Las posibilidades del odio

Johnny Winter, Pachuca y el rock mexicano

El pasado jueves 17 comenzó a circular la noticia de la muerte del guitarrista Johnny Winter, quien llegó a ser conocido como “El dios albino del blues” y que tuviera una larguísima trayectoria en la que destacó por su virtuosismo y por impulsar además durante los años setenta a dos de sus ídolos: Muddy Waters y John Lee Hooker.

Nacido en Beaumont, Texas, durante 1944, se logró mantener como una leyenda viva del blues rock y el rock sureño norteamericano. No pretendo analizar la trayectoria y el legado del también llamado “El albino de oro”, aun cuando editó más de una veintena de discos y fue nominado a 7 premios grammys. La muerte lo tomó aun en activo y es preciso recordar que la devaluada revista Rolling Stone lo colocó como el 63 mejor guitarrista de todos los tiempos.

El acontecimiento trajo a colocación en el ámbito local el recuerdo del frustrado y pésimo intento de concierto que se realizó en el Estadio de Revolución de Pachuca en 1980. No me gusta recordar el incidente como un hecho menor pues se trata de la reiteración de todos los males, lugares comunes y clichés que afectaron al rock mexicano durante años.

Recordemos que el Festival de Avándaro y el desbordamiento de los ideales jipetecas sumieron al movimiento nacional en sus años de mayor oscurantismo y represión. El rock fue relegado a la periferia y los hoyos, la persecución gubernamental y social era fuerte y los medios de comunicación le negaban los espacios. El rockero era estigmatizado por mariguano, desmadroso, irreverente e irracional.

Cada avance para difundirlo y reivindicarlo costaba –casi de manera literal- “sangre, sudor y lágrimas”; entonces pasan 9 años y se planea un evento masivo que termina siendo reprogramado en Pachuca –por eso de la cancelación de permisos- y termina en violencia en contra de los músicos debido al pésimo sonido pero también al desenfrenado comportamiento de los asistentes.

A la luz de tiempo, incluso cuesta trabajo documentar con precisión datos sobre el acontecimiento. Por ello es oportuno citar una nota de la periodista Tere Estrada, titulada Norma Valdez: pionera de los hoyos fonquis, en la que apunta acerca de aquella cantante, letrista y colaborado de grupos como Soul Force, Cosa Nostra, Arbol y Nahutal, entre otros: “Con el sobrenobre de Daisy se presentó en la Sala Chopin, en foros universitarios, en el Aramis y abrió el concierto de Johnny Winter en Pachuca. La banda estaba conformada por Mario Valdez en el bajo, Patricio Flores en la batería, Justo Briones y Manuel Gómez en las guitarras y Tony Bravo en los teclados”.

La vena sensacionalista del periodismo local y nacional buscó exaltar los desmanes en las instalaciones del estadio, los botellazos en contra de las bandas, los destrozos en las inmediaciones del lugar y especialmente de la Avenida Revolución. Y es que bueno, los asistentes no medían las consecuencias, no tenían una ideología y les ganó el comportamiento de auténticos vándalos –con respeto para aquella tribu-.

Durante muchos años padecimos de organizadores de eventos y representantes que una y otra vez buscaban gastar lo menos y ganar lo más, que se negaban a invertir en equipos de audio e iluminación profesionales y menos en escenarios de primer nivel. Fueron tiempos de bocinas voladas, de inversiones nimias y de tarimas construidas con tablas. De parte del lado de la producción no había voluntad por desarrollar la importantísima infraestructura. Ni un ápice de ética.

En descarga de todos aquellos jóvenes que asistieron, tenemos que subrayar la gran presión y neurosis social que cargaban a cuestas, pero también es cierto que no contaban con una mentalidad propositiva y respetuosa y los dominaba un instinto salvaje para buscar el desfogue y provocar el desmadre. Poco tiempo después el concierto de Queen en Puebla también terminó en un sainete.

Cierto, los convocantes no se preocupaban por proveer de las mejores condiciones técnicas ni planeaban la seguridad y logística, pero tampoco se puede eximir al público de algún tipo de responsabilidad. La culpa no es unilateral, siempre se reparte. Tampoco es que la policía supiera cumplir su papel.

Se requirió de muchísimo esfuerzo para que el rock mexicano saliera de su era más oscura y primitiva. Dejar atrás al Avandarazo requirió de una perseverancia inquebrantable de parte de quienes buscaban dotar al rock de un halo cultural. Hoy día parece una obviedad, pero en esos tiempos hasta a los discos se les tenía que poner una etiqueta que subrayara que: el rock es cultura.

Jhonny Winter habrá sido un talento, pero en Pachuca tuvo uno de sus peores días. En términos de la historia local prefiero quedarme con las presentaciones de Ray Charles, el primer concierto de Caifanes y, por supuesto, Radiohead. Pero esas son otras historias.

 

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