Tribuna sembradora

Tepotzotlán, singular museo

Es indudable la importancia del Museo Nacional del Virreinato.Elisa Vargaslugo

 

A una hora de la Ciudad de México, en la población de Tepotzotlán, Estado de México, se encuentra una joya arquitectónica y museográfica que es el ex noviciado jesuita, donde sus estudiantes se preparaban para ejercer el ministerio pastoral o para la enseñanza de las élites novohispanas. Por allí desfilaron connotados profesores y alumnos, que brillaron no sólo en la Nueva España, sino en todo el mundo conocido.

Su parroquia y colegio resguardan un acervo de casi 34 mil piezas, que van del siglo XVI al XIX. Los retablos, altares, nichos, torres, campanas y arquitectura misma son parte de este patrimonio, al que hay que sumar imágenes, pinturas y objetos litúrgicos, principalmente, aunque también hay libros e instrumentos científicos y musicales.

El origen de las colecciones es lo que pudo conservarse del propio templo y ex colegio, saqueado en muchos momentos de la vida nacional a causa de invasiones extranjeras y guerras intestinas. Aun así se logró salvar una parte de ese patrimonio de la orden ignaciana, lo que a la hora de abrir el Museo Nacional del Virreinato, en 1964 y años posteriores, fue reforzado con otras colecciones.

Fue el pasado domingo que en ese hermoso espacio se celebraron los 50 años de la apertura del Museo, ceremonia que fue organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y su titular, Teresa Franco, y a la que asistieron autoridades culturales, académicos, universitarios y público en general. Allí se recordó al ex presidente Adolfo López Mateos; tuvo una intervención la académica de la UNAM Elisa Vargaslugo y Teresa Franco explicó que la función del Museo ha sido “abarcar 300 años para complementar el ser de México”, al tiempo que se inauguró la exposición Magnificat, secretos de los libros de coro.

¡Tepotzotlán es una joya virreinal que nos distingue!

jose.mendirichaga@udem.com.mx