Las posibilidades del odio

Apología de los discos de vinyl (a propósito de un libro)

En lo que va del año el segundo disco de los británicos de Monarchy es uno de los mejores; continuadores de la mejor tradición del synthpop tiene en “Abnocto” un Lp implacable que contiene una colección de canciones propias para una fiesta interminable –unas en faceta amorosa, otras más oscuronas-. Sus temas se cuelan al interior del cuerpo, lo sacuden y lo ponen en movimiento, pero también poseen líneas melódicas que se asimilan de inmediato y se pueden cantar incluso en la intimidad.

“Livin with out you”, “Dancing in the corner” y “Disintegration” (con la participación de la perversa Dita Von tesse) son tan sólo tres ejemplos de que la pareja se siente más cómoda lanzando sencillos y de que prácticamente editar un álbum completo es una consecuencia de las prácticas del mercado. También habría que comentar de la gran calidad de sus videos (vale la pena verlos). El asunto es que Monarchy, como muchos otros proyectos, podrían seguir adelante en la industria musical sin tener álbumes como tales y no pasaría nada.

Quiso la historia de la música y de su compra-venta que regresáramos casi al principio… que lo que más se vendieran fueran canciones sueltas. La vigencia de la cultura digital nos ha devuelto hasta aquel punto en que los discos sencillos de 45 r.p.m. salían como pan caliente de las tiendas. ¡Vaya trastada de la dialéctica musical! Y eso que la gente que compra –no la que descarga- está pagando por algo que en realidad no le pertenece. En las letras del larguísimo contrato de iTunes se explica que uno paga por el uso y no por la propiedad. Varios diligentes amigos –mucho más expertos que yo- me hacen ver que al hacer “click” en acepto, uno se convierte en usuario pero jamás en propietario de dicha música.

Se han suscitado distintos casos, el de Bruce Willis entre ellos (pero luego se deslindó), en que las personas se han planteado heredar su colección digital y resulta que la compañía les hace ver que sus colecciones son intransferibles, así que: “muerto el perro se acabó la rabia”. El titular puede escuchar una infinita cantidad de veces los temas pero no le pertenecerán jamás; pagó por un servicio pero no por algún tipo de propiedad.

Todo este certero alegato en contra de la música digital forma parte del comienzo de un libro escrito por alguien que ama profundamente los discos de vinyl. Mauricio “Micro” Esparza Oteo durante años ha acumulado muchísimos de esos objetos plásticos que tanto placer melómano provocan entre sus escuchas. Y ahora se decide por hacer pública su pasión y ofrecer un volumen que recopila sus conocimientos como coleccionista.

Así es como aparece “Casi todo lo que se acerca del vinyl”, publicado por la revista Marvin, con el fin de poner a disposición del público una guía bien documentada y practica ahora que ese añejo formato está de vuelta y constituye una mercado emergente que crece con rapidez. Durante años “los discos” casi se redujeron a su grado cero y eran vistos como productos de una era pasada que se habían quedado obsoletos. A no ser por la parte de la música electrónica y los dj´s casi que hubieran desaparecido.

Pero pudo mucho más el fetichismo y la entrega de los verdaderos fanáticos –más allá de los argumentos técnicos, que lo colocan como el mejor formato-, para otorgarle  nueva vida. Ya ni siquiera debatamos en torno a la diferencia en cuanto al lucimiento del arte y el diseño en esta versión –que es inmensa-.

En su lugar, prefiero recurrir a las palabras de Mauricio en su apología de los viniles –como les decimos en México- y sus desencuentros con lo digital: “pronto esos unos y ceros se perderán en alguna esquina recóndita del ciberespacio, no tenemos claro si algún día desaparecerán o si simplemente quedarán ahí eternamente en el olvido sin tener la mínima posibilidad de ser utilizados, vistos o escuchados”.

Y el discurso prosigue: “El método de venta musical actual está diseñado como un negocio a corto plazo, hecho a la medida del consumidor de música chatarra, que sólo busca éxito masivos pasajeros, se están olvidando del público dispuesto  consumir buena música, a escuchar un disco de principio a fin”.

Pero no sólo se aboca a la parte especulativa, el autor repasa la historia de los formatos de grabación, los aparatos reproductores y la comercialización –pasada y presente-, incluye un apartado fundamental que se refiere a: ¿Cómo cuidar un vinilo?, mientras en otro abunda sobre cuanto se debe pagar por uno de ellos, ya sea importado o nacional.

También hay un repaso acerca de famosos vinilos fantasmas y una cuidadosa selección mexicana para salir de cacería vintage. Cada vez son más los que aman a esos platos -hoy multicolores y antaño negros-. Los melómanos se buscan entre ellos, establecen vínculos afectivos. De allí que Mauricio del grupo Los bunkers le escribiera el prólogo y donde nos desvela el encuentro con “Micro” a partir del proyecto de una portada y que posteriormente le lleva a apuntar: “Conservar un vinilo es un acto de amor por la música. Por eso, hasta hace menos de una década, los coleccionistas d vinilos constituían una raza en peligro de extinción, relegada a barajar cartones en distintos tianguis de fin de semana; sin embargo, yo siempre los consideré como miembros de una sociedad secreta, en busca de invaluables tesoros que había que conservar para el futuro”.

“Casi todo lo que se acerca del vinyl” funciona tanto para expertos como para principiantes y se lee con gran fluidez; además queda perfecto para el Record Store Day que se avecina el 18 de Abril.

 

circozonico@hotmail.com