Columna Invitada

Atento comentario al señor Gómez “Fregoso”

El 6 de marzo, amigos de Jesús Gómez Fregoso le hicieron llegar un artículo de Antonio de Jesús Mendoza –publicado el día 3- y le ardió sobremanera que en él se dijera que Gómez había sido mi alumno.

La verdad, cuando leí dicho texto, en el que se me alaba mucho, también me desagradó el aserto pues el señor Gómez no es de presumir, pero no le di importancia.

Tampoco agradecí al Dr. Mendoza sus comentarios, tal vez inmerecidos, porque salí de viaje en representación de la universidad, con la cual tengo muy buena relación desde que se derrumbó el gorilismo fegista, al que Gómez y compañía sirvieron de manera abyecta cuando muchos académicos con dignidad nos alejamos de ella.

Lo que no imaginé es que el referido artículo –en el que no tuve nada que ver- le provocara tanta cólera irracional sobre mi persona y una diatriba de tan baja estofa como la que vertió en este prestigiado periódico cuando yo comenzaba mi periplo por la península de Yucatán.  

Como apunté, mi concepto del historiador Gómez no era bueno, pero lo cierto es que como ser humano no me parecía tan malo.

Empieza por decir, que sus amigos y él creen que  estoy indignado porque le dieron a él y no a mí la Medalla Ciudad de Guadalajara 2014. Es cierto que estoy convencido de que no se la merece, como quedó claro al leerse su escuálido currículum y se oyeron sus patéticas y ramplonas palabras el día 14 de febrero, pero me permito puntualizar que dicha medalla ya me fue concedida cuatro años atrás. Parece ser que sus amigos, y él mismo, no suelen acudir a la celebración del aniversario de la ciudad de Guadalajara, a la que dicen querer tanto sin levantar un dedo a su favor, y ni siquiera leen los periódicos.

También podría saber que en la invitación que gira el H. Ayuntamiento no aparece el nombre del galardonado, de manera que yo asistí al acto del 14 de febrero porque suelo ir siempre. La única vez que supe de antemano a quien se iba a premiar fue cuando me tocó a mí…

Lo cierto es que no percaté de su presencia en la “carpa al lado del presídium”. Había bastante gente que aprecio y ni su estampa y personalidad son de las que se notan. De otro modo lo habría saludado como lo hice cuando nuestras miradas se cruzaron al ir en busca de mi asiento. Me parece de una enorme soberbia suponer que asistí tan solo para darle la espalda.

Agrega que “tuvo la desgracia” de conocerme en 1982 cuando dice que “escribimos la Historia de Jalisco”. ¿Escribimos?: La primera persona del plural resulta patética. Es cierto que lo contraté para que participara con un texto. Pero no pudimos aceptar su trabajo por malo. No fue  decisión solamente mía, sino conjunta con varios conocedores. Dice que le ayudaron algunas alumnas del ITESO, supongo que en lenguaje claro quiere decir que se lo hicieron.

Su trabajo, por el que se le pagó, no le sirvió de nada al Dr. Jaime Tamayo, quien escribió después  la parte correspondiente.

Gómez se apoya  en Carmen Castañeda, ya fallecida,
y en Magdalena González, quien podría encarnar la Metamorfosis de Kafka. De sus lamentables trabajos, uno por las prisas y el otro por la incompetencia, hablaré pronto con detalle.

La señora González ya me acusó antes que Gómez de “odiar” a alguien “por ser cura”. Se trató de Luis Medina Ascensio, con quien tuve una cierta amistad y hasta le hice un homenaje antes de morir... También son curas el P. J. Rosario Ramírez, respetable y apreciable, lo mismo que Tomás B. Híjar y Armando González Escoto, de quienes me considero amigo y con quienes tengo muchas coincidencias. No sé si haya oído hablar el rencoroso de marras de F. Alberto de Ezcurdia, quien fue mi maestro querido, lo mismo que del admirado historiador y cuate F. Francisco Morales y el difunto F. Leonardo, benefactor del archivo franciscano de Zapopan.

Es mucho suponer que odie al señor Jesús Gómez Fregoso “por ser cura”. Lo que sí es cierto es que ahora lo detesto por ser como es… más “fregoso” que Gómez.