Las posibilidades del odio

Lou Reed, ese monstruo genial del rock

Hay canciones que se convierten en himnos eternos… una de ellas comienza así: “Holly vino de Miami, Florida/  hizo su camino a través de los Estados Unidos pidiendo aventón/ se depiló las cejas de camino, se afeitó las piernas y entonces él era ella, ella dijo: Hey  babe, date una vuelta por el lado salvaje/ dice, Hey Honey, date una vuelta por el lado salvaje”.

“Walk on the Wild Side” se ocupó de los trasfugas, de los seres marginales, de esas “inmensas” minorías. Y Lou Reed (Brooklyn, 1942) se aferró a ese espíritu de transgresión, de confrontar a los conservadores e intolerantes. Toda su vida combatió para que el rock and roll no perdiera su aspereza, su combatividad; intentó que no se convirtiera en algo inofensivo y pasteurizado. Una y otra vez se reinventó de forma radical e incluso sus más fieles seguidores se sintieron traicionados más de una vez.

Es muy conocida la referencia que alude al legendario debut discográfico de The Velvet Underground  (junto a Nico) en 1967. El disco de la portada del plátano serigrafiado de Andy Warhol que pese a la estela subterránea que lo acompañaba en su momento de aparición terminó por ser un estrepitoso fracaso de ventas. Las masas lo ignoraron, pero se dice que cada persona que compró un ejemplar terminó por convertirse en un artista –la mayoría de ellos en músicos-.

Tras de su muerte, ocurrida el 27 de octubre de 2013, los medios acudieron inmediatamente a pedir la opinión de otro genio. David Bowie simplemente contestó: “Era un maestro”. En varias ocasiones, El camaleón caleidoscópico brindó su apoyo al gigante de Nueva York para que prosiguiera con su carrera que solía tambalearse por las adicciones, la postura de la industria y el carácter de hierro del compositor de “Heroin” –lo que valió acusaciones de apología de las drogas-.

A Lou le llamaron “El padrino del punk”, “El sumo sacerdote del glam”; encontró la manera de que varios movimientos contraculturales hallaran en él a una figura de autoridad y respeto y que conservó de principio a fin sólidos principios estéticos que le daban al rock una calidad de verdadero arte mayor.

Tras de su fallecimiento, comenzaron los trabajos a marchas forzadas para preparar una nueva y más exhaustiva biografía que ya es posible consultar traducida al español por Alianza Editorial. El autor es un avezado periodista inglés de muy extensa trayectoria, pero que no fue en modo alguno amigo cercano del cantante y guitarrista. De lo primero que puede leerse de lo dicho por Mick Wall marca el sitio de partida: “Lo cierto es que Lou Reed arrancó desde el punto donde lo había dejado el rock. Antes de él, el rock tenía que ver con la diversión. Después de él, el rock fue literario, sombrío, y por encima de todo inquietantemente honesto. La obra de Lou Reed no merece ocupar el mismo lugar que los Beatles y los Rolling Stones, sino al lado de William S. Burroughs, de Andy Warhol, y del mentor personal de Reed, Delmore Schwartz”.

De recibir la aclamación total en plan solista con un disco como “Transformer” (1972) al repudio de su propia disquera y crítica especializada por un experimento ruidista y demencial como “Metal Machine Music” (1975), que en su momento absolutamente nadie entendió, pero que Reed, hacía el final de su vida, escuchó como era ovacionado en sitios muy importantes de la vanguardia y llevado a escena por toda una orquesta.

El autor del libro tiene una vasta experiencia preparando biografías e investigaciones profundas, por lo que cuenta con títulos acerca de Led Zeppelin, AC/DC, Black Sabbath y Metallica. Un tipo de trabajo como “Lou Reed, su vida”, es un afortunado acontecimiento para revisar al hombre y al personaje con justicia y equilibrio crítico –no se trata de una alabanza-; en ese sentido el periodista Txema Mañeru apunta: “Era algo muy lógico que tuviéramos pronto algún libro más sobre la figura del desaparecido Lou Reed. Su muerte ha hecho correr ríos de tinta, sobre todo en Europa, dónde era más popular paradójicamente. Los merecidos homenajes musicales también se han sucedido y seguramente pronto llegarán los expolios a su legado. Desde luego no podemos decir que lo sean las magníficas reediciones de lujo 45 Aniversario y ampliadas de los dos primeros discos al frente de The Velvet Underground, por parte de Polydor/Universal. The Velvet Underground & Nico y White Light/White Heat están en muchas de las más prestigiosas listas de los discos mejores y más importantes de la historia. Y lo están con justicia, añado yo. Esperamos que este año repitan con algo similar con su tercer  disco, The Velvet Underground, que, entre otras joyas, tiene su mejor y más emotiva balada, “Pale blue eyes”  ”.

Lour Reed fue un tipo que amaba profundamente a la vida en el fango, a los barrios bajos, pero que también se convirtió en un intelectual del rock. Admirador de Edgar Allan Poe (dedicó un disco a “El cuervo”) y creador de álbumes tan incomprendidos en su momento como “Berlín” (1973) demostró lo fundamentales que son ética y estética para lograr que el arte sea creíble y convincente. Practicó Tai-chi durante sus años finales, al lado de su mujer, la formidable artista Laurie Anderson. Pocos artistas reflejan tan a fondo la complejidad de Nueva York como este hombre de férreo rostro y compleja personalidad y sexualidad.

La lista de canciones eternas que compuso es inmensa: “Perfect Day”, “All Tomorrow´s Parties”, “Sweet Jane”… “Coney Island Baby” y podríamos seguirnos. Lou Reed fue un verdadero animal del rock que superó incluso los electroshocks a los que lo sometió su familia para quitarle “lo raro”. Salvaje y reflexivo por igual, ahora existe la manera de viajar al interior del mito.

 

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