Las posibilidades del odio

Partículas de “Futuro” flotando a mi alrededor

Ahora el futuro duerme junto a mi cama y puedo ver su pequeño rostro. Esta es la parte íntima de la historia –la que amasamos día a día-. Afuera puede ser terrible y el panorama luce desolador… siniestro. Sobran señales para pensar en que todo se pondrá peor… tremendo, oscuro. Pero hay que seguir adelante y pelear a la contra… esperando que brote el milagro del arte y de la vida y con su crecimiento discreto podamos hacerle una peineta a la fatalidad.

Puede que la tormenta de la realidad ya anuncie su llegada y debemos prevenirnos, mantenernos alertas, pero no darnos por derrotados antes de ofrecer pelea. 2016 llega a su fin y su sucesor nos hace anticipar muchas cosas malas. Cierto, hace mucho las cosas no tienden a mejorar –al contrario-. Y aun así uno se refugia en el arte y lo convierte en una trinchera contra lo que venga.

Es así como la mañana del 1 de enero el mundo escuchará por vez primera una canción que lleva por título, nada menos, que “Futuro”; que contiene una letra que encaja perfecto con este pasaje –de la micro a la macro historia-: “Es una cuestión de tiempo/ Tan breve este momento en que eres y en que soy/ Tú mañana ya te fuiste y antes me dijiste/ que el futuro es hoy”.

Café Tacvba ha hecho una vez más una acertada maniobra con el que será el segundo sencillo de un álbum que llegará con la primavera y cuyo título se desconoce al momento. Pero de lo que se trata es de dar vueltas ante el inminente futuro –de la gente y la canción-. Los elementos se van engarzando y esa misteriosa máquina del azar manejada por el destino sigue funcionando a la perfección. ¿Qué sentido tiene insistir con una canción que recién llegará? Quique Rangel, compositor del tema, diserta sobre el significado posible de “Futuro”: “La relación entre la vida y la muerte y la percepción del tiempo son dos temas sobre los que reflexiona y divaga sin solemnidad y sin optimismo, pero apunta a una posibilidad más luminosa si nos permitimos reconocer el aquí y el ahora”.

Por su parte, Emmanuel del Real, encargado de la parte electrónica de la pieza señala: “Es una de esas canciones que, cuando llegan al grupo, nos dan la oportunidad de ser quienes realmente somos: un grupo intentando reinventarse constantemente y en busca del peligro. Es una composición que posee muchas cualidades: es primitiva y sofisticada…”.

Y es que precisamente el arte nos permite renovarnos una y otra vez; recurrir a una transformación casi alquímica de nuestra esencia y vivir simultáneamente distintas historias sintiendo que somos los protagonistas de todas ellas. “Futuro” de Cafeta señala lo que vendrá y 2017 no tardara con sorpresas. Tenemos que mantenernos alerta y con los sentidos prendidos para seguir propiciando la conversación y el diálogo público de todos aquellos a los que la experiencia sensible sacude y potencia la existencia.

El primer día del año –mientras estemos sumidos en la modorra- nos traerá un primer impacto destacable, pero no será el único; este mismo mes la fabulosa editorial española Alpha Decay ha dejado saber que no tarda en publicar un nuevo libro de Jim Dodge, que tan sólo por la autoría de Stone Juction merece la eternidad y la gloria literaria.

Toca turno a No se desvanece, de la que se adelanta que: “George  Gastin  se  dedica  a  inyectar  dinero  en  los  bolsillos  de  sus  clientes destrozando sus coches para que puedan embolsarse el seguro. Estamos en el San Francisco de finales de los cincuenta, George tiene veintipocos y está enamorado; el jazz anima las noches y las aventuras.

Un día George recibe un encargo ligeramente distinto; el coche que tiene que destrozar es un Cadillac blanco, un regalo que nunca llegó a entregarse a alguien que ya no está: Big Bopper, un rockero primigenio muerto en un accidente de avión junto a Buddy Holly y Ritchie Valens. Cuando las cosas en su vida se empiezan a torcer y el estallido de la crisis parece inevitable, George decide darle un giro imprevisto a su última misión: llevar el Cadillac hasta la tumba de Bopper, en pleno Texas, y prenderle fuego en una pira de homenaje”.

El enorme escritor y amante de la música Kiko Amat dice de esta novela: “Uno de mis libros favoritos, y uno de los mejores libros de la historia. Todo lo importante del espíritu humano está aquí: música, amor, redención, culpa, peregrinaje y alta velocidad. Alegría elemental: eso es No se desvanece”.

Y pronto llegará el 17 de febrero; fecha en que aparecerá Prisoner, el nuevo disco de Ryan Adams. Se trata del sucesor de 1989 en que regrabó entero el disco de Taylor Swift, por lo que en realidad no entrega material propio desde el 2014 con el disco que lleva su nombre.

Mientras tanto ya escuchamos “Do You Still Love Me?” y “To Be Whitout You”, canciones en las que anticipa que se halla en plena forma y que ha vuelto a ese rock and roll campirano del que es todo un artesano consumado y en el que dosifica a la perfección la cantidad de electricidad instrumental que cada canción requiere.

El álbum surgió tras un doloroso y humillante proceso de divorcio que se tornó asunto público. Tras la tormenta, el músico de Carolina del Norte decidió aferrarse a lo que ha hecho musicalmente y a las cosas que ama de verdad para seguir tirando.  De tales situaciones suelen surgir discos tremendos.

Y para marzo llegará uno de los títulos más esperados del año para leer en español. Se trata de David Lynch –el hombre de otro lugar-, escrito por Dennis Lin y que a todas luces resultó un reto monumental; en el entendido de que: “Definir  a  David  Lynch,  concretar  su  significado,  su  importancia  y  su  trascendencia, no sólo en el cine, sino en la cultura popular, es una tarea complicada. Lynch  es  una  figura  que  no  admite  reducciones.  Sugestiva a la vez que confusa –o, más bien, dispuesta a confundir–, casi siempre extraída de lo más profundo de su subconsciente, su filmografía ha provocado todo tipo de emociones entre un público que, ya desde los tiempos  de  Eraserhead y El hombre  elefante, se  ha  dividido  entre  quienes sentían fascinación por su lenguaje y los que notaban una repulsión  creciente,  entre  los  fans  incondicionales  y  los  detractores  incorregibles. Y no sólo eso: Lynch ha dejado su huella en la música, en la televisión,  en  la  fotografía,  incluso  en  la  carpintería  y  la  divulgación  de  la  práctica de la Meditación Trascendental. Un poliedro espinoso, complejo, difícil –como decíamos– de reducir a una sola dimensión.

De  manera  inteligente  y  concisa,  Lim  propone  acercarnos  a  Lynch  desde  diferentes  ángulos, ya sean la posmodernidad o el surrealismo, la ética o la religión –la  fractura  entre  el  bien  y  el  mal  que  está  en  todas  sus  películas–,  para  sacar  algunas  cuestiones  a  la  luz  y  aclarar  conceptos  e  ideas  que  muchas  veces  habían  resultado  confusos,  o  laberínticos”. 

Hay muchísimas cosas que desconocemos del futuro; nos mantiene en el filo de la incertidumbre, pero no faltan esos primeros anticipos del todo apasionantes. ¡A seguir tirando pa´lante!

circozonico@hotmail.com