Las posibilidades del odio

El último vuelo del Aeroplano Jefferson (Descanse en paz, Paul Kantner)

Al momento se están llevando a cabo varias transmisiones especiales y actividades para celebrar los 6 años de existencia de la versión vía internet de la legendaria estación Rock 101 –conducida por Luis Gerardo Salas-. En este contexto, hago memoria y recupero a uno de los programas más impactantes en mi historia como radioescucha. Utopía 101 era fascinante; apostaba porque en verdad la radio te abriera una dimensión alterna. El conductor que hacía las veces de un mago o de un chamán –al final, un hombre de conocimiento- era nada menos que Jaime Pontones.  Un locutor y productor que fue fundamental para imaginar y hacer realidad uno de los mejores proyectos en la historia de la radiodifusión  que se hizo –y se hace- en español.

Mientras la década de los ochenta se acababa, emprendí mi aventura universitaria y llegué a la Universidad Iberoamericana con todas las expectativas del universo. Como era de esperarse en el plan de estudios de una carrera de comunicación que se respete, una de las primeras materias correspondía a la metodología de la investigación en las Ciencias sociales. Como parte de las actividades académicas nos dejaban leer un cuadernillo impreso por la misma Universidad que llevaba por nombre ¿Dónde quedó la bolita?

Se trataba de una compilación coordinada, si mal no recuerdo, por Julia Palacios –rockera y astróloga-, que incluía un texto maravilloso del mismísimo Jaime Pontones. Era una arenga para que los jóvenes estudiantes abriéramos con toda amplitud los sentidos y estuviéramos atentos para aprender y aprehender el mundo. El personaje que a la postre sería el responsable también de Radio Alicia sostenía su discurso refiriéndose a una canción de la banda californiana Jefferson Airplane y concretamente a una recomendación: Feed your head and think (¡Alimenta tu cabeza y piensa!). Tras esa lectura fue que me adentré en el universo sonoro de una de las agrupaciones que contribuyó a darle sentido a la era psicodélica y el verano del amor. Repetí cientos de veces aquella frase cuando me tocó dar clases y sigo convencido de su grandeza y utilidad.

Traigo toda esta concatenación de capítulos personales como un mínimo y modestísimo homenaje para Paul Kantner, que abandonara este plano existencial el pasado jueves 28 en su natal y progresista San Francisco. El músico fue el fundador del Jefferson Airplane y a los 74 años de edad sufrió un infarto que lo sumó a la nutrida cantidad de decesos que el rock and roll registra durante este año -¡Y apenas vamos en el primer mes!-.

Se está cerrando un ciclo en torno a toda una generación  de artistas de diverso cuño y que nos remontan a una era en la que la música se entendía como un factor determinante de la dinámica cultural y social y no como un mero entretenimiento trivial y banal. ¿Qué de malo tenía tratar de cambiar al mundo? ¿Era algo criticable el pertrecharse detrás del amor? ¿Desear apoderarse del mundo en su momento era irresponsable y anarquista?

No me tocó el movimiento hippie, pero no me hubiera disgustado que sus ideales –románticos y pacifistas- hubieran triunfado. Hasta la utopía psicodélica tuvo su lado oscuro y un sueño maravilloso también mostró su parte negativa. La gente siempre puede tender al vandalismo. Unos cuantos delirantes vueltos criminales dieron al traste con la cruzada de unos soñadores que preferían las flores y los bailes a las costumbres conservadoras.

Y aquí estamos ahora, recordando a un artista que surfeó sobre la ola psicodélica y que se acompañó de una vocalista magnética: Grace Slick (nacida en 1939).

Siempre será preferible recordar al guitarrista que compuso canciones tan simbólicas como “Somebody To Love” y “White Rabbit”, incluidas en un álbum tan influyente como Surrealistic Pillow, editado en 1967. Persiguieron al Conejo blanco bajó el influjo del sueño lisérgico. Ese fue su mejor momento y su aportación más valiosa a la historia del rock and roll. Ya que en los ochenta se cambiaran el nombre a Jefferson Starship y conquistaran las listas de popularidad y ventas con “We build this city” y “Nothing’s Gonna Stop Us Now” queda como una anécdota importante sólo para la cuenta bancaria de los implicados, pero poco trascendente en lo artístico; pero buscaron estabilidad económica y también en ello triunfaron. Kantner interpuso una demanda por el nombre y la ganó. Grace Slick al inició participó pero pronto abandonó la nave.

Pero ahora que Kantner ha partido, prefiero rememorar el legado de una banda que tocó en algunos de los festivales más míticos de la tradición rockera: Woodstock, Monterey y Altamont; estuvieron en los momentos de gloria y también presenciaron como el sueño se venía abajo.

La muerte se adelantó al reconocimiento que habrían de hacerle en los Premios Grammy de este año. Los organizadores no tuvieron otra opción que emitir un comunicado en el que  expresaron: “La comunidad musical ha perdido a un verdadero icono… un gigante del folk  rock  y un participante integral de la etapa de rock de los sesenta”.

En lo subsecuente corresponde dedicarle escuchas con oídos nuevos no sólo a Surrealistic Pillow –su obra cumbre- sino también al disco conceptual Blows Against the Empire, que en 1970 se editó a cargo de Paul Kantner and Jefferson Starship.

 

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