Las posibilidades del odio

Mapa sonoro del rock mexicano reciente

Sus críticos aducen falta de desarrollo y calidad; sus seguidores incondicionales señalan una brecha generacional y una cerrazón de la crítica. Con todo sigue siendo la base del festival latinoamericano de música más grande del continente y un negocio, que aunque poco estudiado, mueve millones de pesos. Se compone de distintas escenas y no posee una estética estandarizada. Se trata de un fenómeno múltiple y cambiante que no fácilmente encuentra espacios en los grandes medios.

Tales fueron las coincidencias con Rodrigo Castillo, director del Fondo Editorial Tierra Adentro, durante la pasada Feria del Libro de Guadalajara, para impulsar el proyecto. El rock mexicano reciente es un tema atractivo para el público joven que lo escucha y que permite garantizar la vitalidad de la revista (al encuentro de otro tipo de lectores). No son frecuentes las pesquisas de esta naturaleza. El número 203 ofrece un recuento nacional de los actuales exponentes (una propuesta por estado más los Ángeles y Nueva York).

Desde que lo propuse (quedando a la postre como editor invitado) estaba convencido de la necesidad de un recuento como tal, y tras meses de arduo trabajo, mapeando al rock nacional del presente, aparece un trabajo que ojalá músicos, público, periodistas y otros involucrados encuentren propositivo y de colección. Se trata de un proyecto colectivo en el que busqué que permeara una visión intergeneracional, una suma de voces diversas y profesionales. También al periodismo musical le viene ponerse en movimiento.

En el texto de presentación del número, Herson Barona –el editor formal- apunta: “Con esta edición, Tierra Adentro conforma un atlas sonoro sin precedentes. Una escena musical en formación, a su vez incluyente y divergente, en constante metamorfosis. Las treinta y cuatro agrupaciones aquí reunidas fueron seleccionadas con el apoyo de los músicos y críticos Juan Carlos Hidalgo, Vicente Jáuregui y Alejandro Mancilla, cada una de las bandas examinadas a detalle por este triunvirato, cazadores insaciables de novedades valiosas.

Asimismo buscamos apartarnos del mainstream para encontrar bandas novísimas con discos recientes y, con ello, hacer la selección lo más objetiva posible, todo a través de investigaciones realizadas en revistas, videos y conversaciones entabladas en soportes electrónicos. El rock mexicano más actual es pensado desde su expresión en lenguas originarias hasta los problemas intrínsecos a su propio desarrollo: los festivales, la industria discográfica y el llamado mercado independiente, sólo por citar algunos”.

Por mi parte consideré iniciar con una frase de Y. B. Mangunwijaya que consideró muy representativa: “A veces no se ve nada en la superficie, pero por debajo de ella todo está ardiendo”. En los muchos Méxicos existentes bastantes cosas se cocinan al mismo, es por ello que consideré oportuno apuntar: “Hoy vivimos con una sensación de vértigo permanente en la que la sociedad se mueve a una gran velocidad y con una multitud de fenómenos que ocurren simultáneamente. No se alcanza a distinguir el traslape entre generaciones. Pocos recuerdan que tras el festival de Avándaro, en 1971, se instrumentó una campaña oficial de persecución contra el género y sus seguidores, que logró mandarlo a los hoyos funky y a la periferia de las ciudades. Sobrevivieron casi a salto de mata. En los años ochenta, el rock nacional volvió a ganar impulso, visibilidad e importancia mediática, potenciada por la campaña «Rock en tu idioma». (El público joven es un segmento importante para la industria del espectáculo y la mercadotecnia, a la par que el rock es un vehículo identitario, proveedor de ética y estética para sus seguidores).

Luego llegó la llamada Generación Zoé, o Rocanlover, acostumbrada a convivir con mejor infraestructura, tecnología y alternativas de profesionalización. Algunos grupos incluso retomaron el uso del inglés en sus canciones e impulsaron otras variantes instrumentales. Sus figuras comienzan a entrar en la madurez y ya son considerados veteranos.

Actualmente se siente una acometida generacional en la que aflora un conocimiento puntual de las propuestas mundiales y el hecho vital de no estar concentrados en las capitales. Internet provee herramientas para que los artistas se promuevan desde un territorio virtual y tiendan puentes multinacionales.

Sin embargo, a finales del año pasado, Juan Villoro desató una polémica cuando dijo que el rock mexicano requería un nuevo relevo. De ahí nace este informe sobre la actualidad del rock en nuestro país. Para obtener instantáneas fidedignas fue necesario modelar un mapa sonoro en el que cada estado de la República estuviera representado por una agrupación o músico; además, a manera de posdata, integramos a la ciudad de Los Ángeles, California, y a Nueva York. Así se refleja la diversidad del talento emergente y las diferentes vertientes estilísticas a las que se recurre en todo el país y en las ciudades del extranjero con más mexicanos.

No todo es auditivo, también apostamos por la conversación. Propiciamos un encuentro entre periodistas y músicos de distintas generaciones y Aarón Enríquez ofrece un panorama del rock indígena, cuyo sondeo combina tradición y modernidad al tiempo que exalta y aprovecha nuestra riqueza lingüística.

Este es un reporte amplio que muestra los vínculos del rock con otros géneros a lo largo y ancho de la República. Las propuestas aquí presentadas son expresiones culturales jóvenes que hacen suyos, los mecanismos de los tiempos que corren. No hay que tener miedo a señalarlo: el rock nacional se proyecta al futuro con arrojo y atrevimiento”.  


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