Reforma hacendaria: ¿únicamente recaudar?

México debe realizar un análisis

minucioso de la calidad del gasto.

Francisco Funtanet, presidente de Concamin

Estamos convencidos de que el Estado requiere de suficientes recursos para hacer frente a la inversión y al gasto públicos. Lo anterior, para que el país avance, existan mejores servicios y crezca el capital social. Pero no resulta saludable gravar más a los causantes cautivos sin ampliar la base tributaria, ni siempre es lo mejor crear nuevos impuestos sin atender al clima prevaleciente, que amenaza con que alcancemos un menor crecimiento a diciembre de este año.

No puede ser que el Sistema de Administración Tributaria de la Secretaría de Hacienda diga que no hay plan B; que sólo hay una propuesta gubernamental la que, de no aprobarse por los legisladores, causará un grave daño público. Eso suena a chantaje.

Más lógico resulta atender a las voces de los propios causantes, representados por más de una centena de cámaras empresariales y colegios profesionales, que han manifestado su descontento por las reformas propuestas y han presentado otras alternativas. Las reformas les parecen difíciles de aplicar, parciales y no progresivas en su diseño.

¿Qué es lo procedente? Que el gobierno baje su gasto en 10%. Ya se ha dicho que, para evitar ese déficit de 1.4 por ciento del presupuesto, lo que se requiere es que el gobierno de EPN ahorre 165 mil millones de pesos en programas de austeridad en el 2014, que representa casi lo mismo que costarán a las empresas los nuevos impuestos.

Tal como ha sido planteada, la reforma además limita las aportaciones a la filantropía, como lo ha señalado el presidente de Cáritas de Monterrey, Marcelo Canales Clariond.

Éste ha dicho que un 70 por ciento de los donativos dados a asociaciones de beneficencia no podrán deducirse de manera integral, lo cual nos afecta como ABP (Club Sembradores de Amistad Regiomontano AC).