Las posibilidades del odio

¿Quién era Antònia Font?


El 21 de enero de 2007 el escritor Enrique Vila Matas publicaba un texto en la edición catalana del diario El país titulado Batiscafo socialista, que comenzaba con una reflexión acerca de su gusto por modificar las frases ajenas. En tales disertaciones se encontraba cuando fue interrumpido:

“-¿Escribir es intentar saber qué? -me grita alguien ahora desde el paseo Marítimo.

Estoy frente al mar, en la terraza de un cuarto de hotel, en Mallorca. La canción que estoy escuchando sin cesar desde hace rato, “Batiscafo Katiuskas”, es de los Antònia Font, un grupo musical mallorquín que oigo a través del ordenador portátil mientras escribo esto. Me apoyo en la baranda de la terraza, saludo a los amigos literatos. Es una mañana limpia de este invierno insólito, tan agradable. La música de los Antònia Font, extraña y de gran potencia poética, contribuye a la sensación general de belleza”.

Y es que no es usual que el autor de Recuerdos inventados cite a grupos musicales en sus novelas y textos periodísticos. Pero es que la agrupación de Palma de Mallorca jamás fue un grupo de rock al uso; más bien se trató de una rareza de principio a fin –porque lo han dejado a finales de 2013 tras 17 años de trayectoria-.

Para empezar, ¿Cuántos artistas se habrían atrevido a tener letras en Mallorquín, la variación del catalán en las Islas Baleares? ¿No sería eso un suicidio comercial? ¿Les importaba acaso reducir el número de posibles seguidores? Pero a la postre Joan Miquel Oliver –el hombre que hacía las letras- dio con un estilo compositivo que fue definido como de un surrealismo costumbrista, en el que aparecían imágenes poderosas que cobraban una fuerza y universalidad tal que no resultaban lastrados por el lenguaje.

¿Qué tocaban los Antònia Font? Musicalmente recurrían a un pop rock muy elegante y en el que cabían sonidos de sintetizadores de ciencia-ficción lo mismo que referencias al folk regional. Lo suyo era tan brillante y excéntrico como la literatura del más shandy de los escritores vivos. Terminaron por hermanarse debido a esas afortunadas reacciones que provoca la Teoría de los vasos comunicantes; o bien a partir de una añeja conseja popular: para quererse hay que parecerse.

La prensa especializada (entre ella la revista Rockdelux, una de las mejores del mundo) les despide con emoción y agradecimiento. ¿Cuántos grupos mallorquines habrían alcanzado tal nivel compositivo, solvencia técnica y una lírica juguetona y de añoranza? Al momento que rindo mi homenaje personal, encuentro que otro Hidalgo también lo ha hecho, el periodista Luis Hidalgo apunta: “llega el momento de activar la memoria y reconocer los méritos de una banda que ha creado un universo melódico tierno y melancólico, algo triste y nostálgico, siempre impecable en términos de estructura pop, que se ha apoyado en un imaginario textual brillantísimo. Las letras del pop, han reiterado Antònia Font, no sólo viven de la trivialidad, sino también de la reflexión, a menudo enmascarada, sobre temas como la tecnología, los sentimientos, el turismo, el retrofuturismo y cualquiera otro de los abordados por el grupo a lo largo de su carrera”.

En su Dietario Voluble (2007), Vila Matas inserta las peculiaridades musicales que lo acompañan: las Ronettes, Coco Rosie y Guillemots, entre pocos más, pero insiste con los Font: “Mediodía. En el ordenador, vuelve a sonar “Batiscafo Katiuskas”… y no cansa nunca, la canto ahora que he vuelto a quedarme a solas, la letra es rara, trato de saber realmente, aparte de su iris nostálgico, qué significa todo eso del: “Batiscafo socialista/ redactant informe tràgic/ camarada maquinista/ a institut oceanogràfic”. Luego la melancolía submarina de esta pieza se acopla con La escafandra al aire libre, a la luz de la mañana: “El vuelo circular de un milano en el cielo límpido del mediodía”. Todo parece perfecto, imperturbable. Lo será, al menos, mientras el aire sea nuestro”.

“Jo, Robot”, “Calgary 88”, “Cosas modernes”, “Tokiom’és igual”, “Astronauta rimador”, “Clint Eastwood”, “Portaavions”. Todas canciones memorables repartidas en una carrera de 9 álbumes de parte de un quinteto incomparable –porque eran únicos en lo suyo-. Engrandecieron la música sin perder un segundo en pensar en la fama. A través del tiempo nos acompañarán sus temas, que no son otra cosa que: “las piezas de un juego de construcción: cada niño las usa para edificar sus propias fantasías. De ahí que la ausencia de manual de instrucciones es el primer paso para comprender el mundo de este grupo tan genuinamente mallorquín… construcción de un punto de vista propio y radicalmente distinto, sustentado en unas letras que en ocasiones construían imágenes verbales, fotografías fonéticas de una extraña belleza”. Bien lo ha dicho el otro Hidalgo, ¿o he sido yo?

circozonico@hotmail.com