Las posibilidades del odio

Condenada, el infierno según Chuck Palahniuk

En estos tiempos se escatiman los reconocimientos y los elogios se entregan a cuentagotas; ¡Que le vamos a hacer! Tal parece que se nos educa para estar inconformes eternamente. ¿Será que se trate de nuestro Zeitgeist? Una época que se mueve entre la duda y la especulación maliciosa. Tengo esta percepción dando vueltas al concluir la lectura de ‘Condenada’, la décimo segunda novela de un autor norteamericano al que un inmenso público conoce más bien por ser autor de la celebérrima ‘El club de la pelea’ –que terminó siento también una película de culto inmediato, dirigida por  David Fincher-.

En Estados Unidos, Chuck es una figura mediática; tanto que quizá ese rol le reste reconocimiento entre la crítica culta y la academia. Ello no obsta para sus libros se vendan muy bien y el periodismo se acerque a preguntarle de temas variopintos (ya que también lo ejerce). Para la “alta literatura” es un autor incómodo porque tampoco puede entrar en la categoría de best seller y los productos de poca monta y escasa calidad. Es un escritor que posee una prosa contundente y llena de referencias a la cultura contemporánea. Su universo literario es mórbido, torcido, negrísimo y alucinado. ¿Hacen falta más adjetivos para ponderarlo?

Es fundamental apuntar que en manos de otro autor la historia de ‘Condenada’ estaría encaminada al fracaso. Muy pocos tienen la sensibilidad para concebir algo parecido a un cuento de hadas posmoderno que funcione a la vez como una afiladísima sátira de la sociedad contemporánea –especialmente la que deriva de la elite hollywoodesca-.

La trama se centra en Madison Spencer, una regordeta niña de 13 años que está muerta; ella tiene la idea de que falleció por una sobredosis de marihuana y que ello le ha valido para que la condenen al infierno. La chica creció rodeada de marcas de lujo, saltando de país en país y mansiones, acompañando a sus padres –una actriz famosísima y un productor-. Educada en un internado para hijas de millonarios en Suiza, ha sufrido los desprecios que trae consigo ser obesa, pertenecer a la cruel oligarquía y que la gente te considere una nerd irremediable –siempre hace gala de su amplia cultura general y el conocer palabras de uso poco frecuente-.

La niña despierta en una celda del infierno y comienza a cuestionarse su actual circunstancia. No le queda sino hacer amistad con sus vecinos de reclusión. Resulta que otros adolescentes se hayan presos cerca de ella y entablan conversación. Iniciando por el arquetipo de una frívola reina de belleza colegial que se preocupa por el estado de sus uñas mientras usa unos zapatos Manolo Blahnik piratas. Después vendrán otro nerd –un geniecillo colegial-, un jugador de futbol americano de escaso coeficiente intelectual y un punk de nuevo cuño llamado Archer, que parece la reencarnación de Sid Vicious y que para colmo asesinó a su familia entera.

Este conjunto nos remite a un subgénero de cine juvenil que estuvo de moda hace 30 años. La referencia obligada es con ‘The Breakfast club’ (‘El club de los cinco’), una película considerada de serie B, que también goza de cierta reverencia juvenil (dirigida por John Hughes y en la que brilló Molly Ringwald). Y que se emparentaría con otras cintas del estilo, como ‘Pretty in Pink’ (1986) (‘La chica de rosa’) y ‘Corrupción en Beverly Hills’ (1987), malograda adaptación de la novela ‘Menos que cero’ del también polémico Bret Easton Ellis.

Palahniuk retoma ese círculo adolescente para señalar diferencias de personalidad y de clase, para luego dar rienda suelta a una minuciosa descripción del infierno que dejaría pasmado al mismísimo Dante Aligheri y muy deslucida a ‘La divina comedia’. Aparecen mares de excremento, ríos de pus, lagunas de insectos, desiertos de uñas pestilentes y todo un largo tratado de escatología.

Pero lo que no deja de ser sorprendente en Chuck es todo el tiempo dedicado al estudio de la historia de las religiones y especialmente a la demonología. Hay un largo desfile de seres malignos procedentes de diversas culturas y épocas. A fin de cuentas, los demonios de todos los tiempos y credos van a dar al mismo infierno –lleno de burocracia, corrupción y debilidad por todo tipo de dulces que el mercado norteamericano vende-.

Gracias a la habilidad del punketo manejando un pasador, los chicos salen de sus celdas y emprenden recorridos cada vez más ambiciosos para conocer a detalle la geografía del Hades y entender el proceder de todos los villanos condenados al fuego eterno. Lo que propicia que se topen con reyes y reinas; con ídolos como James Dean y Marilyn Monroe; con emperadores romanos o Genghis Khan. Resulta divertidísimo el momento en que Madison le da un puñetazo en el ojo a Adolf Hitler y a continuación le arranca el bigotillo que lo caracteriza.

Si a ello agregamos que Chuck narra que es en el infierno desde donde se operan las compañías de telemercadeo  y tienen el fin último de desesperar a las personas durante la cena y otros momentos inapropiados, podemos subrayar su capacidad de ejercer un sentido del humor ácido y desternillante. Aspecto que no pasó desapercibido para el también novelista Kiko Amat: “Más importante aún es que Palahniuk conserve las facultades para que lo sigamos leyendo; sigue siendo divertido a matar, asqueroso cuando se le antoja… y si le viene en gana, puede ser hilarante”.

Madison resulta ser un gran reclutadora de personas para el infierno sin dejar de ser una chica romántica e ilusa; ya no le teme ni al propio Diablo y trata de influir entre todo su séquito, así implique rechazar la tentación de ser enviada al Cielo.

En ‘Condenada’, Pahlaniuk vuelve a dar en el blanco –es un cabronazo- y lo mejor es que anticipa que habrá continuación.

circozonico@hotmail.com