A contrapié

¿Y la responsabilidad ciudadana?

El propósito del gobierno municipal de sanear la Dirección de Tránsito y Vialidad se antoja una empresa sumamente complicada. Pero es necesario, de hecho urge ese saneamiento.El alcalde Miguel Angel Riquelme se está echando ese trompo a la uña y lo menos que se debe esperar de la ciudadanía torreonense es el respaldo total.Un apoyo que debe consistir en la participación directa, es decir en la abstención de incurrir en actos de soborno tan comunes y cotidianos, tan generalizados tratándose de agentes de Tránsito y del respeto al Reglamento de Vialidad.Da la impresión que los elementos de Tránsito y Vialidad han llegado al límite, que no se les puede tolerar más. En este contexto, Riquelme Solís anunció una limpia general, que podría involucrar hasta 170 agentes. Este lunes se inició la recepción de documentos, y continuará hasta el día 23, de los interesados en ocupar el puesto de agente de Tránsito y Vialidad.Pueden cambiar a todos los agentes cada mes, pero definitivamente no dejará de haber corrupción si los automovilistas no tomamos conciencia de la importancia que es respetar el reglamento, señales y semáforos y portar los documentos reglamentarios al momento de manejar un auto.Hace varias administraciones, un ex funcionario del área municipal citada me aseguraba que entre todos los agentes reunían más de 30 mil pesos diarios de puros moches, “nomás para los jefes”. A mí me parecía una cantidad increíble. Y me desglosaba las aportaciones: 100 pesos por agente pedestre, 200 por motociclista y 300 por patrulla. Yo mantenía la incredulidad. “Te traigo un pedestre, un motociclista y un patrullero para que ellos te lo confirmen”. Nunca le tomé la palabra. Es una cifra exorbitante que habla, no tanto de lo que deja de recaudar el Municipio, sino del grado de corrupción y de lo que ello implica: que se mantenga una cultura de nulo respeto al Reglamento de Vialidad, de conducir y llevar el celular en la oreja o escribiendo textos, de pasarse el rojo, de rebasar los límites de velocidad, de ir maquillándose, con los graves riesgos que ello significa para la integridad física de las personas. Y luego nos quejamos de los “mordelones”. ¿Quién tiene la culpa? 


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