Las posibilidades del odio

¡Más Dylanismo puro!

Todos aquellos que han tenido oportunidad de presenciar un concierto de Patti Smith habrán sentido de cerca el altísimo nivel de emotividad que alcanza; tal como aquel concierto de mayo del 2012 en el Museo Anahuacalli, en el legendario rumbo de Coyoacán. Sobran las evidencias de su solvencia interpretativa y el nivel técnico que maneja –aun con su característico desparpajo-.

Así que cuando explicó que durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura del pasado 10 de diciembre tuvo que parar y recomenzar su intervención, no se debió a que se le olvidara la letra, pues se trata de un tema que lleva asimilado y tatuado en su existencia desde hace mucho tiempo. Lo que la magnífica cantante comentó fue que se trató de un momento sumamente intenso y emocionante que la superó.

Retomó “A Hard Rain’s A Gonna Fall” (Será atroz la lluvia) y pudieron escucharse líneas que resultan memorables no sólo para los involucrados en la cultura rock sino en la historia universal de la música. En el escenario no estaba el trovador de voz tipluda sino una mujer que anticipó la irrupción del punk y que con su canto conmueve hasta las piedras que pasan rodando.

En aquel suntuoso salón sueco pudo escucharse: “¿Dónde has estado, hijo de mis entrañas?/ ¿Dónde has estado, niña de mis ojos?/ Tropecé en la ladera de doce montes brumosos / Anduve y me arrastré por seis carreteras sinuosas/ Llegué al corazón de siete bosques desolados/ Me detuve frente una docena de océanos muertos/ Me adentré diez mil millas en la boca de un cementerio/ Y será atroz y será atroz y será atroz / Será atroz la lluvia que caiga”.

Él no estaba ahí. Tal como en su evocación cinematográfica (I´m not there”). Igualito que en muchos otros de sus desplantes. Pero en realidad si estaba porque lo que pervive es la obra… sus canciones, su música y sus letras. Además de una personalidad arisca, misteriosa y magnética. Lo que allí emergió fueron sus palabras a través del mensaje que preparó para la ocasión. Y cuya parte final, leída durante el banquete posterior a la ceremonia, dice:

“Pero hay una cosa que debo decir. Como intérprete, he tocado para 50.000 personas y para 50 personas, y puedo asegurarles que es más difícil tocar para 50 personas. 50.000 personas son como una sola persona, y no es así cuando hay 50. Toda persona tiene una identidad separada, individual, un mundo dentro de sí misma. Pueden percibir las cosas de manera más clara. Tu honestidad y cómo se relaciona con la profundidad de tu talento se pone a prueba. El hecho de que el jurado del Nobel sea tan pequeño no es cosa de poco para mí.

Pero, como Shakespeare, estoy a menudo ocupado con la búsqueda de mis esfuerzos creativos y haciéndome cargo de todos los aspectos mundanos de la vida. “¿Quiénes son los mejores músicos para estas canciones?”, ¿”Estoy grabando esto en el estudio apropiado?”, “¿Está esta canción en la nota adecuada?”. Algunas cosas nunca cambian, incluso en 400 años.

Ni una vez he tenido tiempo para preguntarme a mí mismo, ¿Son estas canciones literatura?

Así que agradezco a la Academia Sueca tanto por tomarse el tiempo de considerar esa misma pregunta como para, finalmente, ofrecer tal maravillosa respuesta”.

Un cierre con un extraordinario guiño dylaniano que zanja con sentido del humor y de un solo golpe la acre polémica al respecto de haber ganado el Premio, por un lado, y acerca del valor literario de sus canciones –la parte fundamental de su producción-.

Pero por si acaso el escepticismo perdurara en algunos, la editorial catalana Malpaso edita una versión actualizada y bilingüe que aborda a detalle todas y cada una de las canciones de un músico del que ha apuntado el periodista Luis Alegre: “Mucho antes del Nobel, Bob Dylan ya figuraba entre lo más perdurable del siglo xx, al lado de Picasso y Buñuel”.

Se trata pues de una figura universal que ha dejado honda huella en la cultura universal y que sigue activo. En los últimos años revisando otras tradiciones musicales a través de su infatigable ritmo de grabación. “Letras completas” no es otra cosa que la ampliación y la revisión del libro que en 2008 publicara la desaparecida editorial Global Rhythm. Esta es la versión más completa hasta la fecha pues se han anexado 35 nuevos temas; lo que sin duda es un auténtico tesoro para todos los seguidores del de Minnesota que hablan y leen en español. 

De entrada resulta muy plausible la claridad de motivos que tiene una editorial con una espléndida colección de obras vinculadas a la música y a la amplitud y trascendencia de sus fenómenos adyacentes. Acerca de las razones para trabajar en este proyecto han precisado: “Bob Dylan es una voz fundamental para entender la cultura y la sociedad de finales del siglo xx. Sus canciones, auténticos himnos generacionales, le han convertido en un mito para millones de personas en todo el mundo”.

En lo personal agregaría que Bob también contribuye para armar el complejo mosaico de la actualidad. Su presencia discográfica, radiofónica (a través de un programa eventual) y de giras y presentaciones son cosas que alimentan a la escena musical del presente; además de sus escarceos con la pintura.

Pero sigamos en lo tocante al libro. Los traductores Miguel Izquierdo y José Moreno han actualizado y repasado su propio trabajo para hacer posible que lectores pertenecientes a la nuevas generaciones puedan entender y aquilatar al músico que revolucionó la historia del folk y que ha obtenido el Pulitzer, el Príncipe de Asturias y 12 premios Grammy, entre los muchísimos galardones de su trayectoria y que además cuenta desde los años sesenta con seguidores a ultranza de una música variopinta –que va del rock al blues- tanto como de su nebulosa y huraña manera de ser.

Acá se traducen más de 500 canciones, con lo que resalta la monumentalidad e importancia de este trabajo del que se considera el cantautor más importante de todos los tiempos. Dylan seguirá siendo un mito en sí mismo y sorprendiéndonos con sus maniobras y devaneos. ¡Dylan no te mueras nunca!

circozonico@hotmail.com