 24 años de tradición! Poco les importa la generación de empleos. Nuestro presidente municipal tiene una visión muy estrecha, nulo criterio y se ha rodeado de un equipo a todas luces incompetente. ¿Cuánto más tendrá que aguantar Pachuca?

Pero volvamos al recuerdo, Trico tal como era se ha ido y al menos tomo como consuelo esa frase archiconocida de Joaquín Sabina: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Casi dos décadas y media de estimular la experiencia gourmet, de impulsar la cultura gastronómica. Trico seguirá escribiendo un capítulo más de su historia. Tal vez siga siendo entrañable, pero uno no puedo evitar recordar aquella sentencia: “nunca segundas partes fueron buenas”.

 

circozonico@hotmail.com