De paso

Los talones de Aquiles del PRI

En resumen: abstencionismo y pluralidad política son dos de los principales adversarios del Revolucionario Institucional.

Con base en evidencia empírica puede afirmarse que el PRI tiene, al menos, dos debilidades: competir en medio de una participación electoral abundante y su incapacidad relativa para convencer en zonas relativamente desarrolladas: sus talones de Aquiles. En otras palabras: el abstencionismo es un aliado del hoy partido en el gobierno y la pobreza, el analfabetismo y la ruralidad son factores que se asocian con un voto favorable para el vetusto partido. En las épocas del esplendor autoritario (1940-1988), el PRI solía obtener victorias presidenciales con 90 por ciento de los votos. Sirvan de ejemplo, entre otras, las elecciones de 1946 (Miguel Alemán), 1964 (Díaz Ordaz) y 1970 (Luis Echeverría). En esa época, hubo una excepción que escapó a la regla del 90 por ciento: la de Ruiz Cortines (1952). Ganó la Presidencia con 74 por ciento del sufragio: uno de cada tres mexicanos se alineó con los partidos de oposición, en especial con aquel (FPP) que encabezó Miguel Henríquez Guzmán.

Puede argumentarse en contra que la elección federal que atrajo al mayor número de votantes hasta el día de hoy fue la de 1994: 75 por ciento de los empadronados acudió a las urnas y fue ganada por el PRI. El triunfador, Ernesto Zedillo, obtuvo 48.6 por ciento del sufragio: el primer Presidente priista que triunfó con menos de la mitad de la votación.

Cabe decir que la de 1994 fue una elección atípica, ya que el país se encontraba sumergido en una crisis de enormes proporciones: un alzamiento guerrillero (EZLN) y el asesinato de un candidato presidencial (Colosio). En aras de la información, vale decir que Enrique Peña Nieto es el jefe del Ejecutivo emanado del PRI que ha alcanzado esa posición con menos del 40 por ciento del voto: el más bajo en la historia de ese partido.

El talón de Aquiles del PRI se refleja claramente en la Ciudad de México. Puede afirmarse que los opositores José Vasconcelos (1929) y Henríquez Guzmán (1952) obtuvieron en la Ciudad de México su mayor apoyo. Desde que los capitalinos tenemos la facultad de elegir a nuestro jefe de Gobierno, el PRI nunca ha podido atraer al electorado de la capital. Cuauhtémoc Cárdenas se impuso en 1997 al priista Alfredo del Mazo. En la elección del año 2000, López Obrador le ganó a Jesús Silva Herzog (PRI), quien quedó a más de 10 puntos porcentuales abajo del ganador.

En 2006, Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera (2012) superaron a la candidata priista Beatriz Paredes (dos veces candidata) por un amplio margen. Al considerar las 16 delegaciones del Distrito Federal, solo una es del PRI: urbanización, educación y participación electoral explican uno de los talones de Aquiles del priismo. Baja California (1989), una entidad con un desarrollo importante, fue la primera gubernatura que le arrebataron al PRI. Sirva este contexto para hacer una referencia a las elecciones que tuvieron lugar el 6 de julio pasado en los estados de Nayarit y Coahuila. De éstas pueden extraerse algunos avisos que pueden ser indicativos para el intenso año electoral que se avecina. Sus gobernadores son de extracción priista. Sin embargo, los resultados obtenidos por el PRI, no son del todo favorables pese a que la victoria electoral estuvo de su lado.

En efecto, el PRI ganó la mayoría de las elecciones municipales (15 de 20) pero perdió la capital del estado: Tepic. En esta ciudad se encuentra más de la mitad del padrón electoral. La participación de la ciudadanía alcanzó casi 60 por ciento del padrón. En Tepic, el PAN hizo alianza con el PRD y obtuvo una ventaja de más de 16 puntos porcentuales. Esto es, el PRI pierde en zonas urbanas en una situación de participación ciudadana significativa. Puede deslizarse la hipótesis que este partido tiene un mejor desempeño, como en los viejos tiempos, en aquellos lugares que se caracterizan por ser más rurales, más pobres y donde es más fácil la manipulación de los votantes. Por eso es tan importante la función de la Sedesol.

En Coahuila, el PRI arrasó en los 16 distritos (renovación del Congreso local). Siendo un estado donde algunos de sus gobernantes han sido protagonistas de algunos actos presuntamente ilícitos, el PRI se alzó con el carrocompleto: ganó todos los distritos en disputa. Sin embargo, no puede perderse de vista que en esa entidad solo votó 40 por ciento de los ciudadanos empadronados. Confirmaría que una abstención importante es un factor que contribuye, de manera significativa, en los triunfos priistas. En resumen: abstencionismo y pluralidad política son dos talones de Aquiles del PRI. Estos son dos de sus principales adversarios.

jreyna@colmex.mx