A morir a los desiertos

Días aciagos, tiempo de canallas

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! ...Es lo mismo el que labora noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley. 

Aunque le suenen muy actuales y familiares, estas líneas no se refieren a algún gobernador mexicano, fueron escritas por el bonaerense Enrique Santos Discépolo en 1934 para el tango “Cambalache”. Desafortunadamente, la impunidad rampante en nuestro país no cesa; desde 2015 sabemos, que en la lista del índice de impunidad de 53 países, México sólo es superado por Filipinas en esa materia. De acuerdo con un estudio generado por la Universidad de las Américas en Puebla, la media nacional de impunidad es 67.42 y haciendo análisis de los estados, Durango es el cuarto con 73.97, a dos puestos se encuentra Coahuila con 72.93.

En ese mismo estudio, señala que si se incluyen los delitos no denunciados o que no derivaron en una averiguación previa el índice de impunidad llegaría a 99%, es decir de cada cien delitos, sólo uno es castigado.

Qué puede citarse,  que desaparezcan 43 jóvenes estudiantes y tres años después no haya algún “Verdad Histórica” creíble; el tráfico de influencias con las muy famosas “Casas Blancas”; feminicidios, desaparecidos, fosas clandestinas, todo ello a montones; saqueo bárbaro del erario en los estados, más de dos docenas de goberdelincuentes; los asesinatos de periodistas y líderes sociales; el escándalo del espionaje telefónico a periodistas ; viendo hacia el próximo año, elecciones fraudulentamente groseras y plagadas de irregularidades en el Edo. de México y Coahuila.

Días aciagos, tiempo de canallas, los mentirosos y los ruines esbozan sonrisas cargadas de cinismo, la autoridad simula que actuará en consecuencia, no hay legitimidad y en muchos de los casos, gobierno y policía se articulan en contra de la sociedad misma a la que se deben.

Sería ingenuo proponer que con procurar ser mejor ciudadano la impunidad se desvanecería por sí sola, sólo la acción política será un mecanismo que puede generar cambios. La eliminación del fuero sería ya un inicio, la solicitud de instancias internacionales y cuerpos vigilantes verdaderamente independientes son una necesidad apremiante.


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