A contrapié

La broncomanía, en su apogeo

El triunfo de Jaime Rodríguez en Nuevo León puso de moda las candidaturas independientes y, por supuesto, obliga a los partidos políticos a reflexionar sobre su quehacer de cara a una sociedad cada vez más enterada y exigente.

Esta figura para la búsqueda de un puesto de elección popular  sin el respaldo de un partido, desde luego que llegó para quedarse, aunque el boom o auge de la misma sea temporal.

Una vez en funciones, ya se advierte en el vecino estado que una cosa es criticar y prometer en campaña, que gobernar. Si el ejercicio del poder desgasta, el Bronco no ha disfrutado ni siquiera de un día de luna de miel.

Ya está enfrentado con el Congreso Local, está atorada la Ley de Coordinación Hacendaria, ya le señalan “parientes incómodos” en su administración y con o sin razón ya se arrepintió de comprometerse en campaña –como en Coahuila- a eliminar la tenencia vehicular.

Que sea para bien la elección de los vecinos, aunque los nubarrones de la ingobernabilidad  parecen cernirse sobre el cielo de la Sultana del Norte.

El histórico triunfo de un independiente en Nuevo León asustó a los partidos políticos y en varias entidades federativas  han aprobado leyes para imposibilitar que los ciudadanos se postulen a puestos de elección popular, sin tener detrás las siglas de un instituto político.

Como en  Puebla, donde les piden las firmas del 3 por ciento del padrón electoral y que ese porcentaje de ciudadanos comparezcan personalmente ante el órgano electoral. 

Sin embargo, una vez que arribó a la dirigencia nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones impulsó una iniciativa para eliminar esos candados, con la plausible postura de que las candidaturas independientes “han surgido como un acicate para que los partidos modifiquen en buena parte su comportamiento, se acerquen con mayor claridad a la sociedad y generen cuadros capacitados y orientados a definir y descubrir las causas ciudadanas”.

Mientras las aguas toman su nivel la broncomanía hace de las suyas y algunos políticos en Coahuila y la Región Lagunera, aunque ya no los conocen ni en su seccional, se han enfebrecido, sostienen que los ciudadanos reclaman su participación y ya se sienten gobernadores o alcaldes, según sea el caso, con el apoyo de su partido, con su rechazo y hasta con su indiferencia. 



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