De paso

Estamos jodidos

Supongamos que ningún gobernante (excepto, tal vez, Calígula, el tercer emperador romano) “se levanta pensando en cómo joder a su país” o a su imperio. Se descarta que joder no tiene una intención sexual, aunque en el mandato de Calígula sí la tuvo. La idea central, esbozada por Peña Nieto hace poco, es que no hay gobernante que, al despertar del sueño conciba un plan y se levante  para “destrozar, arruinar o echar a perder algo” (una acepción del término joder del Diccionario de la RAE). El jefe del Ejecutivo tiene razón. No obstante, sin concebirlo, e incluso sin quererlo, sus acciones y sus decisiones pueden joder al país. Es un efecto indirecto, no esperado. Es una consecuencia de un hecho, no bien calculado. Pero “sin querer queriendo” la joda se consumó. En ese sentido sí se podría afirmar que, como país, estamos jodidos, tanto por esta administración presidencial actual como por las que la antecedieron.

Joder es no resolver problemas. ¿Cuántos se han acumulado durante este sexenio que no han sido resueltos o han sido disipados a medias?: Ayotzinapa, Tlatlaya, la casa blanca, el predial de departamento de Miami, etcétera. Un gobernante no se levanta pensando en cómo joder su credibilidad, menos su popularidad. Por el contrario, se despertaría buscando las fórmulas para  incrementarlas, para no enfrentar problemas en cuanto a la legitimidad de las decisiones que tome. Sin embargo, estamos ante un gobierno con un escaso margen de aprobación y, a la par, con un pequeño margen de legitimidad: pocos creen lo que desde las alturas políticas se dice. Y eso no fue la idea al amanecer de un día. Eso fue la consecuencia de las decisiones que, sin querer, jodieron la imagen del gobierno y el repudio de una sociedad que ha perdido la credibilidad de sus gobernantes.

Joder es nombrar a un secretario de la Función Pública (Virgilio) para fabricar verdades. Joder es traer a Trump aunque nos miente la madre. Que la invitación, nos cuentan, fue para explicarle que en México no hay violadores ni narcotraficantes. Puede caber la duda que, esa invitación, haya sido con la mejor intención del mundo. Pero que nos jodimos, nos jodimos. Esperemos al día de mañana si Trump sale triunfador. No solo se jodió el mundo, sino que los mayores jodidos seremos nosotros. Pero eso no fue la consecuencia de levantarse y decir ¿qué voy a hacer para beneficiar a México? Por el contrario, fue una decisión, entre otras, que jodió y, sobre todo, exacerbó al ánimo de la sociedad. El enemigo público número uno de México no es un extranjero, con dudosos antecedentes, que lo invitaron y nos jodió.

Podría haber más ejemplos. Con estos, sin embargo, puede concluirse que estamos jodidos, aunque no haya sido la intención del Presidente.

jreyna@colmex.mx