A morir a los desiertos

Los retos de un mundo más caliente

Después de que el 2015 sea reconocido como el año más caluroso del que se tiene registro, los estudiosos del clima predicen que 2016 será un año también muy caliente; se cree que el fenómeno del “el niño”,que se ha presentado en este invierno continuará afectando en la primavera, por lo que tendremos un inicio de año bastante cálido.

Cabe señalar que en la Comarca Lagunera, después de dos inviernos casi sin temperaturas bajo cero,este inicio del invierno sí registró temperaturas bajas; sin embargo, todo parece indicar que tendremos una primavera adelantada, pues hemos tenido temperaturas máximas diarias, por encima del promedio en las últimas semanas.

Muchos fenómenos que tienen que ver con los ritmos fenológicos de plantas y animales, se ven directamente influenciados por la temperatura debido a que las plantas y algunos animales, como los insectos, se desarrollan más rápidamente si la temperatura es más alta.  

Por otra parte, muchos investigadores de varios continentes coinciden en que el calentamiento global ha generado una ampliación del “área normal” en la que se restringían la existencia de las poblaciones de algunas especies de insectos plaga.

Así, hemos sido testigos del incremento del área geográfica en la que se presentaba el mosquito Aedes aegypti (vector de enfermedades virales como el dengue, chikungunya y zika), que llegó para quedarse a la Laguna, por desgracia.

De igual forma, el año pasado, con un invierno e inicio de primavera excepcionalmente lluvioso, derivó en un gran incremento de la maleza en invierno, que a su vez detonó en una enorme población migrante de una pequeña chinche (Nysiusraphanus) al final de la primavera, que impactó a colonias de la periferia de nuestra zona conurbada, causando zozobra en nuestra región.

Por otra parte, en el verano de ese 2015, el sector agrícola de la Comarca se vio impactado por la aparición de la plaga del pulgón amarillo del sorgo (Melanaphissacchari), que causó daños calculados en más de 115 millones de pesos al afectar severamente la superficie de sorgo forrajero.

Seguramente, el desfase en los ritmos de desarrollo de las plantas y los insectos, así como la incidencia de nuevas especies, provocarán la conformación de un “nuevo orden” en los ecosistemas que tendrán que estabilizarse en un planeta más caliente. En ese transcurso (y en el que se suman aberraciones como los cultivos genéticamente modificados, parásitos y abuso de plaguicidas) las poblaciones de insectos benéficos como los polinizadores (abejas, avispas, abejorros) están desapareciendo, con terribles consecuencias para la agricultura y los ecosistemas.

Este alud de funestas noticias, que en 1996, cuando se reconocía la existencia del mosquito transmisor del dengue en la Comarca, parecía un cuento de ciencia ficción, no pinta un futuro nada halagüeño.

Desafortunadamente, seguimos empleando grandes cantidades de plaguicidas para deshacernos de los bichos perniciosos; ello, a pesar de que sabemos del efecto negativo sobre la salud humana y la biodiversidad en general que ejercen ciertos agroquímicos al contaminar aire, suelo, agua y/o alimentos.

Por si eso fuera poco, seguimos desdeñando como sociedad el establecer medidas regionales que contribuyan a reducir nuestras emisiones de gases carbonados; pareciéramos resignados a dejar a la deriva a las futuras generaciones con una región sin agua suficiente, con un ambiente contaminadoy con graves problemas de plagas y enfermedades. El futuro está comprometido, necesitamos cambiar de actitud.

Se requiere una sociedad más reactiva ante estas adversidades, que genere el entorno que nos permita enfrentar los retos que representa un futuro más caliente. En la calle, en casa, en la escuela, hay que propiciar ese cambio. ¿Empezamos? 


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