Cartas oceánicas

Brasil denuncia a España

El caso Diego Costa, jugador de moda en el futbol español, abre un debate sobre las leyes de FIFA que en ocasiones eluden las garantías individuales otorgadas a los ciudadanos por las constituciones nacionales. Pero FIFA es así, se cree una nación independiente. El delantero quiere jugar el Mundial en su país de nacimiento representando a su país de adopción. Costa tiene derecho a conservar ambas nacionalidades. A Vicente del Bosque le gusta, España campeona mundial busca reforzar la entrelínea de medio campo, donde Costa acompaña muy bien. El atacante está de acuerdo, pero Brasil en boca de su técnico Luiz Felipe Scolari, para quien Costa nunca ha sido relevante, reclama a FIFA el derecho constitucional a la doble nacionalidad impidiendo que el jugador debute con España en eliminatoria oficial vs Bielorrusia y Georgia. Brasil, clasificado automáticamente, solo juega amistosos, así que por reglamento de FIFA Costa sería futbolista español si alinea con la camiseta roja en competición oficial la próxima semana, algo que con Brasil sucedería hasta el Mundial. La hipocresía de FIFA, Brasil y su entrenador defendiendo el nacionalismo es piratería, porque bajo el mismo rasero permitieron que Deco y Pepe, naciendo brasileños, jugaran con Portugal cuando la dirigía el brasileño Scolari, quien recomendó la naturalización portuguesa de ambos jugadores. El Mundial tiene una campeona defensora que pretende reforzarse con un brasileño criado en su Liga para competir en Maracaná, donde futbolísticamente fue humillada (3-0), en Confederaciones. Ese centro a la olla caerá en el despacho de Blatter, pero el dirigente amanece hoy muy preocupado teniendo que defender la elección de Qatar 2022 en la asamblea ejecutiva de FIFA.