Articulista invitado

Las muertes por influenza son prevenibles con vacunación

En México cada año se incrementa el número de enfermos y fallecidos por influenza, desde que se tienen registros.

Cada invierno se vuelve al tema de la influenza,  a la danza de números de afectados y muertos y a la discusión de si se está en presencia de un brote de influenza y si hay motivo de alarma por el número o gravedad de los casos. Por motivos que no quedan totalmente claros, la influenza es invernal donde hay estaciones definidas (hacia el norte o el sur) y más uniforme a lo largo del año en las zonas ecuatoriales. En México cada año se incrementa el número de enfermos y fallecidos por influenza desde que se tienen registros: es decir, es regular un brote epidémico invernal en México, eso sí, de gravedad muy variable. Estas estimaciones de mortalidad se basan en criterios diagnósticos amplios de influenza, porque se infravalora de gran manera el impacto de la influenza cuando se cuentan los enfermos y muertos solo si resultan positivos al virus de influenza, ya que es raro (e innecesario) que se realice la prueba a todos los posibles enfermos y por si fuera poco, la prueba es inexistente en muchos sitios. La magnitud del brote de influenza se cuantifica de una manera más racional integrando un abanico de indicadores que incluyen diagnósticos basados en síntomas (sindromáticos) durante los brotes además de los diagnósticos específicos realizados con prueba viral positiva, que en su conjunto forman un sistema como el diseñado en el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), conformado por ocho indicadores diferentes, todos disponibles en línea para todo el público y que se ha tomado en lo substancial por la Dirección General de Epidemiología en fechas recientes.

La regularidad de las muertes por influenza no debe ser considerada normal o aceptable por la simple razón de ser en su mayoría muertes prematuras y prevenibles,  primordialmente por vacunación —efectiva y segura—, aunque con el inconveniente de que se debe renovar cada año para ajustarse  a las variaciones virales. La vacunación se complementa con el uso de las medidas de etiqueta respiratoria y separación de enfermos y con un tratamiento adecuado de los enfermos. Cualquier médico o enfermera en entrenamiento en una unidad de urgencias o de terapia intensiva llena de pacientes graves con falla respiratoria por influenza, algunos de ellos jóvenes previamente sanos o solo con obesidad, percibe una situación que difícilmente puede llamarse normal y menos aún aceptable. Los enfermos graves llegan con retraso después de haber recibido varios tratamientos inútiles y consistentemente carecen de vacunación. La estrategia de vacunación contra la influenza en México y en otros países es deficiente, por escasez del biológico, disponible en México solo para la cuarta parte de la población, y además por un rechazo a la misma. A manera de ejemplo, se rebasó solo recientemente la aplicación de la mitad de las dosis disponibles, ya en plena temporada de influenza, cuando es preferible que la vacuna se aplique antes de la temporada invernal, aun tomando en cuenta que la producción y distribución de la vacuna es una carrera contra el tiempo cada año. Desafortunadamente la vacunación del mismo personal de salud es insuficiente, por motivos que no se sustentan en evidencias científicas, situación que requiere estudiarse para entenderla y generar una intervención apropiada y útil. Al vacunarse, el médico y la enfermera no solo protegen su salud y la de su familia, asunto dentro del ámbito personal y familiar, sino que además protegen la salud de los compañeros de trabajo y así la integridad del sistema de salud, y además, protegen la salud de los pacientes que atienden. Por otro lado, un médico o enfermera no vacunado que recomienda a sus pacientes vacunarse es tan convincente como el fumador que sugiere a otro dejar el cigarrillo.

La influenza es un asesino invernal, regular y sistemático, pero de ninguna manera las muertes que causa pueden considerarse normales o tolerables en la medida que se pueden prevenir. La vacunación de una considerable proporción de la población contra la influenza puede proteger no solo a los vacunados, si no adicionalmente puede mitigar la transmisión de la enfermedad y así el impacto epidémico: un beneficio social adicional al individual y familiar.

Desechemos la supuesta normalidad de las muertes invernales por influenza, para lo cual ayudaría el fácil acceso a un sistema rápido y confiable de información pública que alerte a la población y al sistema de salud y principalmente incrementar substancialmente la vacunación contra la influenza en la población general.  Es claro que varios de los grupos de riesgo son cada vez más frecuentes en México como los obesos, los diabéticos y los ancianos, por lo que el número de vacunas disponible debe irse aumentando, pero debemos acercarnos progresivamente al objetivo de que la vacuna contra la influenza sea de aplicación universal.

Investigador y ex director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias