A contrapié

¡Vivos los queremos!

¿Que esperará el gobernador de Guerrero, Angel Aguirre, para dimitir?  En la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapan, el mandatario es corresponsable por omisión y por exceso de tolerancia. Por lo menos.La indignación por lo ocurrido rebasó naturalmente las fronteras guerrerenses y aun las nacionales. Ayer en el transcurso del día, pero sobre todo por la tarde hubo 88 manifestaciones en ciudades de todo el mundo, incluyendo una en Torreón.  En las embajadas mexicanas de unos  25 países ondearon mantas y se irguieron pancartas exigiendo la vuelta con vida de los estudiantes normalistas. Solamente en Noruega siete organizaciones firmaron la exigencia de justicia y la aparición con vida de los desaparecidos, dirigida al gobierno federal mexicano. Terrorismo de estado, crimen de estado, narcogobierno, acusaban los activistas en varias partes del orbe. Y en el recuento reclamaban por  más de 20 mil desaparecidos.Las exigencias de los familiares, los testimonios, las fotografías causan estremecimiento.  No es posible tanta irracionalidad, tanta saña. No se puede entender cómo un grupo de estudiantes desarmados es atacado a balazos de manera unida entre policías y narcotraficantes.  Cómo entender el cuerpo de un estudiante tirado en la calle con el rostro desollado.Y después de los hechos, un alcalde y su jefe de policía en fuga, vinculados directamente con el brutal ataque que sufrieron los normalistas. Ello habla del grave grado de la descomposición social, de la corrupción, de la infiltración del narco en corporaciones policiacas e instancias gubernamentales, condiciones en las que viven –o sobreviven- los guerrerenses.Un alcalde que ya había sido acusado de homicidio el año pasado y que difícilmente podía ocultar su relación con el narco. Ahora las instancias gubernamentales se echan culpas: que no había denuncia, que sí había, pero no presentaron pruebas. Por cierto, nadie sabe tampoco del paradero de los autobuses en que se trasladaban los alumnos. Una versión señala que las unidades llevaban droga, lo que desconocían los normalistas.Son mínimas las esperanzas de que aparezcan con vida los estudiantes, sobre todo, luego de que se encontraron 28 cuerpos en fosas clandestinas, algunos de ellos calcinados, en lo que puede ser la peor masacre desde el mortal ataque a estudiantes en 1968. Pero al fin esperanza, se mantiene.Desde aquí nos sumamos a la indignación global y la exigencia de justicia. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! 


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