A morir a los desiertos

Aquí, inventando el tiempo

Definir tiempo, no es una tarea simple…de repente, me dio por decir que el tiempo no existe y que lo inventamos en la zozobra de intentar medir lo que nos queda antes de morir… desde el punto de vista de la física simple, puede referirse a una magnitud que mide un lapso entre dos eventos.

En el afán de medir nuestra existencia, griegos y romanos dividieron el día con luz en horas. Aunque la discusión sobre la etimología de esta palabra es abundante podemos citar que en la mitología griega, las Horas eran deidades femeninas que regían el orden de la naturaleza y las estaciones; quizá desde entonces tenemos ese problema de confundir tiempo (lapso) y tiempo atmosférico.

Luego, las horas tuvieron una primera división de sesenta partes (pars minuta prima) y llegaron los “minutos”; posteriormente, los minutos sufrieron la misma división (se dividieron en la pars minuta secunda) y aparecieron los “segundos”.

El cielo nos llamó siempre y así el tiempo en que una constelación volvía a su lugar fue un año; mientras que la duración del ciclo lunar (28 días) se denominó mes (mene; luna). Los romanos contaban inicialmente 10 meses al año, luego se añadirían otros dos. La semana (septimana), se acuñó debido a que eran 4 períodos de 7 días los que definían un mes lunar. Ya luego el Calendario (calenda, primer día del mes lunar) sufriría modificaciones hasta llegar a estos tiempos gregorianos.

Esta necesidad de medir el tiempo nos llevó como humanidad a inventar algún mecanismo que pudiese medir períodos de eventos sucesivos, asílas antiguas civilizaciones inventaron las “clepsidras” (etimológicamente “ladrones de agua”); un juego de cuencos de madera con agua con el que se medía lo que tardaba de trasvasarse de uno a otro.

Ya luego se inventaría un reloj que sólo funcionaría de día, una vara sobre una piedra con líneas que marcaban la sombra del sol.

Seguirían artilugios con arena y otras curiosidades más, hasta dar con el horologio(lo que contiene las horas), reloj de nuestros días.Es sorprendente saber que el artefactomecánicopara medir el tiempo más antiguo, el “Mecanismo de Anticitiera”,es de origen griego y data de 80 años A.C.; es una caja de madera con engranes de bronce que medía el movimiento de los planetas y constelaciones, además de datar las olimpiadas.

Así, el tiempo apremia y existen ya clasificaciones del tiempo, hay “tiempo libre”,  se nos sugiere ahora dedicar tiempo “decalidad” para nuestras familias; es decir hay de tiempos a tiempos. Y entre “hacer tiempo” y buscar el tiempo perdido, de repente queremos guardar el tiempo en una canasta y sólo nos resta ver como se nos escapó en el espejo cuando aparecen arrugas y canas; eso sí, le lloramos amargamente al tiempo de amar que se fue en poemas y canciones lastimeras.

Quizá uno de los poemas más conocidoscon respecto al tiempo es aquel del literato mexicano Renato Leduc que inicia señalando la Sabia virtud de conocer el tiempo; que es un hermososoneto más conocido como canción

¿Cuánto ha dedicado Usted, amable lector de Milenio, a revisar estas líneas? Gracias por su tiempo, pero viva al máximo, invéntese tiempo para viajar, amar, disfrutar, soñar, imaginar, construir, aprender, escribir…quizá ahora esté de acuerdo en que el  tiempo no existe, lo inventamos a cada momento…


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