Tribuna sembradora

Gracias, subcomandante

No volveremos a vivir, nunca más, de rodillas.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional


La noticia es del domingo 25 de mayo de este año. El subcomandante Marcos, el tampiqueño Rafael Sebastián Guillén Vicente, anunció su muerte mediática y se transformó en Galeano, en honor del activista José Luis Solís López, Votán Galeano, asesinado a principios de ese mes. 

Del comunicado de Guillén Vicente hay que destacar lo siguiente: “El relevo de mando no se da por enfermedad o muerte, ni por desplazamiento interno, purga o depuración. Se da lógicamente de acuerdo a los cambios internos del EZLN. En tres vueltas, nos dimos cuenta de que ya había una generación que podía mirarnos de frente […]. Marcos, el personaje, ya no era necesario […]”.

En las montañas del sureste mexicano, lo acompañaba el comandante Moisés, uno de los líderes de ese movimiento que detonó el 1 de enero de 1994, cuando justo se firmaba el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. ¿Qué habría que reconocer a Marcos, ex alumno del Centro Cultural Tampico y de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco? Su generosidad al haber permanecido durante más de 20 años con los indígenas chiapanecos y los de todo el país; su congruencia al mantenerse deslindado de partidos políticos e iglesias; su constante testimonio de que la paz sólo se construye desde la justicia.

Aquel ideario del EZLN de 1994 sigue vivo y parcialmente alcanzado: “Trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia, paz”. No fue sólo el de las etnias o naciones de Chiapas; fue el de las 62 etnias del país, tan internalizadas por Fernando Benítez o Carlos Montemayor, Samuel Ruiz o Gilberto López Rivas. A 20 años de distancia del movimiento, hay que decir que mucho se logró y fue por los propios indígenas, pero también por Marcos (Club Sembradores de Amistad Regiomontano AC).