Las posibilidades del odio

El "Oficio de estar solo" de Daniel Fragoso

Releo el espléndido recopilatorio de Paul Auster con su Poesía completa y encuentro un poema de 1977 que empieza así: “Esta solo. Y desde el momento en que empieza a respirar no está en ningún sitio”. Forma parte del libro Desapariciones y desde el momento de encontrarlo se perfectamente que servirá para abrir la conversación que sostendré con Fragoso ante la inminente aparición de su nuevo poemario.

Hay mucho por abordar antes de que se presente el viernes 22 en el Teatro Guillermo Romo de Vivar, el que a mi juicio es la obra más lograda de su carrera y que contiene versos del calado siguiente: “Hermoso observar en un mapa / el tiempo que pensé propio. Todas las líneas y los trazos/ en la escala de la cordura/ migrando como pájaros”.

Con pequeñas excepciones pero el libro parece llevar un orden cronológico regresivo, Cuéntanos un poco acerca de su estructura; una vez más parece que funciona como una especie de diario, una bitácora que se hace pública.

La historia de este libro es fragmentaria, así se concibió más por el paso del tiempo que de manera intencionada. Lo que ahora constituye “Oficio de estar solo” es una serie de instantáneas de 2009 a 2014. Comenzó como un experimento denominado “Cementerio de citas”, después mutó de nombre y estructura semántica a “Trastorno afectivo estacional” y ésta que ahora se concreta es una tercera versión. Los poemas, en su mayoría, no tienen título porque nacieron de experimentar la interacción de los lectores con notas de Facebook y por eso su fecha lleva el registro del tiempo en que se posteaban. Aunque después, esas notas/poemas sufrieron transformaciones de la versión digital al papel.  

Tanto en la filosofía zen –el libro abre con una cita- como en el budismo, los opuestos complementarios se hallan muy cerca, es decir, principios básicos como bien y mal, construcción-destrucción, se conectan unos con otros; ¿está idea permea no sólo a lo largo del libro sino también como una línea de vida?

De entre las muchas cosas que he aprendido de Enrique Garnica se encuentra la máxima que dice que: “en cada proyecto uno debe de tener la capacidad de traicionarse, de reinventarse. De afirmar que uno es el pasado, pero también, es lo que ahora es”. Esta frase que evidentemente tiene un principio filosófico, es una frase a la cual suelo recurrir cada cierto tiempo. Es verdad que el personaje que habla en los versos del libro es Daniel Fragoso, pero es varios Danieles Fragosos al mismo tiempo y no es ya, en cierta medida el que ahora está hablando sobre él mismo. 

Desde el título mismo podemos inferir tanto un gusto por los aforismos, como por uno de sus grandes exponentes occidentales como lo fue Emile Ciorán, ¿tenías en mente a este apesadumbrado cuando escribías? ¿Figuras más contemplativas como Adonis te acompañaban durante su escritura?

Cuando comencé a escribir este libro mis lecturas estaban integradas en casi su totalidad de ensayos académicos sobre teoría literaria y la obra de los autores de la Generación del 27 y los Contemporáneos. Ya en la segunda etapa de escritura, estaba más relacionado con políticas públicas, planeación estratégica y educación superior. Sin embargo, de esa época a esta, quienes han estado presentes de manera permanente son Ciorán, Mahmud Darwix, Adonis, Perre Gimme Ferrer, Rubén Bonifaz Nuño, Jorge Fernández Granados, Diego José, Gabilondo Pujol, Onfra y Zizek.  

¿Cómo fue que decidiste que la presentación de esta obra fuera multidisciplinaria? ¿Mostrarlo de esa manera completa el libro?

Desde hace mucho tiempo he pensado que la manera tradicional iberoamericana de presentar un libro es demasiado soporífera. El hecho de que el autor se encuentre custodiado por sus dos o tres mejores amigos, o por su amigo y su editor, para hablar, desde la academia o la sátira, de que el libro que se está presentando va a cambiar la historia de la literatura, me parece más que un engaño, una verdadera falta de respeto para quien va a las presentaciones. Por ello, pensando más en la forma anglosajona de presentar un libro que es propiamente, la lectura del autor sobre el libro; y con la influencia de la postpoética de la generación Nocilla y el spoken word, invité a una serie de productores de música electrónica de Hidalgo (Cynics in Cairo, Atlass, Avilix & Asut, Zonido Manhattan) a que leyeran el libro y sí se animaban, pudieran construir un ejercicio sonoro. De igual manera sucedió con Rubén Gil, quien hace la parte de los visuales. Así como Álvaro Álvarez, quien respaldó el proyecto invitando a colaborar a la gente de la Escuela Nacional de Locutores, quienes son los que grabaron audios de los poemas.

 

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