A morir a los desiertos

Soñé que dormía

Normalmente, duermo mal y poco. Siempre he sufrido de desvelo y ver a una persona que duerme bien me causa una envidia inusitada. Invariablemente cuando viajo y alguien me propone quedarme en su casa, advierto que soy “mala visita”, pues me duermo muy tarde y circulo desde muy temprano.

Por ello, el proceso del sueño o dormir siempre ha sido para mí un tema de reflexión constante. Usamos la palabra “sueño” (del latín somnus y a su vez éste de la raíz indo-europea sweep no) para referirnos al estado fisiológico de reposo uniforme del cuerpo humano contrapuesto al estado de “vigilia”. También lo usamos para describir a un suceso imaginario que se percibe como real mientras se dormía.

De igual forma un sueño puede ser algo que anhelamos y que, a pesar de ser poco probable, aspiramos a realizarlo. 

El hecho de dormir, al parecer está inscrito en nuestro diario actuar como resultado del proceso de evolución en el que la carencia de luz al llegar la noche nos invitaba a ese estado de reposo. Se sabe que la hormona denominada melatoninay un neurotransmisor llamado serotonina conforman un juego bioquímico básico en la regulación de los patrones de sueño, que a la vez están ligados con otros fenómenos biológicos como el apetito y la depresión, entre muchos otros.

Al cesar la luz se produce melatonina que indica al organismo que es hora de dormir, al dormir pasamos por dos fases fundamentales de sueño, la primera NMOR (siglas de no movimientos oculares rápidos) en la que en cuatro etapas se pasa del sueño ligero al sueño profundo, para luego pasar a una única fase MOR en la que se incrementa la actividad cerebral. Esas etapas se suceden de manera cíclica en cada período de sueño. 

Dormir es un proceso biológico básico, mediante el sueño, el organismo reposa las funciones y además de generar la restauración de los sistemas motrices mediante el reposo, se genera la organización y consolidación de aprendizaje y recuerdos. Sabemos que la necesidad de dormir disminuye con la vejez, debido a que la producción de melatonina se va reduciendo con la edad y es mucho menor después de los treinta años.

¿Cuántas horas debemos dormir? Las necesarias para despertar al día siguiente y sentirnos renovados. Los especialistas concuerdan que la calidad es más importante que la cantidad. Al parecer no es buena idea consumir melatonina, ni serotonina para mejorar el sueño.

Se recomienda comer alimentos con alto contenido de triptófano (lácteos y frutos secos) que es el precursor de la serotonina. Hacer ejercicio temprano, disminuir el estrés, evitar la actividad intelectual antes de dormir, relajarse escuchando música para conciliar el sueño. Así que alejemos el celular y la televisión de nuestro sueño, nuestra salud lo agradecerá.

Dulces sueños. Recomendaciones no solicitadas sobre el tema: Libro, “Dormir sin descanso” de Eduard Estivil; Película, “Sueños” de Akira Kurosaua; Música, “Sueño con serpientes” con Silvio Rodríguez; Poesía “Primero sueño” de Sor Juana Inés de la Cruz; Prosa, “Tengo un sueño”, discurso de Martin Luther King Jr. 


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