Las posibilidades del odio

Fabiana Cantilo: chispas multicolores de "Superamor" para el rock argentino

Por estos días traigo atravesada a mi ciudad; es molesto ver a Pachuca derrotada por los desplantes megalómanos del alcalde. Ahora nos asesta un nuevo golpe: los parquímetros. Tengo contemplado dedicarle una columna al tema y a lo pésimo que resulta que nadie pueda acotar o limitar su soliloquio administrativo. En esas estaba, pero también pensé en que un primer concierto de un artista en suelo mexicano no se da todos los días, y mucho menos a los 56 años de edad.

El pasado viernes 13, Fabiana Cantilo tocó en El imperial –importante sala de la capital de la república- con banda completa. Ella forma parte de la leyenda del rock argentino; desde sus arranques A–go-go con Los twist y luego  como solista y colaboradora de Charly García, Fito Páez y Andrés Calamaro, entre tantos otros.

Unos días antes del concierto tuve la fortuna de encontrarme con quien se dice una auténtica sobreviviente, pues ha sorteado una vida llena de excesos. Fabiana es una gran conversadora. ¿Cómo no compartir una parte con mis lectores? Ya habrá tiempo de fustigar a políticos de poca monta. Además, también llegó a mí una frase del gran pensador Mircea Eliade: “Descifrar las significaciones simbólicas y, por ende, religiosas de los acontecimientos, sean cuales fueren, puede convertirse en un instrumento de iluminación o, más concretamente, de salvación de las multitudes”. Es decir, el arte nos salva y está primero que otras vicisitudes mundanas.

 

A veintitantos años podía imaginar que iba a ser una artista con 12 o 13 discos como solista?

Tal vez sí; no sé si estaba pensando en eso, en realidad no; yo estaba haciendo lo mío, porque a los 7 años ya tocaba la guitarra, cantaba, dibujaba, bailaba, como que eso era lo obvio. No estaba persiguiendo a mis novios, lo de cantar era algo obvio. Pero pienso que en el fondo también me importaba, por ejemplo, cuando salía Fito en la revista Pelo y yo no, hacía mucho lío y soy así. Ahora me pongo a pensar en los quilombos que hacía y digo: ¡ay, que vergüenza!, correr gente, tirarme encima del cofre de un auto de uno de mis novios y el otro que arrancaba y yo volaba por los aires; no me importaba nada.

 

Sentí que en “Girasoles” –el sencillo de tu nuevo disco Superamor- podrías ser tú moviéndote hacia otra fuente de energía, una muy distinta, ¿esto es así?

Totalmente es eso, a veces empiezo diciendo cosas bien textuales y a veces me salen chispas multicolores, porque Lisandro Aristimuño –productor y co-autor- me lo autorizaba: “chispas multicolores vuelan en el corral”.  Son imágenes que parten de que me gusta jugar con lo psicológico, que no tienen sentido aparente de entrada pero que lo hacen al final: “chispas multicolores vuelan en el corral/ya esperé demasiado para que me vuelvas a amar”, eso se lo digo a mi madre porque estaba enojada con ella, y se me ocurrió mientras empecé a bocetar la canción, como quien pinta un cuadro surrealista y usa citas poéticas, pero lo que me comentas es tal cual. Sabes, esto me lo han hecho ver dos periodistas que tienen como un vuelo importante -tú y otro periodista de Página 12- que me dijeron era una obra conceptual y no me había dado cuenta.

Me interesan muchas cosas... budismo, metafísica; el primer libro que me voló la cabeza fue de Yosip Ibrahim, que dice que visitó Ganímides, el noveno satélite de Júpiter y cuenta que está habitado. Luego habla de una preparación para viajar allá, que se hace en el Himalaya. Así dejé atrás malos rollos, como las relaciones tortuosas, y llegué a lo de Superamor.  Si bien me duele la soledad, pero la prefiero mil veces a que la felicidad dependa del llamado de un señor que no sé de verdad quién es. El Superamor no es eso, el Superamor es a tu padre, tu madre, a tus gatos. También puede ser el amor a una pareja.

Uno de los temas de los  que se ha venido hablando es que tal vez no te han dado ese reconocimiento como compositora, ¿será que los grandes discos de versiones se llevaron mucho de los elogios?

En ese sentido le digo a la gente que escuche el primero que hice, ¿De qué se ríen? (1998), para mí fue todo un quilombo, con la prensa encima, pero el disco me encanta; así que lo demás no me importa. Me deshice de un productor muy conocido porque querían hacer jingles de mí. Ni me importó que vendió muy poco. Después me fui a vivir al sur e hice Información Celeste (2002), que para mí es lo mejor que he hecho. Después vino lo de los covers (Inconsciente colectivo en 2005); me convencieron porque me mostraron una foto de Mercedes Sosa y después una de Frank Sinatra. Después tuve una recaída e hice Hija del Rigor (2007), donde salgo en la portada llena de gasas; es como si hubiera chocado o es una mujer golpeada o golpeadora -nadie entendía nada- y después hicimos la segunda parte de las versiones -sin ganas-. Siguió Ahora (2011), ahí salió la guerrera de vuelta, que se mantiene en el estallido de Superamor.


En tu casa creciste con música folklórica, pero tienes ese toque rock; ¿Cómo balanceas tu música con todo eso?
Soy muy intuitiva; ya Información Celeste tiene eso, pero también más Beatles, Spinetta, quiero que lo escuche mucha gente porque estaban re locos los chicos que tocaron; por otro lado, Lisandro tiene toda esa cosa de la vanguardia, pero también el folklor que está buenísimo; me encanta, es divino, ¿qué más puedo decir?