Las posibilidades del odio

Alicia Ahumada, fotografías para sanar

Durante años esta fotógrafa dedicada y rigurosa recorrió distintos parajes de la geografía del continente americano –especialmente de México- para conocer a distintos expertos en medicina tradicional y en la práctica del chamanismo y otras variantes del pensamiento mágico. Con paciencia y perseverancia fue registrando sus hallazgos mientras la disciplina a la que ha dedicado su vida experimentaba profundas transformaciones por la acometida de la revolución digital.

Ahumada procede de la sólida formación documentalista que engrandeció a la escuela latinoamericana y también recibió grandes enseñanzas de una luminaria de la fotografía internacional como lo fue Mariana Yampolsky. Tuvo que adaptarse a la extinción del negativo y el papel para impresión químico-mecánica y adaptarse al trabajo en ordenador y las nuevas formas de impresión.

Ella se acercaba a un entorno mucho más orgánico mientras la tecnología sacudía a los procedimientos tradicionales. Emprendió un proyecto en busca de respuestas y aprendizaje personal y se dio cuenta que tenía mucha empatía con esa gente que posee saberes antiguos y que con mucha humildad los aplica en beneficio de los que menos tienen.

Como es usual con su trabajo entero, avanzó sin prisa; primero le es importante interactuar con esos sabios populares, recibir sus lecciones, obtener su confianza y posteriormente surge el fenómeno estético. Sus tomas siempre están impregnadas de su peculiar sensibilidad, de su atenta mirada, a la que ahora agregan un halo espiritual que las hace diferentes, que las carga de un aura mística.

Con mucha sapiencia ha titulado a esta exposición Traspasando la bruma –fotografías para sanar-, aludiendo a esa entrada hacia otra dimensión física y filosófica. De la que da cuenta en el texto de presentación: “experimenté con cada uno de ellos sus técnicas de sanación. Recibí limpias, visité santuarios llevando ofrendas, estuve en velaciones, realicé peregrinaciones, escuché misas, tomé infusiones, usé emplastos, fui consagrada a Hunab-Ku, usé por periodos prolongados bebedizos hechos con base en frutas, tuve una operación espiritual, ingerí plantas de poder y con algunos de ellos colecté yerbas de su farmacopea que, disecadas, ahora reposan en mis cuadernos de trabajo”.

La espléndida muestra –inaugurada el pasado viernes- crea un ambiente muy especial en la Galería Hernández Delgadillo del Foro Cultural Efrén Rebolledo ya que incluye música que acompaña a los ritos y textos testimoniales de parte de los especialistas más destacados, así como reflexiones de la propia Alicia a propósito del trato con dichos iniciados.

Entre los participantes se encuentra el peruano Alonso del Río, cuyo trabajo implica la ingesta de una yerba llamada Ayahuasca, cuyo uso procede de tiempos inmemoriales. Este hombre aporta además sus reflexiones sobre la actualidad: “El mundo “civilizado” está manifestando con grotesco desparpajo su desquiciada enfermedad, destruyendo y contaminando la única casa que tenemos. Hemos perdido por completo la brújula de la evolución, pues el causar daños y destrucción irreparables en nuestro hogar es señal de que realmente no hemos entendido nada. Estamos aceptando con impresionante conformismo lo oscuro de nuestro destino. La humilde y a la vez altísima tecnología de los pueblos amazónicos viene al rescate de una sociedad agónica que ni siquiera puede percibir lo grave de su enfermedad”.

Las piezas dan cuenta de distintos pueblos que han sabido crear un sincretismo mítico y religioso, que además es muy respetuoso con el orden natural de las cosas – un ecologismo ancestral-.

Otro de los chamanes participantes es Ichiro Tacahachi, amplio conocedor de la “Liana de la Muerte”, como se le dice en Quechua a la Ayahuasca, y que también aporta su punto de vista al respecto: “La salud no sólo como un estado de funcionamiento mecánico, biológico y socio-operativo, sino como una profunda conexión armónica con las Fuerzas Fundamentales de la Naturaleza. La sanación conlleva un estado de integración con el Universo, implicando necesariamente una confrontación con la propia sombra, las ataduras a los miedos y los límites que nos impone nuestra ignorancia al confrontarnos con lo que llamamos realidad”.

Ahumada ahora también incursiona con piezas en color –algo poco frecuente en su trayectoria- y que emanan de los viajes en compañía de su hijo Rodrigo Maawad, también fotógrafo-, con lo que se consigue un intercambio entre distintas generaciones y una interacción entre artistas más allá del vínculo consanguíneo.

Se trata de una exposición de excelencia estética que también implica un importante valor investigativo y vivencial. Alicia invita a visitar la muestra con una sinceridad total: “La síntesis fotográfica que comparto con ustedes es el rescoldo generado por esta búsqueda personal de salud, que ha modificado mis hábitos y actitudes, creando lazos con la Tierra y el Universo entero, conduciéndome al buen vivir, cultivando una vida humana noble, sin olvidar que todas las demás especies de la Tierra son sagradas, que son una fuente de sabiduría  y juegan un papel vital para la sobrevivencia del planeta”.


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