A morir a los desiertos

Racionalicemos la navidad

La proximidad de las fechas decembrinas conlleva para el mexicano una tendencia al exceso y al derroche. Ese mercantilismo brutal con el que se nos han ido construyendo necesidades superfluas y absurdas que nos invitan a comprar, desear y consumir raya en el mayor de los absurdos.

Cada vez nos parece menos extraño que las grandes tiendas empiecen a ofrecer mercancías navideñas ¡desde agosto! El alud de cosas por comprar incluye adornos, ropa, comida, juguetes, obsequios, etcétera, que nos prometen una “Feliz Navidad”; como si el afecto o la felicidad se pudieran comprar.

Perdemos el rumbo de una celebración católica que tiene como centro la paz y la esperanza. Bastaría con hacer un pequeño análisis y entender que esa cadena ominosa de “ofertas” y “rebajas” está directamente conectada con el hecho de que una buena parte de la población recibirá un jugoso aguinaldo. Como naturalista me preocupa que una tradición tan hermosa como  el “nacimiento”, se haya tornado destructiva del entorno.

Se cree que hacemos nacimientos desde que a Giovanni Bernardone (alias San Francisco de Asís) se le ocurrió hacer una representación viva del nacimiento de Jesús en la localidad italiana de Greccio en 1223.

Posteriormente en el Siglo XV se extendió la representación del nacimiento usando figuras de barro.

Esa tradición se extendió en Europa y cuando los conquistadores llegaron a México lo utilizaron como una herramienta evangelizadora. Ya en México, le agregamos elementos propios del entorno. Y es, entonces una bella tradición familiar conseguir el heno, el papel piedra y renovar los muñequitos de barro que componen el nacimiento. En la Comarca se ha extendido la costumbre de agregar plantas vivas del semidesierto.

Desafortunadamente, esta tradición genera un comercio ilegal de plantas de la familia de las cactáceas y de la de los agaves o yucas que son tomadas del entorno y puestas a la venta en los “mercados navideños”. Nada le pasa a una “gobernadora” si se le quita follaje, el problema es tomar plantas enteras con todo y su raíz.

De esa manera vemos recurrentemente cactos como turmalinas (Mammillaria heyderii), enagua de india (Thelocactus bicolor), e incluso  cactos que se encuentran en la lista de plantas protegidas por la ley como Corifantas (Coryphanta duranguensis), Bonete de Obispo (Astrophytum myriostigma) y también llegamos a ver agaves como la noa (Agave victoria-regina).

Lo más triste de la situación es que una vez terminada la vendimia se puede ver como los “puesteros” dejan como basura las plantas no vendidas y  los compradores que se llevaron plantas a casa, una vez “levantado el niño” desarmarán su nacimiento y, normalmente, las plantas irán a la basura.

Si bien es importante que la autoridad federal o municipal, tome su papel y regule este saqueo de plantas, será más importante la actitud del comprador; así que no fomentemos el saqueo de plantas silvestres; sin compradores el negocio no prosperará.

Por favor, racionalice su navidad, use papel de reciclado para envolver regalos; regale cosas realmente necesarias y útiles, enseñe a los menores en no caer en las trampas de la publicidad y cultive en ellos el espíritu altruista.

No necesitamos ser destructivos o consumistas para celebrar navidad. 



mavazna@hotmail.com