Las posibilidades del odio

Ecos y voces del Festival NRML

A lo largo y ancho de la geografía planetaria existen festivales musicales y culturales de todo tipo. Atravesamos un momento de una amplísima oferta en cuanto a contenidos y temáticas. Nunca antes en la historia contamos con tal diversidad en cuanto a propuestas artísticas. Es por ello que resulta fundamental que cada uno comunique perfectamente su vocación y perfil. Allí es cuando interviene la parte de una correcta programación o lo que recientemente se entiende como la curaduría.

En México no tiene tantísimos años que nos sumamos al devenir internacional; pensemos que el Vive Latino alcanzará su edición 16 y que el Festival Marvin en mayo tendrá su sexto año. En todas las alternativas que se conocen –incluyendo el Ceremonia- se apuesta por una gran apertura estilística –para convocar más asistentes- pero también saben establecer su perfil. Aun cuando musicalmente gozamos de gran apertura, en cada evento sabemos lo que vamos a obtener y qué buscar. De ahí la polémica de los grupos anglosajones dentro del Vive Latino, por poner un ejemplo. Hasta resulta congruente que el Corona Capital prescinda de grupos nacionales –esa no es su vocación-.

Lo que me atrae del NRML es que se integra a la vertiente de festivales que apuesta por la vanguardia –en este caso nacional e internacional-, que le da un valor importante al talento emergente al tiempo que pondera la parte experimental de las propuestas o bien su distancia de los sonidos más estandarizados o comerciales. El NRML es una de esas citas que atraen por la posibilidad de descubrir artistas sorprendentes a los que tal vez no les seguíamos la pista a detalle.

Este séptimo año no será la excepción. De entrada, ya me atrapó la personalidad de la joven vocalista de Empress of, la electrónica crepitante de Blanck Mass y espero el advenimiento del reguetón del futuro con Future Brown. Golpearemos la nostalgia con Slowdive y el rock lento y rugoso de Low nos llevará a las profundidades de nosotros mismos. Del talento emergente mexicano, apuesto por Baltazar, procedentes de Guadalajara. Por si fuera poco, el influyente Boiler Room, con sus presentaciones de electrónica avanzada también estará presente.

Previo al NRML también se organizaron showcases a los que se invitó a otros artistas. Por eso es que conversé con Roberto Carlos Lange, cuyo proyecto se llama Helado Negro. Hijo de inmigrantes ecuatorianos, creció en Florida y ahora radica en Nueva York. Hace un pop brumoso que a la vez es efervescente y huidizo. A punto de editar el sucesor de Double Youth, conversamos un poco.

¿Prefieres tocar en grandes festivales o en salas pequeñas?

Si tengo el tiempo necesario para prepararme, ambas partes me encantan. Pero el ritmo no es así. Casi siempre vienes con 6 o 7 shows atrás y son preferibles los lugares pequeños. Tienes que ir planeando todo eso durante la gira. He visto un montón de bandas que hacen muchísimos festivales, pero cuando los ves en un lugar pequeño algo no queda bien. Demasiado show para nada.

¿Ahora que estarás en el showcase del festival Nrmal qué tienes preparado?

En estas presentaciones en México voy a tocar más de lo que ya conocen porque hace dos años que no voy. La gente me influye bastante. El año pasado que estuve tocando lo nuevo enfrente de la cantidad más grande de personas a la que he tocado, sirvió mucho para analizar las reacciones de la gente. Ver lo que sí está subiendo y lo que no. La música es solo un porcentaje de la presentación. El cuerpo se está moviendo. Las reacciones de las personas mirando y escuchando. No es que esté cambiando la música sino más bien mis expresiones. Ahora estoy trabajando con profesionales que están desarrollando coreografías para las presentaciones.

Días antes, hablé también por teléfono con Domingo García-Huidobro, miembro de los chilenos  Follakzöid, un trío de psicodelia y krautrock radicado en Nueva York y cuyo sonido es alucinante.

¿Cómo acompañan visualmente las presentaciones en vivo?

Trabajamos con Philippe Werkers, con él hemos creado toda esta lógica que venía contando. Las luces son maximizadas. Hemos estado encontrando fórmulas para utilizarlas de manera mínima pero a la vez maximizando su impacto.

Siendo un grupo chileno, ¿cómo se han abierto camino en NY?

Yendo a tocar, supongo. Nuestra casa disquera está situada allí. Presentando el disco. Normalmente con la música atmosférica siempre hay un velo de que el disco es una cosa y en vivo otra. Y es cierto. Pero la misión es que en vivo sea mucho mejor. Con ese norte en mente, se trata de ir a predicar la palabra. La forma correcta de abordar las presentaciones en vivo de Follakzöid es como si entendiéramos la música como una conversación entre Diego, Juan Pablo y yo. Es difícil tener la misma conversación siempre igual dos veces. Siempre habrá como una variación o alguien que se prolongue más en algún tema. Más que improvisar, porque todos sabemos el lenguaje, son distintas profundizaciones de un mismo texto.

¿Cómo ven ustedes la música al ser una banda completamente instrumental?

No es una decisión que hayamos tomado; es más como un fenómeno de abducción desde la primera vez que tocamos. Fuimos extraídos de nuestra materialidad y llevados a un plano más astral donde fuimos creando todas estas atmósferas rítmicas. Se regula o establece alguna especie de frecuencia neuronal que hace que el espíritu trascienda la mente y el cuerpo y tome control de la situación.

 

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