Las posibilidades del odio

"Negra", la Cuba de hoy en una novela

Cuba se encuentra en proceso de transformación, arrastrando complejos asuntos culturales de perfil histórico. Se trata de un caldo de cultivo en el que confluyen África, Europa y Norteamérica.

En el habanero barrio de Siboney –de abolengo propio de una vieja canción- una joven modelo de apenas 19 años discute con su novio; un hombre mayor que pertenece a la clase privilegiada y que sigue marcando diferencias entre mestizos y negros –ni siquiera la revolución socialista acabó con ello-. El pleito es por el asunto de un embarazo. La mujer decide salir corriendo y dejar el rumbo durante una madrugada tropical. La detiene la policía y es remitida a la comandancia. Tan sólo la presencia del respetable varón consigue que le sean retirados los cargos.

¿Quién pudiera creer que así se comporta hoy día la Cuba post-revolucionaria? Viejos estigmas y discriminaciones sigue perviviendo pese a la supuesta igualdad social y a un sistema con un alto nivel educativo. Negra, la más reciente novela de Wendy Guerra (nacida en 1970), editada por Anagrama, es tremendamente actual y da voz a una generación distante con los principios marxistas, que ha tenido oportunidad de viajar y que, pese a todo, guarda cierto sentimiento de pertenencia con su patria (tampoco es que quieran ser europeos y menos norteamericanos).

Se trata de la historia de Nirvana del risco, una chica que crece entre una sexualidad desbordada, el modelaje, la clase intelectual, y el fervor santero de su abuela. Bisexual y soberbia, busca hacerse de un lugar en el mundo, mientras se relaciona con sus parientes políticos franceses, se hace de un amante de edad madura y regresa a su país para tratar de arrancar una fábrica de perfumes, lociones y tónicos.

Cuba se encuentra en proceso de transformación, arrastrando complejos asuntos culturales de perfil histórico. Se trata de un caldo de cultivo en el que confluyen África, Europa y Norteamérica. No faltan los que tratan de reconciliarse con sus raíces para poder entrever alguna posibilidad de futuro. Es por ello que resulta apasionante conversar con una escritora que sabe que sus libros no ven la luz en su país, pero que se ha hecho de un sitio en el panorama internacional debido a sus ideas y a la calidad de su prosa.

¿A qué se debe que no existan libros valientes como el tuyo en el que se exponga con tanta claridad que en Cuba existe una sociedad clasista y racista que ha sobrevivido incluso al proceso político?

Al miedo. Al prejuicio. Al silencio que precede a estos asuntos.

Nina, la protagonista no se adapta a una Cuba presa del inmovilismo –ella incluso no comprende la revolución-; ¿crees que lograste retratar a toda una generación que comparte el sentimiento?

Mi protagonista y yo no aceptamos comprender una revolución que ha devenido en el silencio, en la oscuridad, en la miseria de seres preparados para ser pensantes y enfrentar una vida digna, cultivada y coherente. Nina es mi heroína negra contemporánea y representa lo épico que hay en nosotras. Eso quiero decir con humildad, ni en Cuba ni en Francia los personajes se alejan de sus malestares existenciales, ¿de qué depende entonces alcanzar el desarrollo personal? Depende de tener un eje firme, con bases creadas en tu espiritualidad, y sobre todo en el menos común de los sentidos, el sentido común. Los malestares llegan y no podemos dejar que nos secuestren el alma. El desarrollo personal aparece en la altura con la que resuelves los intríngulis en cualquier sociedad por asfixiante o macabra que esta sea.

¿Investigaste exhaustivamente acerca de los negros en la historia de Cuba para consolidar lo que habrías de contar en tu novela?

De la mano de la gran etnóloga cubana Natalia Bolívar pude hacer de este viaje a la semilla una vuelta a mis raíces pero, desde lo creativo y académico. A ella le debo la moraleja de esta historia donde la sabiduría no se entierra en el cementerio, pasa de mano en mano a través de  la literatura. Los rituales con los Babalawos me hicieron más mujer, más humana, más cubana, pero más temerosa de lo que puede haber más allá de mi más acá consciente y quiero que eso sea leído en esta novela.

Muestras a Francia como un país poco amistoso con los extranjeros y con gente nativa que parece harta de la vida. ¿Te parece que su proyecto de nación se está agotando?

Me parece que todas las naciones tienen que estar alertas. Francia es mi segunda patria; en ambas ha habido revoluciones, pido en este libro atención sobre esos valores iniciales de aquella revolución para que no pase lo que ha pasado en Cuba. No deseo ver desvirtuados ni la fraternidad ni la lealtad de mi segunda patria.

circozonico@hotmail.com