Las posibilidades del odio

El otro Mundial de Brasil… el musical

La máxima cita futbolera ya está encima. Arranca el 12 de junio, aunque los medios de comunicación y las empresas de mercadotecnia hace meses que nos someten a sus intensivas campañas. Todas venden la mínima posibilidad de ganarse viajes para asistir. Por su parte, las televisoras –fieles a su costumbre- ofrecen materiales superficiales, carentes de contenido y editados a un ritmo frenético. Apenas si muestran banalidades que no resaltan la riqueza de un ámbito cultural fascinante y lleno de valores artísticos.

El Mundial no hace sino evidenciar que el gran público sólo se queda con el cliché del Brasil de postal: futbol por doquier, playas atascadas de garotas y juergas interminables a base de caipirinhas;  visitas a las edificaciones más conocidas y paremos de contar.

Se soslaya que se trata de un subcontinente cuya distancia se debe a la brecha lingüística; algo que a estas alturas debiera ser un tema superado. Se lee poco su literatura, no llega tan fácil su cine y a las artes plásticas les cuesta trabajo abrirse paso –aunque tengan la afamada Bienal de Sao Paulo-. Lo que mayormente se conoce es su legado musical, pero se insiste en explotar la Bossa nova como la única fuente de creación musical. Ello implica una visión reduccionista ante un espectro amplísimo de propuestas y tendencias.

Si en algún territorio se puede hablar de diversidad musical es en Brasil; su vastedad territorial y artística hace que los registros se multipliquen. Resulta casi imposible abarcarlos; en cada género se están produciendo cosas excitantes. Se trata de un núcleo que irradia una multiplicidad de partículas que emanan de una misma raíz. Un gozoso punto de encuentro entre tradición y modernidad. Allí se respeta al folklore pero no se le considera como una entidad muerta sino un patrimonio vivo. Por otro lado, también tienen la capacidad para no tenerle miedo a la vanguardia, que bien puede utilizar de manera arriesgada cualquier elemento de la cultura popular.

Es difícil enumerar a los grandes protagonistas de un entorno en ebullición; pero allí están Caetano Veloso, Jorge Ben, Carlinhos Brown, Marisa Monte, Arnaldo Antunes, María Rita, Céu y Tulipa Ruiz, por soltar una primera andanada. Apanhador So se puede citar para incluir al indie rock, que al tornarse electrónico debe contemplar a Cansei de ser sexy y Bonde du rol –ahora su ex vocalista hace carrera en solitario como Marina Gasolina-. Al momento de ir hacia la pista de baile hay que mencionar a Dj Dolores y Gui Boratto.

He tenido oportunidad de dar un seguimiento intensivo del acontecer musical amazónico para preparar un número de la revista Marvin que se centrará en lo que está arrojando ese país en tiempo presente. Silva nos maravilló con su electrónica ligera en “Vista pro mar” y Rodrigo Amarante hace un fino folk acústico. Se tiene que aquilatar en su justa medida lo que han hecho Os paralamas pero también apreciar la manera en que una agrupación novísima como Ninos Du Brasil puede catapultar al futuro la rítmica tribal y la samba. “Novos misterios” es un disco que abre un veta esperanzadora para la renovación de la electrónica y un uso desfachatado del pasado. Una perspectiva fascinante.

Pero reservo una mención especial para una novedad de muy reciente aparición. En “Gilbertos Samba” (Sony, 2014) uno de los padres del Tropicalismo –Gilberto Gil- rinde tributo al rey de la Bossa nova, João Gilberto (1931), asomándose a su archivo y versionando una serie de clásicos que hoy se recrean.

Se trata del primer trabajo de estudio de Gil en cuatro años, luego de “Fé na Festa” y se conforma de piezas grabadas por figuras de la talla de Tom Jobim, Vinícius de Moraes, Carlos Lyra y Caetano Veloso, que además escribe el libreto del disco:“Escuchar a Gil cantando a João es sumergirse en toda la aventura de nuestra música y nuestra vida”.

El proceso tiene su toque vintage pues fue grabado con tecnología analógica en un estudio de Río de Janeiro, y cuenta con la producción musical de los cachorros: Moreno Veloso (hijo de Caetano) y Bem Gil, quien también toca violas, guitarra y percusión.

Gilberto, con más de 60 álbumes en su haber, da una vuelta de tuerca a la Bossa, que naciera en 1958 cuando João edita un primer sencillo, justo en el mismo año en que Brasil ganaba su primera Copa del Mundo.

Y esta máquina gigante no se detiene. Hay nueva producción de la banda legendaria Nação Zumbi; también están de vuelta Bossacucanova y hay apariciones refrescantes como la de Zulumbi. Todavía queda tiempo para encontrar la banda sonora ideal para el Mundial que cada escucha quiera jugar.

circozonico@hotmail.com