A contrapié

Los meloneros y el coyotaje

En esta temporada a los inmigrantes y pordioseros se les unen en los cruceros de la ciudad los vendedores de melones. Pero nunca se habían visto tantos meloneros como ahora.

Procedentes de comunidades del Municipio de Matamoros, sobre todo de Congregación Hidalgo, familias enteras invaden los cruceros de las principales arterias, con la camioneta vieja estacionada a un lado, llena de melones y también sandías.

Las causas son obvias: el precio del producto se desplomó hasta los 80 centavos el kilo. Hace una semana los productores renegaban porque el precio había bajado a 1.50 pesos y se negaban a vender con esas condiciones pues no obtenían ni los recursos que invirtieron.

Requieren arriba de los dos pesos para obtener alguna ganancia. 

En el sitio conocido como “Las Meloneras”, en las afueras de la ciudad de Matamoros, las improvisadas bodegas y camiones lucen repletos de melones en espera de mejores precios, mientras sus dueños lanzan las cíclicas amenazas de tirar el producto, truenan contra el coyotaje, esa endémica plaga que no sólo toleran sino que alimentan los mismos funcionarios de las dependencias oficiales, y llevan a cabo bloqueos de las carreteras como medida de presión que, sin embargo, no logran su objetivo.

Porque el precio, que se derrumbó hasta los 80 centavos, amenaza con seguir su caída, sin que autoridad alguna intervenga.Por ello en los cruceros de la ciudad las humildes familias se tienen que arriesgar a sortear los autos para vender una mínima parte de su cosecha. A través de las redes sociales algunos ciudadanos se solidarizan con su precaria situación y emiten convocatorias a comprar melón en la calle en lugar de los centros comerciales.

En éstos, por cierto, anuncian el melón en promoción: “Antes $14.90. Precio de oferta $4.90”.El problema del coyotaje para la comercialización de los productos agropecuarios perjudica no solamente a los meloneros; los coyotes están en todos lados, año tras año.

En San Pedro, los caprinocultores tienen años organizándose y se quedan en intentos y a expensas del coyotaje que logra pingues ganancias vendiendo los cabritos, sobre todo en Monterrey. 


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