Las posibilidades del odio

Centro Cultural del Reloj, ¿Por qué? ¿Para qué?

Si algo ha caracterizado a la actual administración municipal es una falta de interés flagrante en lo que opine la ciudadanía. El alcalde y sus colaboradores viven encerrados en sí mismos y alimentados de los elogios de sus cada vez más escasos seguidores. Es evidente su nula apertura al diálogo y a un ejercicio de sus cargos que sea incluyente para con la colectividad.

Sobran ejemplos de que no les importa abrirse al diálogo, que no les mueve lo que piense la gente y se empecinan en la práctica de un monólogo en cuanto a planes y proyectos. Ejecutan acciones u obras que no parten de un minucioso proceso de reflexión y análisis de las necesidades. Tal que parece que se rigen por meros impulsos.

Ahora la ciudad contará con sendas esculturas de Sebastián que pretenden mejorar la imagen urbana y sobre las que se puede cuestionar su costo, el hecho de que se le compren a un artista que riega esos trabajos por encargo por toda la república (casi son mera maquila), que no sean obras de un artista hidalguense (lo que impulsa la identidad regional). Allí está la escultura de Byron Gálvez en total abandono y el Municipio se niega a darle mantenimiento.

Existen prioridades que no están cubiertas; no todas las calles están bien pavimentadas, hace falta drenaje y otros servicios básicos en la periferia de la capital. Pachuca no sólo es el centro histórico y la zona plateada; ¿acaso la gente de La raza o Piracantos, por citar dos ejemplos, no merecen una pieza de Sebastián? Sólo se colocan en las partes de mayor relumbrón. ¿De qué sirve embellecer lo que de por sí ya es bonito? Habrían de incidir en las zonas menos favorecidas.

Muestran una desbordada obsesión por realizar obra pública sin ton ni son. Los recursos se tienen que gastar sí o sí. Lo que aplican es guardar momentáneo silencio sobre proyectos en turno de espera. Apuestan porque la opinión pública se olvide de ellos y súbitamente ponen manos a la obra.

El presidente municipal no dará marcha atrás con su Centro Cultural del Reloj. Ha ido y venido en repetidas ocasiones. Al final se saldrá con la suya, porque puede y quiere. La opinión de la comunidad le tiene sin cuidado.

Hace no mucho se hizo pública la cantidad de dinero que se invirtió en la Casa de la Cultura de Pachuca, localizada en la calle de Arizpe, muy cerca del Parían. Desde su apertura, el flujo de usuarios no aporta cifras de escándalo. Seguro que la remodelación se hizo pensando en incrementar las actividades y la cantidad de asistentes. Todavía es pronto para evaluar el resultado.

Consideremos también que en la calle de Bravo, a dos cuadras del Reloj Monumental, se encuentra el Foro Cultural Efrén Rebolledo, con su galería José Hernández Delgadillo –uno de los espacios expositivos de mayor tradición en el estado-. Tampoco es que haya largas colas para disfrutar sus exposiciones. En Allende está la Fundación Arturo Herrera Cabañas, que poco a poco se ha hecho de visitantes y no muy lejos, en la calle de Mina, se ubica el Museo de Minería, que también ofrece actividades complementarias.

He allí parte de la infraestructura cultural del Centro –sin contar la Galería Leo Acosta de la Plaza Juárez-. Ha sido un proceso largo y complejo para generar un capital humano para cada recinto, a partir de tal premisa quisiera que se explicara a los pachuqueños: ¿qué sentido tiene un proyecto como el Centro Cultural del Reloj? ¿Por qué se pretende crearlo? ¿De verdad hace falta? ¿Para qué gastar en tal iniciativa?

No se trata de emprender su construcción sin un concepto y un sustento reales. Lo que hay que tener en claro y en ello coinciden distintos especialistas, es que la plancha de la Plaza sí requiere de atención. Se encuentra deteriorada y en cualquier momento podría traer consigo una desagradable sorpresa, pero de allí a que se requiera gastar millones de pesos en un Centro Cultural existe un abismo.

¿Al alcalde y sus asesores no les parece que está lo suficientemente cerca el Cuartel del Arte –un espacio de gran nivel nacional-? ¿Existirá una demanda evidente para que se destinen tantos recursos con ese fin? ¿No sería deseable que primero la Casa de la Cultura de Pachuca funcione a plenitud y suba el nivel de sus programas y actividades?

La clase política suele perderse en ese hacer por hacer; sin que se necesite, sin que vaya a servir en la práctica. Hay que gastar en obras públicas porque así lo sienten en su empecinamiento y mañoso entendimiento. Pero la actual administración municipal rebasa los límites promedio; en su absoluta soberbia han perdido cualquier simpatía ciudadana y se conforman en un soliloquio que sólo exhibe su falta de educación, cultura y sentido común. ¿No habrá manera de poner un poco de freno ante tal autoritarismo? Ello también es otra forma de violencia, ni duda cabe.

 

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