A morir a los desiertos

El Chikungunya y mis zapatos de ante azul. Parte I

Por la ventanilla, a lo lejos, se ve ya el azul infinito del mar, aterriza mi vuelo en Acapulco, viajo para participar en el 50º Congreso Nacional de Entomología. Desde la sala de espera en la conexión en el aeropuerto del DF, hay varias caras conocidas; una admirada maestra y colega me solicita opinión sobre cuál de las corbatas de mariposas de una franquicia de diseños exquisitos es más bonita, apenas en camino y ya vamos “entomologando”. 

Llegamos al hotel sede y el caos me es familiar, filas de grupos saliendo y entrando en un calor húmedo agobiante, el lobby del hotel es más abierto que mis deseos y el bochorno es asfixiante. Más caras conocidas y algunas desconocidas que requieren orientación; un joven colega se presenta en la fila del check-in, es su primer evento, su asesor lo envía a presentar el trabajo, se dice nervioso, lo tranquilizo señalando que las ponencias son de sólo 15 minutos y que nadie sabrá más de su trabajo que él mismo, de repente hago valer mis canas y mi kilometraje recorrido y le doy un consejo: los Congresos son para disfrutarse. 

Es martes por la tarde, en su segundo día el Congreso transcurre con normalidad, cruzo la calle para encontrar un cajero y decido visitar un mercadito de artesanías, de repente una lluvia torrencial se deposita inmisericorde sobre la ciudad y parece ensañarse con el mercadito, estoy apenas a unos 30 metros del hotel cruzando la calle, no puedo pasar pues rápidamente la Avenida se convierte en un río, no figurativamente, es un río donde descargan los caudales que bajan desde las montañas…me pierdo la fotografía grupal del Congreso al resguardarme por hora y media en el mercadito, dispersos entre los techos improvisados de los tendajos hay conmigo una familia numerosa en vacaciones y algunos acapulqueños también esperando que pase el diluvio…en ese tiempo observo atento, entomólogo al fin, a un vendedor que aparece empapado y carga una rejilla plástica que sube y baja a su hombro, la reja va llena de envases de insecticida en aerosol…¿éste cuánto cuesta?, le dice una vendedora que súbitamente pasa a consumidora y que ha tomado una lata en su mano…ese 45 y este otro 65, contesta el joven…más tarde, camino unos pasos y quedo junto a una señora, ya de pelo cano, que me pregunta después de ver mis zapatos de ante azul (sí, como los de Elvis), ¿Anda de vacaciones?, se le van a echar a perder los zapatitos,.. de dónde viene?...dispara dos veces…le comento mi origen  Lagunero y que estoy en el hotel de enfrente en un congreso de especialistas en insectos…rápidamente me dice, qué bueno que se preocupen por eso, ya ve cómo anda el Chikungunya, ¡ay, qué bueno que andan Ustedes aquí!…



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