Las posibilidades del odio

Pachuca, esa contrariedad

Estoy completamente seguro que cuando cualquier persona o institución contrata los servicios de algún arquitecto o empresa de construcción para que realice tareas de remodelación en cierta propiedad lo que espera al final de la obra es que luzca de la mejor manera posible; casi como si fuera nuevo.

Estimado lector, le invito a que realice una caminata a lo largo de la calle de Guerrero para que contemple con sus propios ojos la calidad de los trabajos que en dicha arteria se llevaron a cabo. El panorama luce de un gris anodino y es muy fácil que llegue a la conclusión de que en modo alguno parece que la remodelación se acabara de realizar. La calle y las banquetas no parecen recientes. La impresión que dan es que hace mucho hubieran sido intervenidas.

Recordemos que ya no se colocaron pequeños mosaicos o adoquines; ahora el proceso se parece mucho a la elaboración de galletas, es decir, se utilizan moldes para su trazado. En ese entendido, ¿era muy difícil concebir algún tipo de diseño para las banquetas? ¿Se trataba de recurrir a la retícula cuadriculada de toda la vida? Y al final, no consiguieron mantener las líneas rectas. Hubo que hacer componendas por aquí y por allá. El trazado es irregular; aun cuando tanto cacarearon la ampliación de las aceras.

Una cuadra más hacia el centro después del Mercado Barreteros dejaron un pequeño arbusto suelto al que rodearon de una pequeña pila de concreto. ¿Esperan de verdad que sobreviva? Me hubiera gustado ofrecerle la foto para ser mucho más gráfico. La cosa es que una vez más quedaron muchos detalles mal hechos. No se trata de un trabajo minucioso sino de una labor que coloquialmente decimos es muy fodonga.

El terminado de las entradas a muchos comercios es deficiente, los postes están rodeados por un pequeño cuadro vacío que resulta peligroso para el transeúnte (uno que otro tiene grava). ¿Así estaba planeado su terminado?

Durante todos estos meses podía observarse una enorme cantidad de supervisores –casi tantos como trabajadores-; ¿Sería que era más importante llevar la cuenta y hacer el caldo gordo a la hora de las facturas? Además, el proyecto sufrió un notable retraso en su ejecución y, por supuesto, los responsables siempre se han mostrado muy imaginativos en cuanto a pretextos.

En los acabados siempre hay posibilidad de elevar la calidad de una obra; simplemente aquí no se preocuparon por ese aspecto. Las prisas los llevaron a ir avanzando descuidadamente. ¿Qué dictamen de este encargo daría un colegio de arquitectos respetable? ¿En verdad piensan que Guerrero será una calle viable para que transiten débiles visuales y discapacitados? Por supuesto que no se piensa en estos grupos.

Los encargados de la ciudad hace tiempo se han encerrado en sí mismos y hacen caso omiso de la opinión pública. En la plancha del Reloj no tarda en arrancar una enésima remodelación y veremos si en su necedad absoluta concretan el llamado e ilógico proyecto de Centro Cultural; un absoluto dispendio.

Pero también resulta que ahora si se preocupan por animar un poco la vida social de la Plaza Juárez y han colocado mesas y sillas para que comensales se instalen sobre la vía pública. Veremos cuando tiempo transcurre antes de que alguien se estrelle contra las vallas de cristal, instaladas para atajar el viento. ¿Tampoco se les ocurrió colocar algún tipo de señalamiento que las haga notorias? Algún distraído o quien se deje llevar por la costumbre puede terminar teniendo un accidente.

No parece mala la intención, aunque ya se les olvidó que en la Plazuela Juan C. Doria (a la que jamás restituyeron su placa original) pusieron una férrea oposición para que no volvieran ese mismo tipo de mesitas a las cafeterías que allí se ubican. Al menos el Municipio debería mostrarse congruente y no aplicar distintos criterios a muy poca distancia.

Pachuca se muestra como una contrariedad; como un problema para sus ciudadanos, cada vez más distantes de quienes gobiernan el Municipio. Una voz colectiva se manifiesta en redes sociales para explicitar su fastidio por una ciudad con obras por todos lados que sólo estimulan el caos vial. La mayoría de ellas no cumplen los tiempos programados. Ojalá al menos se apeguen al presupuesto original (¡eso sería soñar!). Todavía les queda el mes de febrero para que opere el Tuzobús, ¿o es que su conclusión se parece a la historia de la tela de Penélope? Tal parece que su llegada semeja al cuento de nunca acabar.

¿Será que esperan que acá no nos quejemos, una vez que contemplamos con horror la escultura monumental del Guerrero Chimalli que Sebastián perpetró en Chimalhuacán? Toda una oda al mal gusto, al cacicazgo y la prepotencia. Ahora resulta que el reguero de piezas que se colocaron en nuestra ciudad es hasta inofensivo y grácil comparado con aquella mole de metal rojizo. ¿De dónde vendrá la consigna de que Sebastián sea un artista de estado? ¿Qué de su obra es lo que seduce a la clase política nacional?

Pachuca no está siendo amable con sus habitantes; vaya contrariedad.

 

circozonico@hotmail.com