A morir a los desiertos

¿Tendremos una Primavera peor que la “Silenciosa” de Raquel Carson?

“Luego, una rara plaga se extendió sobre el lugar y todo empezó a cambiar. ... Hubo una quietud extraña... Los manzanos florecían, pero no zumbaban abejas entre los racimos de flores, no había polinización y no habría fruta…Fue una primavera carente de voces”…Líneas del libro “Primavera Silenciosa” de Rachel Carson.

En ese libro, lanzado en 1962, Carson alertaba sobre los riesgos inherentes al uso indiscriminado de plaguicidas, previendo un mundo verde pero carente de vida.

A esta valiente mujer le tocó enfrentarse con éxito al embate de la industria de los agroquímicos de aquellos tiempos, que reaccionó furibundamente ante el éxito del libro. En 1963 fue invitada para hablar en el congreso de los Estados Unidos sobre la necesidad de contar con una regulación más estricta sobre sustancias tóxicas. Desafortunadamente, le fue imposible ver el enorme legado que dejó al mundo debido a su muerte a los 54 años víctima de cáncer, sólo dos años después de la publicación de “Primavera Silenciosa”.

En 1970, claramente derivado del éxito de su  libro, el Congreso de los Estados Unidos creo la Agencia de Protección del Ambiente (EPA por sus siglas en inglés) y dos años después declararía la prohibición del DDT (sustancia insecticida que se acumula en la grasa de los seres vivos y que se descompone muy lentamente, pudiendo viajar en cadenas alimenticias). Curiosamente, Carson no estaba totalmente en contra del uso de plaguicidas, su mensaje era una solicitud de moderación en su uso, sin embargo sus detractores reaccionaron de una manera tan radical, que la resonancia de esa controversia acabo contribuyendo sustancialmente al éxito del libro al captar la atención de la sociedad.

A 54 años de su lanzamiento, “Primavera Silenciosa“ sigue siendo una lectura obligada para biólogos, agrónomos y conservacionistas; de hecho, está considerado entre los 25 libros más influyentes en la historia de la humanidad.

A poco más de medio siglo de la advertencia de Carson, la humanidad pareciera estar en la misma posición que en 1962, evidencias documentales abundan sobre las terribles consecuencias del abuso en la utilización de plaguicidas sobre la salud humana y el efecto de éstos sobre la biodiversidad y pareciera que el mensaje no ha llegado a la población y mucho menos a las entidades gubernamentales, que siguen poniendo por encima del interés común a los intereses de las grandes compañías de agroquímicos.

Las terribles noticias, que ya alcanzan a diferentes regiones del país, sobre la desaparición masiva de colmenas de abejas parecieran indicar que nuestra primavera silenciosa no será tan verde, pues muchas plantas dependen de las abejas y otros polinizadores para subsistir; si bien el efecto parece ser multifactorial (cambio climático, parásitos, contaminación, carencia de alimento de calidad), hay evidencia de que parte de esta problemática se debe a insecticidas específicos.

Las noticias no son nada halagüeñas, la evidencia ha pesado tanto más que la negativa de la industria de los plaguicidas que varios neonicotinoides (un novedoso grupo de insecticidas que afectan el sistema nervioso de los insectos) han sido prohibidos recientemente en Europa y en los Estados Unidos, pues además de matar directamente a los polinizadores la exposición subletal afecta su calidad de vida. La moneda está en el aire…y en el aire los polinizadores escasean… 


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