Las posibilidades del odio

Joselo, Fadanelli y Joe Crepúsculo

La ciudad de México es una fuente interminable  de estímulos para experimentar la cultura en tiempo real y desde diferentes perspectivas. Uno puede propiciar los encuentros y luego dejarse llevar por la buena fortuna. El jueves el escritor tapatío Enrique Blanc realizaba una visita fugaz para presentar un libro, pero la pasión futbolera nos hizo reunirnos horas antes en Capote Taberna con Guillermo Fadanelli y ver el Uruguay vs Inglaterra –que resultó un juegazo-.

Guillermo se hallaba con Leonardo Da Jandra, quien regresaba de España con una nueva obra publicada. Filosofía para desencantados es un libro impreso por Atalanta, el actual proyecto del exquisito editor Jacobo Siruela después de despegarse del sello que lleva su apellido. El autor mexicano formado en Galicia nos mostró el hermoso libro de pasta dura, cuya contraportada muestra en primer lugar una cita de Enrique Vila Matas: “Uno de los más sorprendentes escritores que yo he encontrado en el magnífico panorama de las letras mexicanas”.

Da Jandra se muestra en dicho texto tan combativo como siempre y no teme a aventurarse con un ensayo filosófico sobre ética del que Fadanelli apunta: “a partir de su filosofía vitalista, escrutadora y moral, reclama una comprensión del mundo que reconcilie al hombre consigo mismo, es decir, con el otro, rechaza las visiones simplistas y utilitarias que dictan enunciados morales desde el hecho científico, abomina de los mercaderes de la globalización, pelea contra los filósofos relativistas que rechazan la existencia de un orden moral y espiritual capaz de contenerlos, y discute con el desencantado que se aísla socialmente y hace de su exilio una victoria”.

Minutos antes de las 6 de la tarde tuvimos que salir corriendo para movernos de la colonia Roma al Zócalo capitalino. Blanc presentaba la edición mexicana de Crockincas marcianas, la recopilación de las columnas periodísticas de Joselo Rangel, una de las cuatro caras que conforman Café Tacuba. El auditorio del Centro Cultural España se llenó con devotos fans que soportaron hacer fila bajo la lluvia para sumarse a la fiesta que también marcaba el 5to. Aniversario de Rhythm and Books, la iniciativa de Elena Santibañez para dar a conocer el material escritural producido por músicos conocidos de la escena nacional.

Durante el evento, que incluyó una breve presentación musical de Joselo, Enrique Blanc hizo mención acerca de que esos textos nos permiten: “saber cómo son los entretelones en las grandes ligas musicales, allí donde pocos tienen acceso. Es decir, las relaciones con otros músicos, la vida on the road que suponen las giras, el misterioso vínculo que se tiene con los fans, los descubrimientos que conllevan los viajes… de igual manera está su conocimiento, sobre todo aquel que ha adquirido por medio de su obsesión hacia la literatura y que lo ha llevado a la obra de quienes son sus escritores de cabecera: William Gibson, J.G. Ballard y, desde luego, Ray Bradbury, en cuyo honor bautizó las crónicas que componen este libro”.

Al concluir la presentación y tras tomar unas cervezas en la magnífica terraza del último piso del lugar regresamos a Capote para continuar la conversación con Fadanelli –ya sin Da Jandra- y dejar pasar el tiempo necesario para que se llevara a cabo el concierto de Joe Crepúsculo que organizaba la Revista Marvin muy cerca de allí; en El imperial de la calle Álvaro Obregón.

Se trataba de la primera presentación del catalán en suelo mexicano y había mucha expectación para atestiguar un directo que se intuía vibrante, y vaya que no desmereció. Joe toca teclados, se apoya en un iPad y una maraña de efectos para guitarra que manipula directamente con las manos.

El músico crea un universo musical delirante en el que caben lo mismo referencias al tecno ramplón, conocido como Bakalao, que a sonidos de las canciones del concurso Eurovisión y mucho pop destartalado. Algo hay del kitsch como forma de arte y la figura de un cantante que hace las veces de un crooner del underground.

No puede decirse que todos los asistentes supieran que esperar de Crepúsculo; para muchos fue una sorpresa toparse de frente con su abigarrada estética y su contagiosa explosión de pop mutante y  chatarrero. España no deja de producir apuestas interesantes y esa noche teníamos la oportunidad de vivir muy cerquita tal estallido.

Piezas como “Mi fábrica de baile”, “Suena brillante”, “Enséñame amar” y “La canción de tu vida”, entre otras, nos sumergieron en el mundo raro de un músico que puede convertir a San Agustín en un letrista pop.

Marvin, tal como hace durante su Festival, no deja de apostar por mostrar al público nacional verdaderos descubrimientos; provocar encuentros sorpresivos con propuestas que oxigenen los sonidos de la ciudad más grande del mundo. Se trata de darse la oportunidad y salir al encuentro de todos esos fascinantes personajes y sucesos que la ciudad depara para quien se atreve a hacerlos suyos.


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