Las posibilidades del odio

Nace Tinta sonora, como parte de Rock para leer

“Sin duda ese paisaje tenía poderes telúricos,

como la música,

que tiene fuerzas magnéticas todavía por descubrir”.

Albert Pla

 

Una parte de la naturaleza de la revista Marvin es no saberse estar quieta (así lo transmite Cecilia Velasco –la mujer al mando-) y una y otra vez hay que emprender proyectos que inyecten nueva y mayor dinámica a un proyecto que busca mantenerse en movimiento y constante transformación (¡Son ya 15 años ininterrumpidos!). Hoy menos que nunca es sencillo conservar como algo viable una iniciativa editorial independiente. ¡Mucho se ha luchado por la causa de las revistas impresas! Ojalá y que los lectores sigan interesados en el papel y los objetos de colección.

Este año el libro “Café Tacvba… a través de las persianas” ha tenido una gran aceptación del público; no sólo del que asistió al Vive Latino –donde se mostró por vez primera- sino entre las librerías más importantes del país. Rock para leer ya tiene cuatro títulos y el primero de ellos –“Morrisey y los atormentados”- se encuentra agotados. Ya trabajamos en un nuevo homenaje para un músico de culto.

Pero la cosa no queda ahí; Rock para leer son libros en que se reúnen diversos autores e ilustradores, es decir, son volúmenes colectivos, por lo que el siguiente reto era mostrar también el trabajo unitario de algunos de los que forman parte de los colaboradores más asiduos de Marvin. Aunque el punto de partida siga siendo el mismo: que la música se encuentre íntimamente relacionada con las historias. Es por ello que la nueva colección se ha llamado Tinta sonora, en el sentido de que la literatura también suena y se alimenta del arte de los sonidos y los silencios.

Serán 3 libros los que marquen el nacimiento de la serie, que encontró el apoyo de la Secretaría de Cultura en la categoría de coinversión. He tenido la fortuna de intervenir en la edición de ellos, entre los que se encuentra Trátame suavemente, una obra de mi autoría que reúne cuentos (y 3 poemas) inspirados en músicos que forman parte del rock iberoamericano. Es una manera de homenajear a artistas y canciones que utilizan el español como vehículo de expresión.

Pero prefiero centrarme en la primicia de los otros dos libros; un par de novelas cortas con el agregado de cuentos –a manera de los bonus tracks en los discos-. Comenzando por “Balada de Testaferro”, escrita por el tamaulipeco Paul Medrano, que creció en Hidalgo. Se trata pues de una noveleta que es: “un manual del patetismo, un recetario de la desdicha, un anecdotario del ridículo o un singular mixtape poético. Paul Medrano vuelve a la carga con una narrativa chamánica, llena de música, fracaso y humor. Junto al resto de las historias, este libro abre una nueva estría de la literatura mexicana, una que está muy lejos de los recintos y los aplausos. Una vena que simplemente intenta volver al origen de todo escritor: contar historias”.

“Balada de Testaferro” tiene un prólogo escrito por la querida Jessy Bulbo, en el que anota: “Es prácticamente un hecho que todo latinoamericano comprende que lo tropical, la balada y el rock son amantes asiduos. Así, la génesis de los Testaferros parece más la historia de una banda de rock: un grupo de vagos influidos por el resplandor de una gran estrella de la música popular. Se reúnen para la composición y cada uno adquiere la responsabilidad de aportar una idea para cada canción”.

El segundo de ellos se llama “Fuck me, Nancy”, escrito por Arturo J. Flores, ampliamente conocido también por su trabajo como editor de Playboy México y por ser uno de los mejores periodistas musicales de este país. El autor de “Te lo juro por Saló” se mantiene en su personalísima ruta escritural y de su reciente creación se dice: “La música necesita de parejas fatales, explosivas, memorables. ¿Por qué en la literatura de Arturo J. Flores no habría de caber otra perversa mancuerna? Nancy y Xavier mantienen diferencias que inevitablemente los unen. Ella es muy joven, hermosa y tiene el cuerpo cubierto de tatuajes. Él ha vivido el doble que ella, pero no tiene una sola marca sobre la piel. Ambos desean ser escritores pero les atemoriza lanzarse al vacío. Un día en que ambos deberían estar en la escuela, uno como profesor y la otra como alumna problema, coinciden yéndose de pinta a un museo en el que todo, incluso la obra expuesta, parece estar muerto de aburrimiento. Comparten entonces sus libretas de apuntes con la misma crudeza con la que algunas parejas, como Spungen y Vicious, intercambiaron flujos corporales, jeringas y pesadillas. Porque los amores platónicos también son una película porno”.

Arturo eligió, nada menos, que a Mon Laferte para que le hiciera el texto de apertura. Todavía en la cresta de la ola de la popularidad y en alza, la chica encontró un momento para evocar a la novela y entre otras cosas apunta: “Arturo, el autor, es un buen amigo. Creo que varias de sus historias tienen mucho de mí. A veces hasta me sentí un poco incómoda leyéndolo. No porque sea santurrona, sino más bien porque su novela es provocadora. Seguramente encenderá a más de uno. Contiene todos los elementos que hacen de una historia algo apasionante: muchas fantasías, canciones y tatuajes. Elementos todos que me atrapan”. 

El calendario establecido indica que a comienzo de octubre los libros deben estar impresos y entregados. La Secretaría de Cultura colocará los suyos en la Red Educal de Librerías, pero de nuestra parte en corto tiempo arrancaremos con la distribución y las presentaciones fiesteras.

Estos libros de literatura desparpajada, libertaria y desinhibida no tardan; mientras tanto los dejo emocionado por lo que alguien escribió sobre Trátame suavemente: “Juan Carlos Hidalgo, con una clara fijación por las canciones tristes y las perfectas líneas de bajo, escribe desde la poesía para terminar en prosa y viceversa… Como buen amante e investigador de la música, su trabajo trae al ágora literaria frases de grandes artistas que fueron los basamentos ideológicos de generaciones. Casi como si fueran mantras, hay frases que se agolpan en sus protagonistas; Gepe, Charly García, Vetusta Morla y Quiero Club, entre otros, se internan en su escritura mientras el autor las disecciona y las revive en un nuevo y propio territorio creativo”.

circozonico@hotmail.com