De paso

El titubeante gobierno capitalino

Hay que apoyar las medidas para combatir la contaminación, pero sobre normas bien definidas y estructuradas. Es necesario menos titubeos y más autoridad del gobierno capitalino, mayor precisión en las acciones.

Si algo distingue al jefe de Gobierno capitalino es su actitud titubeante y es probable que el equipo de trabajo de Miguel Ángel Mancera no tenga la calificación profesional suficiente para asesorarlo en la toma de decisiones. Hace 18 meses, la expectativa que se forjó en torno a su figura fue muy alta: un excelente desempeño era lo esperado. Sin embargo, al correr del tiempo dicha expectativa se diluye. El endurecimiento del programa Hoy no Circula tuvo que ser corregido, para no decir parchado menos de una semana después de ser anunciado: mal indicador.

Lo mismo le ocurrió con la campaña “No le des la espalda, dale pecho”, cuya publicidad generó críticas de diversos sectores porque descansaba en imágenes que se asociaban más con el erotismo que con la instrumentación del objetivo del programa. Qué decir de la ley seca que se decretó en varias delegaciones de la ciudad durante la Semana Santa pasada, que de haberse aplicado hubiera significado pérdidas importantes para los comerciantes del ramo turístico, así como bares y restaurantes. En los tres casos se rectificó: se puede afirmar que el gobierno capitalino tarda más en proponer que en recular: titubea.

En relación con el endurecimiento del programa Hoy no Circula, nadie podría estar en desacuerdo con que es más que necesario, en aras de proteger la salud de los habitantes del Valle de México y los estados aledaños. No obstante, si bien el fin es plausible, los medios escogidos no son los más apropiados. Su diseño favorece a los que más tienen en detrimento de los habitantes con menores recursos. Ese no debe ser el criterio que rija al nuevo programa; habría que encontrar un mecanismo que compense esa diferenciación. Lo que sí es inobjetable es evitar que circulen los vehículos más contaminantes. El nuevo programa falla en este aspecto.

Un auto viejo, esto es de 15 años o más de antigüedad, no tiene la tecnología de los vehículos actuales y sin duda contamina más la insalubre atmósfera en la que estamos sumidos. En esta lógica, habría que aplicar el “no circula” a los llamados autos clásicos, así como a aquellos vehículos cuyos dueños, por alguna discapacidad, se les permite circular sin importar qué tanto contamine su unidad.

El Hoy no Circula tiene que sancionar y ser implacablemente riguroso con los vehículos contaminantes. Ahí está el caso de los autos chatarra importados de Estados Unidos que circulan a lo largo y ancho del país. El gobierno capitalino tendría que acordar con la autoridad federal para frenar la inmensa importación de esa basura. Tiene que supervisar a los centros de verificación que, a veces, otorgan el holograma mediante alguna dádiva. Tiene que hacer valer el reglamento de tránsito que permite estacionamientos callejeros hasta en triple fila.

Los elementos contaminantes son consecuencia también del descuido de la autoridad. Cuantos lugares de la Ciudad de México y otras de la megalópolis padecen del caos vial por no habilitar a un policía que aligere (organice) la circulación. Suele suceder que hay tramos de 100 metros en los que uno puede tardar en cruzarlos más de 15 minutos. La desfachatez de los conductores de camiones de carga que circulan por los carriles centrales en avenidas exclusivas para los autos y que no solo dejan una estela de diésel, sino que aletargan el flujo vehicular. Los microbuses y autobuses que se paran en doble y triple fila ocasionando embudos que son poderosa fuente de contaminación: se tolera el desorden. Y la policía, comiendo tacos a un lado del paradero correspondiente.

La preferencia de muchos sería utilizar el transporte público en tanto que éste ofrezca un mínimo de calidad. En la capital y los estados aledaños no existe un servicio más o menos decoroso; por tanto, hay que usar el viejo vocho. Además, habría que retirar de la circulación al obsoleto parque vehicular de autobuses y microbuses, verdaderas bombas contaminantes.

El Hoy no Circula tiene que ser un programa integral y no un conjunto de medidas incoherentes que provocan el malestar de la ciudadanía. Sin duda hay que apoyar las medidas para combatir la contaminación, pero sobre normas bien definidas y estructuradas y no sobre decisiones que en vez de solucionar un problema, lo agravan. Es necesario menos titubeos y más autoridad del gobierno capitalino (y de los estados aledaños); mayor precisión en las acciones que se emprendan para empezar a resolver el problema del ambiente. Por ahora, todo es un desastre.

jreyna@colmex.mx