Cartas oceánicas

El Tricolor ya no es el de antes

Algo ha pasado en la selección nacional que no volvió a ser la misma de antes. De aquel equipo prometedor que solía llamar la atención por su alegría y juventud no queda nada. México se volvió un equipo de futbol agobiado por la presión, rancio, estresado. No conozco un solo aficionado que haya disfrutado un juego de la selección en los últimos años. El del viernes frente a Panamá, por ejemplo, fue un partido que de no ser por su importancia bien podemos meter en el saco de los juguetes rotos. Nadie va a acordarse de él. El gran problema de México es que ha olvidado su verdadera razón. ¿Para qué nos sirve una selección nacional? El viernes, para no ir más lejos, funcionó como otro motivo de estrés. Encerró a Panamá, una pequeña cultura futbolística, en ese “coloso” que se ha quedado pequeño. México jugó un partido dominado por la presión que le genera el terrible negocio del Mundial. Ha dejado de ser una ilusión para convertirse en un motivo, un activo. Nadie va a acordarse futbolísticamente del partido del viernes, que fue todo menos un espectáculo. Aún ganando, la selección no deja más que sufrimiento, así es difícil afiliarse a ella por más que lleve el escudo nacional. Hemos pasado de creer que el futbol era una diversión a sentir que es una obligación. El Mundial al que México siempre ha visto como “tótem” del desmadre, de repente se volvió otro pretexto para sufrir.